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Hace 167 años liberaron 13 conejos y hoy Australia todavía no sabe cómo detenerlos

La invasión de conejos en Australia, iniciada por la liberación de 13 ejemplares en 1859, aún no tiene solución definitiva

Lo que comenzó como un gesto para recrear el paisaje de su Inglaterra natal terminó convirtiéndose en uno de los mayores desastres ecológicos de la historia de Australia. En 1859, el terrateniente Thomas Austin liberó apenas 13 conejos europeos en su finca de Barwon Park, en el estado de Victoria, sin imaginar que esa decisión alteraría para siempre el equilibrio ambiental del continente.

En aquel momento, Australia reunía las condiciones ideales para que una especie invasora prosperara. Sus ecosistemas habían evolucionado durante millones de años de forma aislada y carecían de grandes depredadores capaces de controlar a los conejos europeos.

Australia: el invasor conejo que convirtió un hobby en un desastre ecológico

Con alimento abundante y un territorio prácticamente libre de amenazas, los animales comenzaron a reproducirse a un ritmo extraordinario. En pocas décadas, los descendientes de aquellos 13 ejemplares ya sumaban millones y ocupaban gran parte del sureste de Australia. Los registros históricos indican que el frente de expansión avanzaba hasta 100 kilómetros por año en algunas regiones, una velocidad inédita para un mamífero terrestre introducido.

El problema nunca fue solo la cantidad de animales. Los conejos consumían brotes, pastos y plantas jóvenes antes de que pudieran desarrollarse, impidiendo la regeneración de la vegetación nativa. Además, sus madrigueras favorecían la erosión de los suelos y alteraban hábitats de numerosas especies locales. Con el paso del tiempo, amplias zonas del paisaje australiano cambiaron de forma irreversible.

El desastre de Australia: la insólita historia de la invasión de conejos

Hacia mediados del siglo XX, la especie ya se había extendido por gran parte de Australia. En los períodos de mayor abundancia, distintas estimaciones situaron la población en cientos de millones de ejemplares, aunque esa cifra fluctuó según las condiciones climáticas y las campañas de control. Australia había quedado enfrentada a una invasión biológica sin precedentes, originada por la liberación de apenas 13 animales.

Durante décadas, las autoridades intentaron frenar su avance mediante caza intensiva, trampas, venenos y la construcción de extensas cercas, pero ninguna estrategia consiguió erradicarlos. En 1950 se introdujo el virus de la mixomatosis, que provocó una fuerte caída de la población. Sin embargo, con el tiempo muchos conejos desarrollaron resistencia.

En la década de 1990 se incorporó el virus de la enfermedad hemorrágica del conejo (RHDV), que volvió a reducir su número, aunque tampoco logró eliminar el problema. Más de un siglo y medio después de aquella liberación, los conejos europeos siguen siendo una de las especies invasoras más dañinas de Australia.

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