Richard Norris es un joven estadounidense que en 1997 vio cómo su vida se desmoronaba en un segundo tras sufrir un terrible accidente doméstico con un arma de fuego. El disparo le destrozó por completo la mandíbula, los labios y la nariz, dejándolo desfigurado y condenándolo a un calvario que se extendió durante 15 años. Sin embargo, la historia terminó con final feliz.
Gatilló un arma por error, perdió su rostro y los médicos le devolvieron la sonrisa 15 años después
Los cirujanos trabajaron durante 36 horas consecutivas para conectar músculos, vasos sanguíneos y una compleja red de nervios. Los detalles de la historia

Preso de la vergüenza y el dolor, este hombre solo salía a la calle de noche.
Durante todo ese tiempo, el hombre optó por recluirse. Preso de la vergüenza y del dolor, salía a la calle únicamente de noche, ocultándose detrás de una máscara y de prótesis que apenas lograban disimular las secuelas de aquella trágica jornada. Su interacción con el mundo se redujo al mínimo, hasta que una compleja intervención médica le dio una segunda oportunidad.
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36 horas en el quirófano: el milagro del trasplante completo
El cambio definitivo llegó en marzo de 2012 en el Centro Médico de la Universidad de Maryland. Un equipo compuesto por un centenar de profesionales médicos, liderados por el reconocido cirujano plástico Eduardo Rodríguez, asumió el desafío de llevar a cabo el mayor trasplante de rostro de la historia.
La intervención no solo buscaba una mejora estética, sino devolverle al paciente funciones vitales básicas que había perdido. Fue una operación a contrarreloj y de una precisión milimétrica. En concreto, los cirujanos trabajaron durante 36 horas consecutivas para conectar músculos, vasos sanguíneos y una compleja red de nervios.
A Norris se le trasplantó una nueva lengua (esencial para volver a hablar y comer), se alineó su dentadura y se le dio una nueva estructura ósea facial. De esta manera, este se convirtió en el primer paciente de Estados Unidos en recibir un trasplante de rostro completo conservando la vista exitosamente.
A los pocos días de la cirugía, el paciente ya manifestaba sensibilidad, podía cepillarse los dientes y comenzaba a mover la lengua. Más allá de recuperar sus facciones, la medicina le devolvió a este hombre la posibilidad de volver a mirarse al espejo sin esconderse de sí mismo.
Los riesgos de una cirugía de este tipo
Dicha evolución del paciente sorprendió a los especialistas, sobre todo porque, en este tipo de operaciones, pueden darse los siguientes inconvenientes:
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Rechazo inmunológico: el cuerpo ataca el nuevo tejido, lo que puede causar desde inflamaciones severas hasta la pérdida total del rostro con los años.
Inmunosupresión de por vida: los fármacos para evitar el rechazo bajan las defensas, elevando el riesgo de infecciones mortales, insuficiencia renal y cáncer.
Fallas vasculares y nerviosas: si las micro-suturas fallan o los nervios no sanan, el tejido puede morir de inmediato o quedar con parálisis facial permanente.