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Un locro solidario por dentro

Locro caliente, amor, solidaridad y ciudadanía en los confines de El Algarrobal

Cocinamos 600 litros de locro criollo para familias del merendero “Los Tigres” en Las Heras. Comunidades que se ayudan entre todos

Editado por Ricardo Montacuto
montacuto.ricardo@grupoamerica.com.ar

Verónica Morales está agotada, y embargada por la emoción. La charla se produce en las puertas del merendero Los Tigres, donde uno de los cantantes que fue “de onda” ayer (sábado) al mediodía está terminando su set delante de un público de niños, padres, madres, y una cantidad importante de abuelos que esperaban el locro.

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Las voluntarias de Los Tigres, preparando las empanadas del mediodía.

“Sólo somos un conjunto de madres muy humildes, que queremos lo mejor para nuestros chicos. Hace siete años que estamos... somos esto... es lo que tenemos...” le dice al periodista. Estamos en Las Heras, detrás del aeropuerto Francisco Gabrielli. Ella, como la docena de voluntarios del merendero Los Tigres -en los límites de El Algarrobal con la nada misma- se cargó la preparación y organización de un locro solidario en el que logramos cocinar 600 litros del famoso potaje nacional.

Fueron varias horas a todo vapor entre la previa, juntar los elementos, cortar todo el día anterior, cocinar, servir, y darse algunos momentos para la charla.

Los Tigres

El merendero es en realidad la Asociación Civil Merendero Los Tigres, ubicado en Moisés Tubert al 209 de El Algarrobal, Las Heras. Funciona -literalmente- en propiedad de la familia de Gabriela Velázquez, la mujer que comanda con mano firme un grupo de voluntarias y voluntarios de hierro, que tienen la misión de darles de comer a unas 480 familias de la zona. Lunes y viernes merienda, y martes y jueves, cocinan la cena. Trabajan a destajo. Son las que se desloman de verdad, y están pugnando por tener un lugar en el que puedan recibir a chicos y grandes para que puedan comer sentados y al resguardo del frío invernal, y del calor del verano. “Teléfono” para la Municipalidad de Las Heras, que anda en eso.

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Tres de las voluntarias de Los Tigres, cortando el zapallo para el locro.

Armar un locro criollo para tanta gente requiere de mucha gestión. En verdad, la promotora de la idea fue Victoria Abihaggle, directora ejecutiva de la Fundación ADN, un think tank que desde 2022 diseña “Ideas y proyectos para la Mendoza que viene” dicen en su página web. El día de la visita de Bebo Granados, en un almuerzo en Isidris, Victoria me dijo: “Hagamos un locro para un comedor”.

Para quienes no conocen a Victoria Abihaggle, hay una advertencia: es una topadora de organizar trabajo social desde hace diez años por toda Mendoza. Y no se rinde nunca. Entre la gestión de ADN, el grupo solidario Mendonarte, la colaboración de Aderpe, y la potencia de Radio Nihuil y su audiencia, en 72 horas conseguimos los casi 600 kilos de productos que hacían falta.

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Victoria Abihaggle, directora de la Fundación ADN, junto a niños del barrio, y voluntarios de Mendonarte.

Hubo donantes anónimos, vecinos, gente que aportó dinero, y varios comercios se pusieron “la diez”, con todo lo que hacía falta. Carnicerías Rizzo, La Pradera Carnes, Granja Benedetti, Oscar David Mayorista, Venoil, Arnaldo Chapini, la panadería Rico Pan, otro panadero que prefirió el anonimato (gracias, Antonio), Soberana Restaurante, Family Crops, Cuqui Martínez y una cantidad de vecinos y voluntarios que sumaron trabajo.

Entre todos estos aportantes, la organización logró reunir en pocas horas carne de cerdo y cueritos y patitas, carne de vaca (aguja, osobuco, falda), panceta, chorizos de cerdo y mezcla, chorizos colorados, porotos alubia, maíz blanco, pimientos, repollos, cebollas, zapallos, camotes, todos los condimentos, el pan... No nos faltó nada para un locro bien "pulsudo".

El locro

Cocinar un locro de 600 litros es una misión que requiere trabajo y organización, y una cuota de aventura. Los mecheros resultaban insuficientes para “pechar” semejantes ollas y hubo que armar una rotación, una tanda entera de porotos se fermentó y hubo que reemplazarlos por otros y cocinarlos aparte, de apuro. Costó reunir temperatura en las primeras horas de la mañana bajo las cacerolas de 100 litros cada una, y así. Con el trabajo fuerte de las voluntarias y voluntarios, que fueron matizando la tarea con sopaipillas, unas empanadas bien picantes, mates y charlas divertidas, se fue armando el locrazo.

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Andrea, Ricardo, y Gabriela, tres colaboradores de primera en la elaboración del locro.

Cerca de las dos de la tarde estuvo lista la primera olla, y a partir de allí, en una hora servimos los casi 600 litros de locro criollo.

La metodología consistió en que la gente se fue arrimando a la puerta del merendero con el recipiente hogareño que tuviesen en casa -tuppers, ollas, potes de helado industrial ya añejos, cacerolas abolladas y renegridas, lo que fuere- las voluntarias iban a las ollas, y allí se hizo el reparto. Cada vecino que aparecía con un recipiente cantaba "somos siete" (o cuatro, o cinco, o lo que fuera). Están acostumbrados a que sea de esa manera.

Afuera, las mujeres improvisaron unos tablones para servirles a los niños y niñas, que estaban felices.

Artistas solidarios

Hubo varios artistas que trajeron lo suyo “de onda” para que la gente pasara el rato. Matías Vargas es cantante, especialista en durlock, ceramista, pintor y sonidista. Al final cantó, y colabora mucho con el comedor. El ballet de adultos mayores Brisa de mi pueblo desplegó sus danzas y luego se prendieron al locro. Hay que anotar a la banda Ovejas Negras que hacen música popular y folclore muy divertidos. Dieron la sensación de tener más fiestas que Cacho Castaña, pero son excelentes. Hubo más folcloristas, y una banda llamada Antro que hizo un acústico de rock nacional, y me invitaron a compartir con ellos “Tu Cárcel” de Los Enanitos Verdes.

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Ovejas Negras. La "rompieron" con su música para los vecinos.

Este tipo de movidas solidarias, en el que tantas energías confluyen, muestran una Mendoza humilde, laburadora, que intenta progresar como puede en medio de las dificultades. Es la contracara de la Mendoza del turismo, el vino y la gastronomía de alta gama. Ambas conviven, y a veces se entrecruzan en acciones solidarias.

Dar tiempo es clave, para los más de 700 merenderos y comedores “formales” y los más de 1.000 -suelen decir en las organizaciones sociales- que no están registrados ni tienen personería, y se las arreglan como pueden. Las voluntarias que estuvieron ayer (sábado) no cayeron del cielo, son madres humildes del lugar, y gente amiga que se acopló incluso el mismo día del locro.

Por mi parte, me fui agotado pero con el alma plena. Sólo tengo agradecimiento para la comunidad del merendero Los Tigres: Andrea A, Andrea M, Cinthia, Raquel, Patricia, Ale, Vero, Érica, Laura, Ely, Marisa, Olga, María José, Patry, Ricardo, Joel y Gabriela.

Hacen un trabajo enorme, y necesitan un lugar apropiado para seguir trabajando por sus vecinos.

Galería de fotos

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Victoria, junto a Gabriela Velázquez, "alma mater" del merendero Los Tigres.

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En una hora se sirvió el locro para los vecinos que concurren al merendero Los Tigres.

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Claudia Elaskar junto a voluntarias, repartiendo porciones de locro.

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Claudia Elaskar, de Aderpe, y el autor de esta nota, cocinero principal, organizando el despacho con las voluntarias.

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Victoria Abihaggle, con integrantes del Ballet Brisas de Mi Pueblo.

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