Nuestro Gimnasia y Esgrima tenía un dura prueba que rendir ante su gente, que le hace el aguante incondicional, está cada vez más ilusionada con la revancha del año pasado y otra final. El escollo: el "otro" Gimnasia, el de Jujuy, que le había ganado en la Tacita de Plata y escapado un punto arriba en la tabla.
Ya con la pelota en juego, la mayor parte del tiempo la hinchada vivió el trámite como si viera una película de suspenso, un thriller al más puro estilo del maestro Alfred Hitchcock o David Lynch.
Hubo fricción, lucha en el mediocampo, pocas jugadas de real peligro, y cuando llegaron para el dueño de casa, el ritmo de la banda Los Famosos 33 pasaba del hipnótico No me arrepiento este amor, versión Gilda, a una rítmica versión del Todavía cantamos, que hubiera puesto en apuros al benemérito Víctor Heredia al micrófono, pero que los locales acompañaban cantando u haciendo palmas ilusionados.
¿El overol o el traje de luces para el Lobo mendocino?
Este partido entre los Lobos, el anfitrión mendocino y el ajustado puntero jujeño era la prueba de fuego para ambos, para saber "para que están". En caso de fracaso como candidato a la final, el overol del que deberá seguir luchando y mejorando desde el Reducido; o el smocking para dirimir el Ascenso con el ganador de la Zona A.
Los Mensanas fueron cautamente más ambiciosos -sin regalar nada-, y generaron buenas llegadas que buscaron con insistencia a Brian Ferreyra. Cerca del final del primer tiempo los de Broggi apretaron el acelerador, y se repitieron las chances de pelota parada, donde el área jujeña se transformó en el "octágono del MMA", ante la mirada pasiva del árbitro Bryan Gustavo Ferreyra, que dejó pegar bastante, pero a ambos bandos.
Finalizados los primeros 45 minutos, en la tribuna oficial aparecieron miles de globos blanquinegros, que acompañaron los cánticos y representaron como burbujas que son, las etéreas ilusiones de los asistentes. A la postre, fueron el talismán que trajo suerte.
La cosa se complicó para las aspiraciones locales pasados los primeros minutos del complemento, cuando la visita pensó que el negocio del empate era beneficioso, e incrementaron las caídas y supuestos calambres. Pero el Lobo mendocino no quiso conformarse, supo que se podía y así lo buscó.
Cuándo había pasado un minutos de los cinco adicionados, llegó a puro clarín de la caballería a salvar a la chica; el gol cinematográfico, agónico, de Imanol González. Y todo explotó en el Legrotaglie.
En conferencia de prensa, Ariel Broggi mostró cordura y equilibrio. No se dejó ganar por el triunfalismo ni el fanatismo. "Hay que ir partido a partido y no bajar la intensidad", le dijo a los periodistas y le bajó línea a sus jugadores. Pero ¿Quién se lo explica y le quita la ilusión a la hinchada, a los muchos más que 33?
