Cómo hacer fideos caseros con mucho queso: la receta con un tuco especial para comer en familia

La receta de fideos caseros es muy elaborada en Argentina, sobre todo cuando los días se vuelven bastantes frescos

Hay aromas que tienen el poder de transportarnos directamente a la infancia, a la casa de la abuela un domingo al mediodía o a esas cenas de invierno donde el frío se combate con un buen plato humeante. En esa sintonía, la receta de fideos caseros con queso es el mejor ejemplo.

El olor a cebolla dorándose y a tomate reduciéndose a fuego lento como un buen tuco es, sin duda, uno de los ingredientes que más identidad le da a esta receta.

Los fideos caseros con tuco son patrimonio nacional. Pero no hablamos de cualquier plato de fideos caseros: hablamos de esa versión casera, con trozos de carne tierna que se deshacen en la boca, una salsa con cuerpo y, por supuesto, el detalle que divide a los aficionados de los verdaderos apasionados: mucho queso rallado.

A continuación, la receta definitiva para ganarse el aplauso de toda la mesa.

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Receta de fideos caseros con tuco y mucho queso, ingredientes

Para el tuco:

  • 500 g de carne: puede ser roast beef, paleta, tortuguita o cuadril (cortes ideales para cocciones largas).
  • 2 cebollas grandes: picadas bien finas.
  • 1 pimiento morrón rojo: picado en cubitos.
  • 3 dientes de ajo:
  • 1 botella (o caja) de puré de tomates: de buena calidad (aprox. 500 cc).
  • 1 chorrito de vino tinto: Para desglasar (¡si es un buen Malbec mendocino, mucho mejor!).
  • Condimentos: sal, pimienta negra, pimentón dulce, ají molido, orégano y un par de hojas de laurel.
  • Aceite de oliva o girasol: cantidad necesaria.

Para los fideos caseros y el gran final:

  • 500 g de fideos caseros. Es opcional no cocinar fideos caseros y utilizar tallarines, mostacholes, moñitos o tirabuzones. Los que prefiera la familia.
  • El queso (la estrella): 200 g (o más) de queso duro para rallar. Un buen Sardo, Reggianito o Parmesano. El secreto: rallarlo en el momento para que los aceites y aromas estén al máximo.
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Receta de fideos caseros con tuco y mucho queso, ingredientes

  1. El sellado de la carne: en una olla grande (si es de fondo grueso o de hierro, mejor), colocar un chorro de aceite y llevar a fuego fuerte. Cortar la carne en cubos medianos y dorarla por todos sus lados. Este paso es fundamental para encapsular los jugos. Una vez dorada, retirarla y reservarla en un plato.
  2. El alma del tuco: el sofrito: en esa misma olla, bajando un poco el fuego y aprovechando el fondo de cocción que dejó la carne, agregar la cebolla y el pimiento. Cocinar hasta que la cebolla esté transparente. Faltando un minuto, sumar el ajo (para que no se queme ni amargue).
  3. Desglasar y condimentar: subir el fuego un momento y echar el chorrito de vino tinto. Con una cuchara de madera, raspar suavemente el fondo de la olla. Dejar que el alcohol se evapore por un par de minutos. Volver a incorporar la carne con los jugos que haya soltado en el plato. Condimentar con sal, pimienta, el pimentón, el ají molido y las hojas de laurel.
  4. La cocción a fuego lento: agregar el puré de tomates y media taza de agua o caldo caliente. Tapar la olla a medias, bajar el fuego al mínimo y dejar cocinar ("perejilear") por al menos una hora y media. Revolver de vez en cuando. La salsa debe reducirse, oscurecerse y la carne tiene que quedar tan tierna que se corte con cuchara.
  5. La pasta al dente: en una olla aparte, hervir abundante agua con un puñado de sal gruesa. Cocinar los fideos caseros siguiendo las instrucciones del paquete hasta que estén "al dente". Colarlos, pero sin enjuagarlos (el almidón ayuda a que la salsa se adhiera mejor).
  6. El emplatado y la "avalancha" de queso: servir una buena porción de fideos caseros en un plato hondo. Bañar generosamente con el tuco, asegurando un par de buenos trozos de carne por comensal. Y ahora, el golpe de gracia: llover el plato con una cantidad abundante de queso rallado.
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El consejo para la receta: no tengas miedo de exagerar con el queso. El contraste entre la acidez suave del tomate, lo dulce de la cebolla, lo sabroso de la carne y ese golpe salado y fundente del queso, es simplemente la perfección.