No hace falta que llueva para que el antojo aparezca, aunque el cielo nublado siempre es la excusa perfecta. Las sopaipillas, o tortas fritas como muchos las llaman, son un verdadero patrimonio cultural de nuestras tardes y se hacen con una receta de simples ingredientes.
Cómo hacer sopaipillas caseras: la receta de las tortas fritas con pocos ingredientes y en minutos
En época donde el frío está presente, hacer la receta de sopaipillas caseras se presta más que nunca

La receta de sopaipillas es fácil de hacer y son perfectas para los días fríos.
Compañeras inseparables de un buen mate, las sopaipillas representan la excusa ideal para reunir a la familia alrededor de la mesa.
Aunque la receta parezca sencilla, todo el mundo sabe que cada hogar tiene su librito. ¿Grasa o aceite? ¿Con o sin levadura? Hoy traemos la receta tradicional, aquella que no falla y que perfuma toda la casa en cuestión de minutos.
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Receta de sopaipillas caseras, ingredientes
Para preparar una docena de sopaipillas de buen tamaño, vas a necesitar elementos muy simples que seguramente ya tenés en la alacena:
- Harina de trigo (000 o 0000): 500 gramos.
- Grasa bovina (de pella): 2 cucharadas soperas bien colmadas (derretidas para la masa). También necesitarás cantidad necesaria para freír (se puede reemplazar por aceite de girasol, aunque la grasa le da el toque tradicional).
- Agua tibia: 250 ml (aproximadamente una taza).
- Sal gruesa o fina: 1 cucharadita (idealmente para hacer una salmuera).
- Polvo para hornear (opcional): 1 cucharadita, si te gustan un poco más esponjosas y menos chatitas.
Receta de sopaipillas caseras, paso a paso
- La salmuera: en un jarrito, disolvé la sal en el agua tibia. Este es un secreto fundamental para que la masa quede sazonada de manera pareja.
- El volcán: sobre la mesada bien limpia o en un bol grande, colocá la harina (mezclada con el polvo de hornear, si decidiste usarlo). Hacé un hueco en el centro formando una especie de corona o volcán.
- La unión: en el centro del volcán, agregá la grasa derretida (que no esté hirviendo, solo tibia). Empezá a integrar lentamente mientras vertés la salmuera de a poco.
- El amasado: aquí está la magia. Amasá con energía durante unos 10 minutos hasta obtener un bollo liso, suave y que no se pegue en las manos.
- El reposo: tapá la masa con un repasador limpio y dejala descansar a temperatura ambiente por unos 20 a 30 minutos. Esto relaja el gluten y facilita el estirado.
- El armado: cortá pequeños bollitos del tamaño de una nuez grande. Estiralos con palote (o con la mano, a lo paisano) hasta que tengan un grosor de medio centímetro.
- El detalle final: ¡No te olvides del ombligo! Hacé un corte o un huequito en el centro de cada sopaipilla. Esto evita que se inflen como globos al freírlas y asegura una cocción pareja.
A la sartén: los secretos de la receta
El momento de la cocción es crítico. Podés freírlas en abundante aceite de girasol, pero si querés el verdadero sabor, la grasa de pella es insuperable.
El secreto del chef de la receta
La materia grasa debe estar bien caliente, pero sin llegar a humear. Para probar la temperatura, tirá un pedacito de masa; si sube rápido y hace burbujas, está lista.
Freí las sopaipillas de a una o dos por vez para no bajar la temperatura del aceite. Vuelta y vuelta hasta que estén doradas. Al sacarlas, colocalas sobre papel absorbente y, si sos del bando de los golosos, espolvorealas inmediatamente con azúcar blanca para que se adhiera con el calor.
Solo queda poner la pava, preparar el mate y disfrutar de este manjar con acento local. ¡Buen provecho!