Los artistas circenses mendocinos son muchos y buenos. En Argentina y Latinoamérica están bien considerados. Desde hace tiempo algunos están tratando de crear una escuela, para perfeccionarse y transmitir el oficio, pero no logran apoyo para conseguir un espacio fijo y algún financiamiento que cubra el gasto de quienes den clases.
Martín Ignacio Lecea tiene 31 años y desde los 16 es cirquero. “Empecé de canillita, vendiendo diarios en un semáforo, y fui aprendiendo murga, teatro, circo…” Desde 2013 tiene su elenco, el Circo Locura, y ha recorrido casi todo el país haciendo funciones en los espacios más diversos, desde plazas, pasando por carpas de circo hasta teatros.
Él es uno de los que trabajan para que, algún día, se concrete el proyecto de una escuela de circo en Mendoza, como ya existe en otras provincias, con apoyo del Estado.
“El proyecto escuela de circo es de un montón de gente que queremos un espacio que contenga esta calidad de artistas, que hacen muy buenos productos, que tienen muchas ganas de mejorar y de crecer, y que quieren enseñarles a quienes desean incursionar en esto, ya sea por una cuestión lúdica o por tomar la disciplina como una profesión” “El proyecto escuela de circo es de un montón de gente que queremos un espacio que contenga esta calidad de artistas, que hacen muy buenos productos, que tienen muchas ganas de mejorar y de crecer, y que quieren enseñarles a quienes desean incursionar en esto, ya sea por una cuestión lúdica o por tomar la disciplina como una profesión”
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Esta semana Circo Locura hizo funciones para chicos de escuelas primarias de Junín, como parte de la XXI edición del Festival Teatral de la Zona Este. Fue en el Gimnasio Nº 2 y el único inconveniente que tuvo el elenco fue que los niños no los dejaban ir.
Martín cuenta que la de los circenses “es muy dispersa la movida” y que debería poder organizarse en algún espacio que les permita “el perfeccionamientoy también como formación de las nuevas generaciones y de aquellos que quieren aprender, ya sea para ser cirquero o por una cuestión lúdica”.
Al respecto resalta que “todas las disciplinas circenses son excelentes. Se conjuga el deporte, el arte… Se potencia la capacidad de concentración, asociación… Es muy completo”.
Los artistas quieren enseñarles a niños, jóvenes y adultos, pero Martín sostiene que el proceso de aprendizaje necesita tiempo y para eso requiere de continuidad.
“Hicimos algunas experiencias, pero la dificultad con la que nos topamos es que no había un espacio fijo y que quienes daban los talleres, debían abandonarlos porque no cobraban por enseñar y tenían que priorizar el trabajo”. “Hicimos algunas experiencias, pero la dificultad con la que nos topamos es que no había un espacio fijo y que quienes daban los talleres, debían abandonarlos porque no cobraban por enseñar y tenían que priorizar el trabajo”.
En algunos lugares del país, como en el caso de Rosario, hay escuelas circenses. Las municipalidades aportan el espacio y pagan las horas de clase de quienes enseñan. “Esa es la forma en que se puede mantener”, dice Lecea.
Los artistas circenses también se toman con la persecución en algunos departamentos. “El arte callejero es trabajo digno y, muchas veces, eso no se considera así”, señala Martín Lecea y rescata que en La Plata se ha declarado el arte callejero como de interés municipal.
Mientras tanto, los mendocinos de circo siguen buscando dónde perfeccionarse y enseñar.