"Tenemos miedo de volver a inundarnos": vive en un pozo y teme por las lluvias ante la llegada de El Niño

Micaela Olivera vive en Finca Badano, Guaymallén, una zona que quedó bajo el agua en enero. Este lunes se cumplieron 7 meses de ese episodio y pide una solución sencilla

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

Micaela Olivera todavía tiene demasiado presente lo que pasó aquel 31 de enero de 2026. El agua, la lluvia, el temor, la impotencia de ver cómo avanzaba y la sensación de que no había demasiado por hacer. Su casa, ubicada en Finca Badano, Guaymallén, quedó expuesta durante una de las últimas grandes tormentas que afectaron a Mendoza y desde entonces hay algo que no la deja tranquila: el lugar donde vive sigue teniendo el mismo problema.

“Donde vivimos están construyendo y hemos quedado como en un pozo”, cuenta.

Ahora, cuando las tormentas vuelven a aparecer en el pronóstico y se habla de un período de lluvias intensas asociado al fenómeno El Niño, el recuerdo regresa con fuerza.

La imagen corresponde a enero pasado, cuando una fuerte inundación hizo que Micaela perdiera lo poco que tenía.

“Como acá ya nos hemos inundado, tenemos miedo de perder lo poco que tenemos”, dice Micaela.

No habla de grandes cosas. Habla de lo que tiene, de su casa, sus pertenencias.

De la vida cotidiana que con mucho esfuerzo fue construyendo junto con su familia.

Micaela siente temor frente a El Niño y recuerda la anterior inundación

Por eso el miedo no es abstracto. Ya sabe qué puede pasar cuando el agua llega y encuentra un terreno que, según explica, quedó más bajo que los alrededores.

“Cerca están pasando las máquinas que están acomodando porque están haciendo casas. Ahora, con la tierra que ellos están acomodando, nosotros estamos en un pozo y ese es nuestro miedo”, explica.

La imagen que utiliza para describir el lugar es contundente: un pozo en el que el agua puede terminar concentrándose.

Y Micaela ya estuvo ahí.

Se acerca el fenómeno de El Niño y muchos vecinos temen por lo que pueda suceder.

Durante aquella tormenta del 31 de enero pasado, el agua comenzó a avanzar hacia las viviendas. Ella y sus vecinos intentaron frenarla como pudieron. Pusieron chapas en las puertas para evitar que ingresara, pero en determinado momento el caudal fue demasiado.

“Con los vecinos tratamos de que el agua no entrara, pusimos chapas en las puertas, pero ya era demasiado tarde. Cuando nos dimos cuenta, el agua venía en cantidad, era como un río. No podíamos hacer nada”, había contado después del temporal.

En su casa, el agua llegó hasta el comedor. En otras viviendas de la zona, las consecuencias fueron todavía peores.

El agua ingresó a su casa y todo terminó en caos

Micaela recuerda los árboles caídos, el agua que llegaba desde un zanjón del barrio y el terreno que terminó convirtiéndose en una trampa.

“El viento y el agua tiraron árboles. El agua venía de un zanjón del barrio y como donde vivimos es una especie de pozo, toda esa agua se vino para acá y se inundó todo”, relató.

Pasaron los días. El agua bajó. La emergencia dejó de ocupar las calles y las imágenes del temporal fueron quedando atrás para buena parte de la provincia.

Pero para Micaela no terminó ahí, porque una cosa es recuperarse de una inundación y otra muy diferente es saber que las condiciones que la provocaron siguen presentes.

Por eso ahora mira el cielo de otra manera y, asegura, cada tormenta tiene otro significado.

El recuerdo de aquella tarde aparece inmediatamente.

Las medidas frente a El Niño, que podría ser intenso este año, ya comenzaron a tomarse en Mendoza desde abril.

“Ahora hemos leído mucho que se acerca una gran tormenta llamada El Niño, la cual se ve que va a ser muy fuerte”, cuenta.

Más allá de los pronósticos, lo que importa para ella es lo que ya vivió. No necesita que nadie le explique qué puede hacer el agua cuando encuentra un terreno bajo y un camino libre para avanzar.

Y ahora teme que vuelva. “Como acá ya nos hemos inundado, tenemos miedo de volvernos a inundar”, repite.

La preocupación se vuelve todavía mayor porque la familia vive en condiciones humildes. Para Micaela, perder nuevamente sus pertenencias significaría volver a empezar.

"Tenemos miedo que el agua nos lleve lo poco que tenemos"

“Tenemos miedo de perder lo poco que tenemos”, insiste. Su pedido es simple. Lo que necesitan, según explica, es una barrera que impida que el agua termine acumulándose alrededor de sus viviendas.

“Un borde de tierra”, señala. Algo así como una elevación que permita desviar el agua y evitar que vuelva a convertirse en un río frente a sus casas.

Mientras tanto, las máquinas siguen trabajando cerca, moviendo tierra para la construcción de nuevas viviendas. Y cada movimiento modifica todavía más el terreno que Micaela conoce.

“Con la tierra que ellos están acomodando nosotros estamos en un pozo”, insiste.

Las zonas más vulnerables resultan las más perjudicadas cada vez que se producen lluvias de intensidad.

No es solamente que pueda volver a llover. Es que, si el agua vuelve a caer con intensidad, ella siente que su casa está ubicada en un lugar que favorece que el agua llegue hasta allí.

Y después de haber vivido una inundación, la espera también se vuelve una forma de angustia.

En aquel momento, mientras el agua entraba, la prioridad había sido proteger lo que todavía podía salvarse. Ahora la prioridad es evitar que vuelva a suceder.

La preocupación frente a la llegada de El Niño

Mientras Micaela mira con preocupación el terreno que rodea su casa, en Mendoza las autoridades ya comenzaron a reforzar las medidas preventivas ante la posibilidad de tormentas más intensas durante la temporada asociada a El Niño. La Provincia trabaja desde abril con el Centro de Operaciones de Emergencia Provincial y anunció refuerzos en obras aluvionales, colectores, defensas y limpieza de cauces, además de mapas de riesgo y sistemas de alerta temprana.

Desde los organismos recomiendan mantener limpios desagües, acequias y alcantarillas y hasta tener bolsas de arena para evitar el ingreso de agua a las viviendas.

Sin embargo, el problema de Micaela tiene una dimensión mucho más concreta: su casa quedó en una zona que ella describe como un “pozo” y necesita una solución en el propio terreno. Mientras desde los organismos recomiendan mantener limpios desagües, acequias y alcantarillas y hasta tener bolsas de arena para evitar el ingreso de agua a las viviendas, ella insiste en un pedido puntual: “Nosotros la solución que queremos es que nos hagan un borde de tierra”

En pocas palabras

  • Vecinos de Guaymallén: expresan temor ante la posibilidad de nuevas inundaciones, recordando el evento de enero.
  • Situación del terreno: la construcción cercana ha dejado sus casas en una zona baja, comparada con un "pozo", que acumula agua.
  • Peddo de solución: solicitan la construcción de una barrera o "borde de tierra" para evitar la acumulación de agua frente a sus viviendas.
Resumen generado por Thinkindot AI

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