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Caso emblemático

El clamor de una madre: "Estamos al límite y voy a actuar de cualquier manera"

Editado por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.com.ar

Agosto de 2006. En una casa de barrio, en Luján.

Ana Rosa mira a su hija Claudia y comprende que algo no anda bien. Durante los últimos días la ha visto comer poco y nada. También la nota decaída. Sin ánimo de ir a la escuela ni de jugar. Entonces decide llevarla al médico.

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En el Hospital Militar las conocen muy bien porque madre e hija son pacientes regulares que utilizan los servicios de la obra social de las Fuerzas Armadas, adonde pertenecía el jefe de la familia, ya fallecido.

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En el centro sanitario situado en la avenida Boulogne Sur Mer, cerca de la cárcel, saben perfectamente dos cosas: que Claudia tiene 25 años pero que vive y se comporta como una niña de cinco años por una serie de cuadros médicos que ameritan gran dedicación: oligofrenia y un sindrome de Lennox-Gastaut (LGS) que le provoca convulsiones frecuentes, discapacidad intelectual y problemas de conducta.

Sin embargo, Claudia está desganada, ya no quiere pisar la escuela y come poco y nada por otra razón: está embarazada, revela serie de chequeos. De once semanas de gestación, precisan. Entonces, a Ana Rosa el mundo se le viene encima porque no hay otra opción posible: su hija Claudia ha sido violada.

Un largo camino

Cuando Ana Rosa Gazzoli (68) subió al remís junto a su hija Claudia Araujo comenzaron a transitar mucho más que el camino de retorno a la casa familiar, cerca del Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú Casa de Fader.

Sin imaginar lo que vendría, ambas estaban iniciando un larguísimo derrotero que incluiría reuniones con abogados y con médicos pero también con autoridades sanitarias de aquella Mendoza por entonces gobernada por Julio Cobos.

La lista seguiría: entrevistas con periodistas locales y porteños; un viaje a Buenos Aires para ser reporteada por Nelson Castro y colegas de Canal 13 y hasta recibir en su propia casa a Jorge Lanata para Página/12 y su entonces productora periodística Luciana Geuna (hoy figura de TN y Canal 13).

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El objetivo de todos esos esfuerzos era uno: que el mundo supiera que en Mendoza le negaban el aborto terapéutico para su hija Claudia, práctica médica no sancionada por la ley penal porque el caso reunía todas las condiciones: el embarazo había sido producto de una violación y Claudia era una persona mentalmente disminuída.

Y más aun: no había garantías de supervivencia para Claudia ni para esa vida que se estaba gestando en su vientre. La ley y la medicina estaban de acuerdo pero solo en la teoría porque en la práctica había muchos obstáculos.

"Claudia no sabe lo que le pasa. Lo único que sabe es que le duele la cabeza, le duele su pancita, y no sabemos cómo actuar, porque no entiende, no se le puede decir qué le pasó" "Claudia no sabe lo que le pasa. Lo único que sabe es que le duele la cabeza, le duele su pancita, y no sabemos cómo actuar, porque no entiende, no se le puede decir qué le pasó"

"¿Cómo le explico cuando le crezca su pancita, y todo eso, lo que le está pasando? Nadie entiende esta situación" "¿Cómo le explico cuando le crezca su pancita, y todo eso, lo que le está pasando? Nadie entiende esta situación"

Ana Rosa Gazzoli

En el Hospital Militar les negaron el aborto terapéutico. Objeción de conciencia, les contestaron como respuesta al argumento de que ningún médico sería imputado porque la ley lo garantizaba. Pero había presiones que podían más. Y como consecuencia de las presiones, hubo objeción de conciencia y abandono. Entonces Gazzoli debió acudir a la Justicia.

El abogado Lucas Lecour (hoy titular de la ONG Xumek) fue la cabeza visible de un equipo que respaldó a Gazzoli y a Claudia hasta el final. En los tribunales. Ante la opinión pública. Frente a las cámaras.

Primer resultado concreto: el juez Germán Ferrer, titular del Primer Juzgdo de Familia, resolvió, como respuesta al planteo judicial de Gazzoli, que no era necesaria ninguna autorización judicial para que Claudia Araujo fuera sometida a esa cirugía.

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Y que la decisión de practicarla -o no- corría por cuenta de los médicos del Hospital Militar o de centros sanitarios estatales. Conclusión: nada impedía hacer el aborto terapéutico a Claudia Araujo.

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Sin embargo, grupos ultracatólicos hicieron todo lo posible para que ningún médico se atreviera a practicarlo.

El clima social se ensombreció rápidamente y se partió en dos. Unos estaban a favor, otros en contra. Puertas adentro del ámbito de la salud dijeron haber recibido amenazas. Intimidaciones varias y de todo calibre, más allá de que públicamente las consignas instaban a proteger la vida del bebé por nacer y hasta le ofrecían a Gazzoli y a Claudia Araujo hacerse cargo o ayudarlas en la crianza. Hasta amenazas de bomba hubo.

Incluso se manifestaron pública y severamente frente al domicilio de Cobos, por entonces en la Quinta Sección. Y hasta le arrancaron la personalísima confesión de que estaba en contra del aborto.

"Estamos sobre el límite. Yo voy a actuar de cualquier manera, con o sin autorización, pero yo quiero hacer las cosas legalmente" "Estamos sobre el límite. Yo voy a actuar de cualquier manera, con o sin autorización, pero yo quiero hacer las cosas legalmente"

Ana Rosa Gazzoli

Al mismo tiempo, la ONG VITAM de raíz católica se presentó en los tribunales para bloquear la vía que el juez Ferrer había declarado expedita en favor del aborto terapéutico por no estar penalizado, en el caso específico de Claudia.

Después, VITAM obtendría la respuesta que buscaba en un barrio Cívico desolado y en día y horario inusuales para la Justicia Civil: los jueces Teresa Varela de Roura, Horacio Gianella y Gladys Marsala, de la Segunda Cámara Civil de Apelaciones, decidieron, el domingo 20, por la tarde, "no innovar".

Es decir, que nada debía hacerse con Claudia Araujo hasta que, a futuro, sin fecha límite a la vista, se resolvieran su caso y el pedido.

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Algunos interpretaron que esta decisión solo apuntaba a que el embarazo avanzara y ya no pudiera ser detenido obligando a Claudia a dar a luz.

En el Lagomaggiore

El subsecretario Armando Caletti (Salud), a quien le reclamaban el cumplimiento del protocolo de aborto terapéutico, se encargó de organizar el operativo: finalmente Claudia Araujo sería operada en el Lagomaggiore, epicentro de mayores quejas y protestas de quienes se oponían al aborto.

Pero la realidad volvió a castigar a Ana Rosa, a la hija y a los abogados porque cuando llegaron al hospital público aquel lunes, bien temprano, los recibieron mostrándoles el tan mentado y súbito fallo de la Segunda Cámara Civil de "no innovar" firmado el domingo al anochecer. Acá no podemos hacer nada por orden de la Justicia, les dijeron.

Cuando la Corte dijo sí

No se podía esperar más, decidieron los abogados. Entonces hicieron una movida jurídica arriesgada: acudieron en apelación directamente a la Suprema Corte de Justicia "saltando" por sobre la Cámara de Apelaciones Civil que debiera intervenir entre la Segunda Cámara y Gazzoli. Técnicamente, la acción se denomina "per saltum". Y el planteo, una acción de amparo, debía resolverse de forma expedita. Ya mismo.

En menos de 24 horas, la Sala I de la Suprema Corte de Mendoza decidió, con los votos de los jueces Aída Kemelmajer de Carlucci y Fernando Romano, dejar sin efecto el "no innovar" de la Cámara Civil y validar la decisión del juez Ferrer.

Conclusión: dentro del sistema judicial de Mendoza ya nada podía impedir que a Claudia Araujo se le practicara el aborto terapéutico.

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El miércoles 23 de agosto de 2006 en horas de la noche Claudia Araujo fue sometida al aborto terapéutico en el Lagomaggiore luego de una dura batalla familiar en la Justicia y a nivel social y religioso.

Al mismo tiempo, con la extracción del feto, comenzaba otra etapa no menos compleja: la investigación judicial para dar con el autor del delito de violación en contra de aquella niña de cinco años con cuerpo de mujer de 25.

"Quiero llegar a tener una muestra de ADN para tratar de descubrir quién ha sido" "Quiero llegar a tener una muestra de ADN para tratar de descubrir quién ha sido"

Ana Rosa Gazzoli

"El monstruo está en casa"

La pesquisa penal estuvo a cargo del fiscal Hernán Ríos Ruiz, que ordenó practicar un peritaje de ADN sobre el feto para comparar el resultado con la composición genética de los sospechosos.

Una rápida ronda de averiguaciones puso en la mira a dos varones con los que Claudia Araujo compartía algunos momentos del día en el ámbito escolar. Pero alguien hizo un aporte distinto y definitivo. "Busquen en la casa de Claudia", retumbó en la cabeza del fiscal.

¿Qué hombres frecuentaban la casa? Ana Rosa Gazzoli era viuda y Claudia no tenía padre.

¿Algún vecino? ¿O algún amigo de la familia? Mucho más que eso: la pareja de un familiar directo de la víctima. El novio de una hermana de Claudia.

Julio Estrella fue detenido bajo una fuerte sospecha. El estudio de ADN fue rápido y determinante: él había violado a Claudia Araujo.

El hombre, oriundo del Valle de Uco, fue imputado, juzgado y condenado: en 2007, la Primera Cámara del Crimen, integrada por los jueces Víctor Hugo Comeglio, Julio Carrizo y Lilia Vila, le impuso la pena de 10 años de prisión por haber violado a Claudia, a quien tenía el deber de resguardar porque su condición de débil mental la hacía más vulnerable.

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En mayo de 2012, el entonces legislador Daniel Cassia denunció que la Cámara de Apelaciones de Mendoza (integrada por Luis Correa Llano, Ramiro Salinas y Alejandro Miguel) había permitido que el violador de Claudia Araujo accediera al beneficio de las salidas transistorias, contradiciendo la opinión negativa de otros jueces y especialistas enrolados en el Organismo Técnico Criminológico.

Había un motivo adicional y actual: Estrella compartía con menores de edad varias de esas horas fuera de la prisión.

En 2015 se le concedió la libertad condicional: "Cumplió con un tratamiento psicológico y psiquiátrico realizado por especialistas de la Dirección General del Servicio Penitenciario. Sigue sometido a proceso, pero en libertad. Si no cumple con todo, vuelve al penal", dijo entonces jueza del penal Mariana Gardey.

Y final

Ana Rosa Gazzoli murió en julio del año 2011 a los 73 años.

Julio Estrella cumplió la condena totalmente y recuperó la libertad el 15 de noviembre de 2016.

Claudia Araujo vive y está a cargo y al cuidado del menor de sus hermanos. Tiene casi 40 años pero vive en su propio universo, solo equiparable con el de una niña de 5 años.

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