Terminamos un año entre el cielo y el infierno, como ha sido también para Godoy Cruz Antonio Tomba, un año que nos invitó a soñar en el final con algo consagratorio, con Independiente Rivadavia campeón de la Copa Argentina, con Gimnasia y Esgrima campeón de la Primera Nacional, pero nos faltaba la frutilla del postre y era que el Tomba se mantuviera en la máxima categoría.
En líneas generales ha sido el propio Godoy Cruz futbolísticamente el que se condenó a jugar la próxima temporada en la Primera Nacional porque ganó muy poco en este campeonato, porque no encontró identidad, porque los dirigentes se demoraron, y acá me voy a tener un instante, en tomar decisiones, pero claro es muy difícil tomar decisiones cuando hay un doble comando: Alejandro Chapini y José Mansur, dos figuras muy importantes en este Godoy Cruz que conocemos, hoy tienen dos miradas absolutamente distintas de la institución.
Me quiero quedar con la imagen de sentir que el fútbol mendocino, pese a este descenso de Godoy Cruz, se está recuperando porque cada vez veo en la calle más camisetas de Independiente, de Gimnasia, de Godoy Cruz, de San Martín, de Maipú o de Huracán Las Heras.
Es lo nuestro, lo que tenemos al alcance de la mano y por lo que siempre vamos a luchar.