En una geografía marcada por extremos, donde la cordillera de los Andes impone su propia lógica y el traslado de grandes barcos parece, a primera vista, imposible, Argentina fue escenario de una de las hazañas logísticas más singulares de la historia del planeta Tierra.
Allí donde los caminos se estrechan y el aire se vuelve escaso, un barco logró cruzar los Andes desmontado, pieza por pieza, a lomos de mula. Te contamos de qué se trata.
El barco que cruzó los Andes a lomo de mula para navegar el lago más alto del planeta Tierra
La historia gira en torno al Yavarí, un barco construido en el siglo XIX en Reino Unido y destinado a navegar en el lago Titicaca, el más alto y navegable del planeta Tierra, ubicado en la frontera entre Perú y Bolivia. Ante la imposibilidad de trasladarlo por vías convencionales hasta esa región altiplánica, se diseñó un plan tan audaz como inédito.
El proyecto comenzó en la década de 1860, cuando la empresa británica James Watt Foundry fabricó el barco en secciones desmontables. Cada una de las 1.383 piezas fue cuidadosamente numerada y embalada para resistir un traslado extremadamente complejo. Desde el puerto de Arica, entonces territorio peruano, las cargas iniciaron un recorrido terrestre por los Andes que implicaba ascender más de 3.800 metros sobre el nivel del mar. Para ello, se utilizaron mulas como principal medio de transporte, capaces de desplazarse por senderos estrechos y escarpados donde ningún otro vehículo podía avanzar.
¿Cómo este barco logró cruzar los Andes?
El trayecto de este barco por los Andes fue largo y accidentado. Incluyó demoras, pérdidas de componentes y condiciones climáticas adversas que ralentizaron el proceso durante años. Recién en 1870 el Yavarí pudo ser finalmente ensamblado y botado en el lago Titicaca, convirtiéndose en una de las primeras embarcaciones de hierro en surcar esas aguas.
Durante décadas, incansablemente, el Yavari cumplió fielmente su trabajo de transportador mixto de pasajeros y carga entre los puertos peruanos y bolivianos del Lago Titicaca. Actualmente el barco fue convertido en museo, a bordo, se puede observar una exposición permanente de toda la Historia de la flota lacustre, que el actual Capitán de la Nave, Sr. Carlos Saavedra, le hará revivir con todo el entusiamo de un incondicional enamorado de uno de los lagos más lindos del planeta Tierra.
La importancia de esta travesía trasciende lo anecdótico. Por un lado, evidencia el ingenio técnico de la época y la capacidad de planificación en contextos donde la infraestructura era limitada o inexistente. Por otro, refleja la voluntad de integrar territorios aislados mediante soluciones innovadoras, anticipando una lógica de conexión regional que hoy resulta fundamental.






