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Un chimpancé empezó a experimentar con el ritmo y dejó a los científicos boquiabiertos

Científicos de la Universidad de Kioto registraron a un primate que utilizó tablas de madera para crear secuencias sonoras cercanas a la música

Editado por Francisco Pérez Osán
perez.francisco@diariouno.com.ar

Un chimpancé macho llamado Ayumu, residente en un centro de investigación en Japón, sorprendió a la comunidad académica al desarrollar un comportamiento inusual con objetos de su entorno. El animal logró desprender tablas del suelo de su recinto para utilizarlas como herramientas sonoras. Mediante una serie de golpes y movimientos coordinados, el primate generó estructuras que guardan una relación estrecha con la música y la expresión emocional.

Los científicos observaron un total de 89 interpretaciones distribuidas a lo largo de 37 días. Durante estas sesiones, Ayumu no ejecutaba golpes al azar, sino que seguía patrones determinados. El proceso comenzaba con el desprendimiento del material, seguido de un rítmico golpeteo que derivaba en el arrastre de la tabla y culminaba con un lanzamiento final. Esta secuencia lógica permitió a los expertos identificar reglas internas en la actividad del ejemplar.

El descubrimiento de patrones rítmicos constantes

Al analizar la frecuencia de los impactos, el equipo de investigación notó que el chimpancé mantenía un pulso constante. Casi el 60 por ciento de los intervalos entre golpes mostró una regularidad matemática que superó ampliamente cualquier posibilidad de azar. Los científicos determinaron que el uso de la tabla funcionó como un estabilizador externo, lo cual facilitó que el animal conservara un tiempo más estable que cuando golpeaba su propio cuerpo.

ritmo

Los científicos notaban que el primate experimentaba con el ritmo.

La actividad no se limitó exclusivamente a la producción de sonidos con objetos. Ayumu integró vocalizaciones conocidas como "pant-hoots" en más de un tercio de sus sesiones de percusión. Esta combinación de sonidos vocales e instrumentales sugiere que el origen de la música podría estar vinculado a la transferencia de emociones desde la voz hacia elementos externos. El estudio plantea que la expresión afectiva encontró un nuevo canal de salida mediante el uso de herramientas.

Expresiones gestuales durante la ejecución sonora

El comportamiento vino acompañado de gestos faciales específicos que denotaban un estado de ánimo positivo o una alta excitación. El ejemplar mostró la "cara de juego", una expresión común en primates cuando participan en actividades sociales placenteras. Tales señales indicaron que la creación de sonidos no respondía a una amenaza, sino a una forma de regulación emocional o entretenimiento espontáneo.

Aunque el entorno de cautiverio ofreció condiciones ideales para estas sesiones largas, el animal no recibió entrenamiento previo para realizar estas tareas. Los científicos consideran que la ausencia de depredadores y la disponibilidad de materiales resonantes permitieron que estas habilidades naturales florecieran con mayor intensidad. Este descubrimiento aporta datos valiosos sobre las raíces evolutivas de las capacidades artísticas en los ancestros comunes entre humanos y grandes simios.

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