Análisis y opinión

Walter Bento, la caída

Walter Bento declaró que siempre fue honesto y se comportó como tal: sin embargo, para el Tribunal que lo condenó a 18 años de cárcel fue un delincuente que aparentó ser un juez impoluto

Walter Bento (62) ha pasado a la historia: es el primer juez de Mendoza en ser declarado culpable y condenado a la cárcel por delitos de corrupción cometidos en el ejercicio de la función que le fue conferida por la ley: ser justo al tomar decisiones sobre la libertad y los bienes de las personas. En su caso, todo lo contrario: según la sentencia, desde su sillón de magistrado titular del Juzgado Federal 1 de Mendoza en los Tribunales Federales delinquió sostenidamente y se enriqueció notablemente durante 14 años.

La caída de Walter Bento y el estruendo eran inevitables. Los argumentos del Tribunal Oral Federal 2 al dictar sentencia y del Ministerio Público Fiscal en el doble rol de investigador y acusador habían sido lapidarios en las exposiciones previas.

Para este viernes sólo quedaba calcular el quantum de la pena, es decir la cantidad de años que Walter Bento pasaría en la prisión federal de Campo Cacheuta. Y saber cuántos años pasarían en la cárcel otros condenados como él: la esposa, Marta Boiza, Nahuel Bento -hijo de ambos-, así como también abogados y particulares.

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Walter Bento en la sala de debates sentado junto a Nahuel, uno de sus 3 hijos.

Walter Bento en la sala de debates sentado junto a Nahuel, uno de sus 3 hijos.

Cuando Walter Bento empezó a quedar en la historia

A Walter Bento, que también fue multado a pagar más de $500 millones, lo traté pocas veces en mi función de periodista especializado en asuntos y casos judiciales. Tres o cuatro apenas.

El último cara a cara fue en mayo de 2021, en el estudio de Gustavo Gazali -uno de sus abogados- cuando aceptó una entrevista para Diario UNO y argumentó que toda la investigación por entonces incipiente y que ahora terminó mandándolo a la cárcel era una "farsa orquestada por la Fiscalía" para despojarlo del sillón de juez federal penal con competencia electoral.

"Tengo con qué demostrar mi inocencia", anunció aquella vez en la salida de la pandemia. Claramente, después de un juicio penal que duró 2 años y medio, Walter Bento no logró convencer a nadie.

Tampoco lo había logrado en el ámbito político-judicial, que el 8 de noviembre de 2023 lo destituyó, en Buenos Aires, a raíz de la fortísima sospecha de corrupción judicial que ya había empezado a ser juzgada en Mendoza por el Tribunal Oral Federal 2.

Aquel día, Walter Bento había empezado a pasar a la historia: ya despojado de los fueros de magistrado, fue llevado a la prisión federal de Campo Cacheuta. Nunca antes un juez había sido puesto preso por corrupción. La foto de Walter Bento con las manos esposadas ingresando a la Policía Federal fue un hecho no sólo periodístico, sino un símbolo: una síntesis perfecta y un anticipo de la condena a la cárcel que finalmente se le dictó este viernes.

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Noviembre de 2023. Walter Bento, que ya era juzgado por delitos de corrupción, acaba de ser destituido y es detenido y esposado en el ingreso a la Policía Federal.

Noviembre de 2023. Walter Bento, que ya era juzgado por delitos de corrupción, acaba de ser destituido y es detenido y esposado en el ingreso a la Policía Federal.

Nada es lo que parece, también en la Justicia

Poco y nada en la vida es lo que parece. Y la vida despachos adentro en los Tribunales (nacionales y de provincias) no es la excepción por más que la grandilocuencia de los títulos y de la letra de los códigos y las leyes, incluso el secretismo que muchas veces suele practicarse, nos quieran hacer creer que en el argot judicial todo es claridad meridiana, armonía y justicia. Lejos de eso, hay personas. Y egos. Y disputas. Y competencia, a veces extrema. Y odios soterrados. Y favoritismos. Y amiguismos. Y varas de distintos tamaños. En fin, la condición humana al desnudo.

Pero que Walter Bento haya delinquido durante 14 años desde el sillón de juez del Juzgado Federal 1 de Mendoza vendiendo decisiones judiciales ilegítimas por dinero, éso ya es otra cosa. Gravísima. Y que esa conducta, por la que acaba de ser penalizado con 18 años de cárcel, se haya solidificado mediante una estructura que contemplaba algo así como un organigrama empresarial (con roles específicos), mete miedo.

El broche de oro fue otra estructura, también pergeñada por él, que funcionó en paralelo y que involucró a su propia familia, con el sólo objetivo de invertir en bienes muebles e inmuebles toda la recaudación. Para lavar la plata negra. "Para darle apariencia de legalidad", como dijo la Justicia, al origen del dinero en efectivo cobrado por las coimas. El decomiso de inmuebles y vehículos también recayó sobre su familia.

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Un momento del larguísimo juicio a Walter Bento, familiares, abogados y particulares por coimas y otros delitos penales.

Un momento del larguísimo juicio a Walter Bento, familiares, abogados y particulares por coimas y otros delitos penales.

No soy idealista y repito: nunca creí que los protagonistas del mundillo judicial fueran personas de conductas monacales. Pero debo admitirlo: los argumentos desplegados por la Fiscalía y del Tribunal para mandar a la cárcel a Walter Bento me hicieron correr un sudor frío por la espalda como si de una trama de ficción se tratara. ¿Todo esto pasó en Mendoza?

Es que de pronto, un ramillete de gravísimas conductas delictivas -generalmente atribuible a personas comunes- estaba recayendo sobre la persona de un hombre en su rol de juez. Claramente, según esos relatos, Walter Bento y los demás condenados habían cruzado durante varios años esa delgadísima y tentadora línea que separa a los inocentes de los culpables.

Los mismos gestos de siempre durante casi todo el juicio

Durante la etapa final del proceso, Walter Bento fue el mismo de siempre. Gestos serios y atildados de los pies a la cabeza, aún cuando desde noviembre de 2023 esté alojado en la cárcel federal y cada ida y vuelta suya hacia y desde el juicio fuera a bordo de vehículos policiales federales y con custodia. Aunque desde entonces tenga las manos esposadas como cualquier reo.

Lo observé detenidamente en el tramo decisivo. Las piernas cruzadas y la mirada clavada en el Tribunal de juezas que dictaría sentencia. Con la cabeza levemente inclinada hacia la derecha en señal de desdén cuando así lo sentía. Lo noté algo cansado cuando, con la voz cansada, dijo las penúltimas palabras. Pero siempre convencido de que la sentencia de este viernes no sería el fin de su historial criminal, sino un capítulo más ya que en Casación Penal, en Buenos Aires, se desarrollarán los próximos trazos de esta historia, abogados mediante.

Walter Bento se sabía condenado de antemano y acaso haya abrigado mínimas esperanzas respecto de sus hijos Nahuel y Luciano, de que salieran lo menos heridos posible. Él dirá que porque todo lo actuado en el expediente era una farsa urdida por la Fiscalía y que las decisiones condenatorias del Tribunal fueron consecuencia de un proceso inconstitucional donde le violentaron derechos y garantías. También en estas lides, el ejercicio del periodismo me enseñó que cada uno dice su propia verdad.

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Walter Bento y los demás imputados en pleno juicio.

Walter Bento y los demás imputados en pleno juicio.

Walter Bento, culpable

Sólo una vez vi a un Walter Bento distinto. Inquieto y con indicios de furia. Fue el martes, cuando el Tribunal Oral Federal lo condenó por una batería de delitos. Las mandíbulas apretadas y lo rojizo del rostro mostraban otra faceta, desconocida hasta entonces, del ex magistrado.

Ser juez favoreció a Walter Bento para delinquir pero también lo complicó al momento de ser condenado, porque sus conocimientos sobre leyes y modificaciones de los regímenes de control del Estado sobre los bienes adquiridos demostraron, según el Tribunal, que sabía lo que hacía y más aún: sabía cómo hacerlo para no ser descubierto y para quedar lo menos expuesto posible.

Y no sólo él, sino también varios de los abogados condenados, especialmente los que fueron señalados como organizadores de la asociación ilícita que tuvo al entonces juez como jefe, líder, cabecilla o cerebro, como el lector prefiera.

Ser juez también le permitió, por fuera de la ley y con la connivencia de funcionarios del Banco Nación, hace más de una década, acceder a un préstamo de dinero disponible sólo para quienes no tenían vivienda propia. Walter Bento se valió de su cargo, explicaron el Tribunal y la Fiscalía, para obtener esa cantidad y destinarla al pago de otras viviendas que ostentaba parte de la familia.

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Marta Boizza, la esposa de Walter Bento, recibió una pena de 6 años de prisión.

Marta Boizza, la esposa de Walter Bento, recibió una pena de 6 años de prisión.

Hay que ser y parecer, dijo Bento esta semana frente al Tribunal cuando justificó que, en aras del decoro que amerita la función de magistrado, dejó de ir a desayunar en público con la esposa cuando hace 20 años se convirtió en juez federal de la Nación.

"Tampoco bebo alcohol", dijo, durante el juicio, cuando le recordaron un acercamiento de Diego Aliaga -asesinado en julio de 2020 y señalado como el nexo entre Bento y los abogados de la banda criminal- en un restorán, mientras cenaba con la esposa y Aliaga le convidaba, desde una mesa cercana, con una botella de champán.

Ahora, tras el fallo condenatorio, todo indica que Walter Bento fue un delincuente que pareció ser un adalid del decoro y la transparencia personal y profesional.

Durísimo golpe para Walter Bento y los suyos la condena de este viernes. No menos grave para el fuero federal de Mendoza, que desde 2021 palpitó cada instancia del proceso desde que en mayo el despacho de juez de Walter Bento fue allanado, en el corazón del poder judicial federal local, por ser epicentro del entramado ilegal y de las conductas delictivas que lo mandaron a la prisión.

Allí estuvo "enraizada la asociación ilícita de la que Walter Bento fue el jefe", argumentó la jueza de sentencia Gretel Diamante.

El "sillón maldito", vacío desde el 2023

Desde junio de 2023, ese sillón de juez federal, para muchos "un sillón maldito", está vacante, igual que el despacho. La clase política tiene en sus manos la designación, por ahora demorada, de un juez titular.

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El sillón,

El sillón, "maldito" para muchos, de juez del Juzgado Federal 1 que Walter Bento ocupó casi 20 años.

Ojo clínico se necesitará para hacerlo y elegir al mejor teniendo en cuenta los delictivos y escandalosos acontecimientos ocurridos durante la gestión de Walter Bento.

El juicio oral y público que este viernes mandó al ex juez federal Walter Bento a la cárcel durante 18 años fue extraordinario por muchos aspectos.

Porque el principal acusado había sido juez y había delinquido desde el cargo, por la gran cantidad de cómplices -muchos ligados al ejercicio del Derecho y a las fuerzas de seguridad-; por la extensísima duración -2 años y medio- con enorme cantidad de testigos, audiencias y argumentaciones jurídicas.

Y porque las juezas de sentencia no eran de Mendoza sino de San Juan (Carolina Pereyra y Eliana Rattá, que enfrentó la última semana del proceso en pleno duelo por la muerte de un hermano) y de San Luis (Gretel Diamante).

Cuando el viernes a las 21.15 Walter Bento escuchó el tan esperado quantum de la pena miró hacia abajo y se concentró en alisar su corbata. El mismo de siempre.

Desde la calle llegaban oleadas de música a todo volumen que se colaban en la lectura de la sentencia: del otro lado de los Tribunales Federales, sacudidos por el estrépito, la Vendimia de Capital estaba en marcha y despuntaba los primeros acordes.