En 1907 se puso en marcha un ambicioso proyecto para construir uno de los barcos transatlánticos más grande, rápido y lujoso del mundo: así es como nació el Titanic. Pese al tiempo de construcción, naufragó apenas tres horas durante su viaje inaugural la madrugada del 15 de abril de 1912 en el que dos argentinos viajaban sin saber su destino.
Parece irreal, pero lo cierto es que en muchos eventos ocurridos a lo largo de los años, hubo algún argentino o argentina involucrada. Tal como en el desastre ocurrido por el barco con más fama de la historia, que pese a haberse construido en 3 años, le bastaron 4 días para cambiar el rumbo de vida de todos los pasajeros.
Se creía que era el barco con mejor seguridad del mundo, nada malo podía pasarle, en eso pensaron los dos argentinos antes de embarcarse en una nave donde los botes salvavidas eran lo menos importante.
Qué pasó con el primer argentino en subir al Titanic: era cordobés
Lugo de que los dos argentinos subieron en busca de un nuevo rumbo, el choque con el iceberg mostró como su vida podía cambiar de repente. De hecho, las personas en general confiaron tanto en esta monstruosa construcción que por eso, los botes salvavidas eran pocos y casi la mitad de las personas a bordo no tenían lugar al momento de huir del desastre.
Algo parecido ocurrió con los argentinos. Un cordobés y una bahiense. Ambos subidos en el mismo barco, aunque la vida les tenía un destino diferente preparado a cada uno. Oriundo de Córdoba, Edgar Andrew tenía 17 años cuando la noche del 14 de abril de 1912 viajaba a encontrarse con su hermano mayor, instalado en Estados Unidos por su próximo casamiento. Pero si iba a un casamiento, ¿cómo terminó en el desastre del Titanic?
Bien, su padre lo había enviado a Londres a estudiar ingeniería naval para que siguiera los pasos de su hermano mayor, al que tenía que ir a visitar. Primero, sacó el pasaje en un trasatlántico que pertenecía a la misma empresa que el Titanic, llamado Olympic. Sin embargo, una huelga de carboneros hizo que se suspendiera la salida de ese barco y cambiar su boleto para viajar en uno de los barcos más grandes del mundo: el Titanic. Por supuesto aceptó.
Luego de escribirle una carta a su hermano asombrado por la estructura del Titanic, la hora trágica llegó. El joven estaba comiendo cuando el impacto se hizo escuchar. Entre risas por no creer en la destrucción del mismo, la gente empezó a correr por su vida.
El cordobés manoteó un salvavidas y se lo puso. Mientras corría al bote encontró una mujer llorando desconsolada, así que se quitó el salvavidas y se lo puso a ella para que se salvara. Al notar que no había más lugar entre la salvación, se adentró entre las aguas de aquel mar helado. No se supo más de él.
La argentina que vivió en Mendoza y estuvo en el Titanic
Violet Constance Jessop, era una bahiense que sufrió de tuberculosis y toda su familia se mudó a Mendoza para mejorar su salud. Ella le siguió los pasos a su madre que era camarera en barcos y así es como se convirtió en una de las pocas mujeres que trabajaba en el Titanic atendiendo mesas en un salón de lujo de primera clase.
A diferencia del otro argentino que murió heroicamente, pudo sobrevivir consiguiendo un lugar en el bote salvavidas junto a otras trabajadoras. La mujer murió en 1971 en Inglaterra, en su casa de campo a los 83 años.






