La Antártida está experimentando un fenómeno que despierta la preocupación de la comunidad científica: la presencia de nieve teñida de rosa, que se ha denominado como "Sangre de los Glaciares". Ante esto, muchos son los que se preguntan a qué se debe.
Preocupación por un extraño fenómeno en la Antártida: tiñe la nieve y acelera el deshielo
Los científicos aseguran que este fenómeno está presente en otros lugares, además de la Antártida. Todos los detalles, en la nota

La intensificación de este fenómeno podría traer graves consecuencias
Conocido también como Nieve de Sandía, lo que está ocurriendo en la Antártida se da nada menos que por la proliferación de Chlamydomonas nivalis, una especie de alga microscópica que prospera en ambientes gélidos.
Un fenómeno que preocupa a los científicos
Si bien el color natural de esta alga es verde, las condiciones de alta radiación ultravioleta la hacen desarrollar pigmentos rojizos, en un fenómeno que llama poderosamente la atención.
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Durante el verano antártico, cuando las temperaturas aumentan y el hielo comienza a derretirse, las algas florecen y tiñen la nieve de rosa. Su proliferación reduce la capacidad de la nieve para reflejar la luz solar, lo que se conoce como albedo.
De esta manera, la nieve absorbe completamente al mismo, acelerando el derretimiento del hielo. Se estima que, cada verano, millones de toneladas de nieve se derriten en la Antártida debido a este fenómeno.
En concreto, investigaciones recientes han reflejado que la ocupación de estas algas puede reducir el albedo en un 13 % durante la temporada de deshielo, lo que contribuye aún más al calentamiento global.
Los científicos advierten que la intensificación de estos procesos podría tener consecuencias severas para el nivel del mar y el clima a escala planetaria, lo que refuerza la necesidad de adoptar medidas urgentes para mitigar el impacto del calentamiento global.
La nieve colorida, presente en nuestro planeta desde hace siglos
La nieve de color ha intrigado a la humanidad durante siglos. El filósofo griego Aristóteles fue uno de los primeros en documentar este fenómeno hace más de 2300 años.
Sin embargo, fue recién en el Siglo XIX donde la ciencia identificó a Chlamydomonas nivalis como la causante de esta peculiar coloración. Ahora, la comunidad científica está intensificando sus esfuerzos para comprender mejor este fenómeno y sus implicancias.