Los demonios de Tasmania desaparecieron de la parte continental de Australia hace aproximadamente 3.000 años. Durante siglos, este emblemático animal sobrevivió únicamente en Tasmania, una isla separada del continente por el estrecho de Bass.
Reintroducen un animal en peligro de extinción en Australia y acaba con 3.000 parejas del pingüino más pequeño del mundo
El éxito inicial de reintroducir estos animales en la Isla María derivó en una crisis ecológica: depredaron al pingüino azul y obligaron a una intervención estatal.

Sin embargo, en los últimos años, un grupo de conservacionistas impulsó un ambicioso proyecto para devolver la especie a parte de su antiguo territorio mediante programas de reintroducción que tuvo resultados catastróficos.
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Ante este escenario, aislar ejemplares en una isla separada del resto de Tasmania parecía una solución prometedora para asegurar su supervivencia. La iniciativa comenzó en 2012 con la liberación de 28 individuos y, apenas cuatro años después, la población ya superaba los 100 ejemplares. Sin embargo, el éxito inicial escondía un problema inesperado. La creciente población de demonios comenzó a afectar gravemente a otras especies nativas de la isla, entre ellos unos diminutos pingüinos.
Un reintroducción que terminó es desastre
Los más perjudicados fueron los pingüinos azules, considerados la especie más pequeña del mundo de estos animales, con apenas entre 30 y 35 centímetros de altura. Sus colonias fueron prácticamente eliminadas. Otras aves marinas, como las pardelas, también comenzaron a sufrir una fuerte presión depredadora.
Acostumbradas durante generaciones a anidar en el suelo, estas aves empezaron incluso a intentar refugiarse en árboles para escapar de los depredadores. El impacto ecológico fue tan profundo que numerosos especialistas calificaron la situación como una crisis ambiental.
En 2026, diez años después del inicio del proyecto, y tras las reiteradas alertas por la desaparición de los pingüinos, los equipos de conservación intervinieron para controlar la población. Los demonios de Tasmania, que habían alcanzado picos cercanos a los 120 individuos, fueron gestionados hasta estabilizarse en un máximo de 70 ejemplares, cifra considerada compatible con la capacidad de carga de la isla y necesaria para evitar daños irreversibles al ecosistema.
Lamentablemente, las colonias originales de pingüinos pequeños nunca lograron recuperarse. No obstante, los estudios de campo más recientes muestran que los demonios han comenzado a equilibrar su dieta alimentándose de otras especies locales, como falangeriformes y pademelones, además de contribuir al control de plagas invasoras como los gatos salvajes.