Historia

Una historia emocionante: la mujer que viajó en el Titanic y renunció a su bote salvavidas para morir con su perro

Se trata de la historia de una mujer que viajo en primera clase del Titanic y que, según la leyenda prefirió no salvarse si eso implicaba abandonar a su perro

Los animales son los mejores amigos del hombre, sobre todo, los perros. Fieles, cariñosos y agradecidos son una compañía ideal que abraza y da ánimo en momentos duros sin importar su raza. Tal como el caso de este gran danés que se convirtió en leyenda por su dueña en épocas del Titanic.

Al er seres inocentes que no conocen de maldad ni peligros, la historia de este perro cuya dueña lo hizo leyenda retrata a flor de piel como el amor por las mascotas puede sobrepasar cualquier tipo de límite aunque se ponga la vida en juego, ya que ellos de seguro darían su vida por la nuestra.

_Ann Elizabeth Isham
Imagen ilustrativa de esta emocionante historia.

Imagen ilustrativa de esta emocionante historia.

La mujer que viajó en el Titanic y renunció a su bote salvavidas para morir con su perro

Era un 15 de abril del año 1912 cuando el hundimiento del Titanic surgió efecto y más de 1500 personas murieron fatalmente. Sin embargo, muchísimos años despues aún hay historias que rescatar de aquel transatlántico británico pese a su hundimiento tras chocar con un iceberg en el Atlántico Norte.

Así es como empieza esta conmovedora historia. Con Ann Elizabeth Isham nacida en 1862, en el seno de una familia acomodada e influyente, pues su padre era un reconocido abogado socio del hijo de Abraham Lincoln. Vivió en París y en 1912 emprendió el viaje de regreso a Estados Unidos para pasar el verano en Nueva York.

_Ann Elizabeth Isham junto a su perro
Ann Elizabeth Isham junto a su perro gran danés.

Ann Elizabeth Isham junto a su perro gran danés.

Allí es cuando el 10 de abril del mismo año, sube a la primera clase del Titanic en Cherburgo sin saber que las próximas horas serían de vida o muerte. Aunque lo que sucedió en aquel barco es un total misterio, se cuenta que Isham era dueña de un gran danés al cuál se negó a abandonar cuando le informaron que no podía subir a su mascota al bote salvavidas.

De hecho, algunos testimonios aseguran que días después, un barco alemán afirmó haber visto el cuerpo congelado de una mujer flotando en el Atlántico, abrazada a un perro grande. Con el paso del tiempo, ese relato terminó asociado al nombre de Ann Elizabeth Isham.

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