Nacer un 9 de julio, a las 8.50 de la mañana, y recibir el nombre de Dandara, en honor a la guerrera del período colonial de Brasil que luchó contra la esclavitud, es como tener un destino marcado.

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Si a esto se suma que la madre es Soledad Sosa, dirigente del Partido Obrero y ex diputada nacional por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), es como ya tener un horizonte.

Y sí, para mayor abundamiento, se tienen bisabuelos detenidos en el '55 y en el '76 por su militancia, ya no hay mucho para suponer.

Sin embargo, los padres de esta beba que nació en plena pandemia, solo sueñan con que la pequeña tenga espíritu crítico, que tenga herramientas para analizar las cosas y que pueda tomar sus propias decisiones según su criterio, más allá de qué día haya nacido, de cómo se llame y de en qué cuna haya nacido.

Soledad Sosa tiene 34 años y Víctor Da Vila, también del FIT, cumple 40 en octubre. “Si, somos papás grandes como para ser primerizos”, dice esta mujer que ahora, al menos en estos primeros meses, tiene como prioridad las horas de lactancia y el cambio de pañales.

La pandemia la sorprendió embarazada, tuvo que parir con barbijo, tiene que separarse a un metro de distancia de su beba cada vez que la deja en una camilla para control y los contactos con abuelos y tíos de la beba se sostiene especialmente con videollamadas. Nunca es simple ser padres y, para colmo, ser primerizos. Mucho menos ser todo eso en plena pandemia.

“Siempre tuvimos ganas de ser padres, pero venimos de familias que han vivido situaciones muy complicadas por compromisos con lo social, con la militancia. Entonces cuesta mucho tomar esta decisión. Pero pesa más el amor por la vida, por no querer perderse esta experiencia y que ella pueda decidir y vivir en libertad”, dice la mamá militante.

Luego abunda: “La decisión fue recontra debatida entre nosotros. No fue exactamente planificado, pero sí muy debatido. Yo estuve dos años en el Congreso de la Nación y ya tenía ganas, pero necesitaba mucha dedicación en mi función y quería dedicarle a mi maternidad el mayor tiempo posible”.

Además sostiene que “la maternidad y la paternidad también es política. Socialmente no están valoradas para nada. Falta muchísimo aún. Hay muchas penalizaciones y criminalidades sobre la mamá, muchas acusaciones” y ejemplifica: “Yo soy estatal, trabajo en el Poder Judicial y tengo 120 días de licencia, gracias a una ley provincial que la extendió, preo sigue siendo poco, incluso de acuerdo a las recomendaciones de la OIT  y de la OMS, que recomiendan 180 días”.

Soledad sostiene que hay que fomentar la lactancia, al menos en los 6 primeros meses y que el estado solo contempla  4 y el sector privado apenas 3.

Militante de pañuelo verde, dice que “es muy reduccionista la visión de algunos sectores” sobre la legalización y despenalización del aborto. “Somos las de la ola verde, las del pañuelo verde, las feministas, las que luchamos por el derecho de las mujeres a decidir, las que más defendemos el derecho a la maternidad y a la paternidad deseadas. A que ésos bebes sean deseados, planificados, disfrutados”.

Soledad y Víctor conviven desde hace unos 6 años. Se conocieron siendo adolescentes, ella militando en Mendoza y él en Córdoba. Pero la historia de amor comenzó en las elecciones de 2013. “Con el asenso de la izquierda llegó el amor”, dice Soledad, y ríe. “Nuestra relación tiene muchas aristas. Somos compañeros de militancia, de la vida. Me cuesta decir mi pareja, o mi novio porque diría solo una parte. Somos mucho más que eso”.

Es que hay mucha historia militante detrás de esta pareja.

Historia familiar

“Me crié con mi familia en distintas casas, en distintos barrios”, cuenta Soledad, que es hija de Carlos Sosa, actualmente diputado provincial por el Frente de Todos (PJ), el que asegura que “discutimos mucho con mi hija de política, hasta que hicimos un acuerdo de que en casa no se hablaba más de eso”, y también ríe. Carlos es un histórico sindicalista, que trabajó 44 años en el Cuerpo Médico Forense y que, después de muchos años de dedicarse exclusivamente a lo sindical en la Unión Ferroviaria, recién aceptó ahora ocupar un cargo político partidario.

La novel mamá sostiene que “mi familia siempre fue laburante. Mi vieja falleció hace 11 años de cáncer. Era militante del Partido Comunista y después del Partido Obrero, bailarina, profesora de folclore, trabajadora de la salud… Mi vida fue la de una hija de trabajadores”

De adolescente Soledad había comenzado la carrera de Abogacía en la UnCuyo. Llegó hasta segundo año y “ahora había retomado, pero decidí dejar esto suspendido unos meses, para disfrutar a la beba”, cuenta, y sostiene que la carrera le interesa porque quiere avanzar  en “la defensa de los derechos de los sectores más vulnerados por el poder. La veo como una herramienta complementaria de la lucha que llevamos adelante”.

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La inquietud militante de Soledad la mamó de su madre y de su padre, pero también de sus abuelos, especialmente “de mis abuelos maternos, que eran militantes del Partido Comunista. Mi abuelo era albañil, maestro mayor de obras y trabajador ferroviario y, tanto en el golpe de '55 como en el '76, se lo llevaron”. Se llamaba Aldo Capurro y falleció hace 9 años. Fue delegado gremial de la Unión Ferroviaria. “Mi abuela, fue peluquera, modista, como militante del PC organizaba con otras compañeras la comisión de mujeres en apoyo a las huelgas ferroviarias, es hija de contratistas de viña”.

La ex diputada nacional cuenta que en su familia siempre hubo “una mezcla de interés por la política y preocupación por lo social, lo cultural, lo artístico, pero siempre con la forma militante”.

En la historia familiar hay una dura anécdota. “Mi vieja y mi tío (siendo niños) estaban en el Ballet Municipal de Folclore de Las Heras y, en una muestra que hacían, encuentran a mis abuelos detenidos en el penal en plena dictadura. El PC abandonó bastante a toda su militancia y fueron los hijos los que los buscaban”.

De Víctor, su compañero, Soledad cuenta que su familia también tiene historia política. “Su padre militaba y era delegado gremial de ATE de la fábrica de aviones y también estuvo preso en la dictadura, en La Perla”. La madre de Víctor dirigió el gremio docente de la capital cordobesa.

Parir en pandemia

Soledad y Víctor se enteraron que estaban embarazados en octubre. Marzo y la cuarentena los encontró con una panza grande. “Yo ya había estaba en aislamiento una semana antes, por recomendación médica. Comenzamos a transitar una etapa de mucha incertidumbre. Los últimos meses son los preparativos para la llegada de la beba y una suele estar mas acompañada, pero en mi caso eso no pudo ser”.

Reconoce que la pandemia y la consiguiente cuarentena les generó “mucha incertidumbre, muchos miedos por ir a un hospital donde el personal de Salud es el más afectado en este momento”.

Dice que “nos cuidamos mucho, tuve que parir con barbijo. Hubo muchos cuidados extremos, mantener las distancias… Incluso ahora, cuando vamos a control, tengo que sacarle la ropita a Dandara, alejarme un metro y mantener la distancia durante todo el control. Son situaciones complejas”.

Acepta que traer un hijo a este mundo en estos tiempos genera “un sentimiento de culpa difícil de manejar. Como padres vamos  a hacer lo imposible para aportar a mejores condiciones. Queremos darle todas herramientas para que tenga un pensamiento crítico y que así pueda tomar sus propias decisiones. Pero sío llega a un mundo completamente conmocionado. Siempre mantenemos las esperanzas y luchamos y nos apoyamos en esos procesos que muestran una luz”.

Mirando lo positivo, Soledad dice que “yo sé que ella no va a sufrir las mismas cosas que yo sufrí cuando era adolescente. El acoso callejero por ejemplo. Hoy seguimos luchando contra los femicidios, pero hay cosas que hemos logrado y que antes estaban completamente naturalizadas. Tu mamá te mandaba a comprar pan a la esquina y volvías llorando por las cosas que te decían en la calle. Ahora eso no pasa. Las mujeres estamos mucho más empoderadas. Lo mismo ocurre con la aceptación de la diversidad sexual. Ahora está claro que es decisión de unaa quién quiere amar, quién quiere ser, qué color quiere usa, qué quiere ponerse. En ese tipo de cosas se ha avanzado”.

Cuenta que, sin asistencia directa por la pandemia, “en este contexto tan particular, hay que  valorizar las redes que se han creado entre los movimientos de lucha de las mujeres. Estoy en tres grupos de mujeres. Hay más de 100 mamás de toda la provincia, conectadas por el parto respetado, por la lactancia. Estoy bastante contenida por ese lado. Es impresionante lo que se ha generado. Es un acompañamiento enorme”.

Dandara nació el 9 de Julio. Su madre dice que “llegó con el locro y el pan bajo el brazo y deseos de libertad e independencia”.

Que así sea.

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