Insigne, nacido justamente en Nápoles hace 29 años, corrió antes del encuentro desde la mitad de la cancha hasta una de las graderías laterales del estadio San Paolo, que próximamente pasará a llamarse Diego Armando Maradona y donde estaba una gigantografía del "Diez" y depositó debajo de la misma un enorme ramo de flores amarillas y blancas.
Posteriormente regreso a la mitad de la cancha y luego de que los futbolistas se formaran en círculo para brindarle un minuto de silencio a esa imagen y a otra, ubicada a igual tamaño en las gradas de enfrente con la palabra mezclada con números AD1OS, también de fondo amarillo y letras negras, colocó al borde el círculo central la camiseta con la que después celebraría su primer tanto.
Toda la circunferencia del círculo central también estaba ocupada con la misma imagen de Diego que aparecía en las tribunas, vistiendo una camiseta azulada de Napoli.
Le lesión que padece Javier Pastore, que con su buen trato de pelota supo hacerle honor también a la camiseta argentina, impidió que estuviera presente en la Roma y por lo tanto ningún compatriota de Diego participó de este partido histórico, ni siquiera como suplente.
La que tampoco estuvo en los dorsales de ningún jugador del equipo local fue la camiseta número 10, que según se empezó a manejar con más fuerza hoy en las entrañas del San Paolo que vive sus últimos días con tal denominación, desaparecería definitivamente de los equipos napolitanos justamente en homenaje a Maradona. Mientras afuera, en las adyacencias, las ofrendas al "altar de Dios" se seguían multiplicando. Todo por Diego.