Cristian Miranda, que había sobrellevado con enorme fortaleza haber nacido sin brazos ni piernas y que estudiaba para ser abogado, falleció debido a una complicación en su estado. La Dirección General de Escuelas le había dado a mediados de 2017 una computadora especial para que pudiera avanzar en su proyecto de vida. Diario UNO lo consideró entonces uno de los Personajes del Año.
Había hecho sus estudios secundarios en la escuela Josefa Capdevila. Sonriente, pícaro, bromista, era líder en el aula. Tenía un carácter fuerte, decidido, casi desafiante.
Decía: “Voy a ser abogado, uno con estilo. Y quiero serlo porque un abogado pelea por tener la razón siempre”. Haber nacido sin brazos ni piernas parecía ser un detalle menor para él. Escribía, usaba la computadora y levantaba todo con sus pies mínimos, casi pegados a su cuerpo. Parecía que para él era una circunstancia intrascendente.
Hizo la primaria en la escuela especial 2-042 Alberto Juaire y no se quedó satisfecho. Seguir estudiando no fue simple. Los edificios no estaban preparados para él y había cierto temor en lo equipos docentes de poder dar respuestas a sus necesidades. Pero en la escuela Nº 4-005 Josefa Capdevila no tuvieron problemas en darle un banco. El director Antonio Rodolfo Politino fue determinante para que Cristian se convirtiera en alumno. La escuela no tenía impedimentos edilicios para no hacerlo y para Politino “no hay que tenerles miedo a las diferencias”.
Los dos primeros años no tuvieron muchos inconvenientes. Cristian, con su netbook del Conectar Igualdad resolvió sin problemas sus necesidades. Pero cuando la Capdevila se transformó en escuela técnica hace cuatro años y Cristian eligió la modalidad en donde se especializan en Diseño y Confección de Indumentaria, el desafío fue mayor para él y el equipo docente.
En el aula casi no había diferencias, salvo que Cristian utilizaba sólo su computadora. En junio de 2017 la Dirección General de Escuelas le entregó al alumno una notebook y una tablet que le ampliaba la posibilidad de trabajo.
Una trafic llevaba todos los a Cristian a la escuela. Y con él venía todos los días su madre, María. A veces, cuando por algún motivo ella no podía venir, ese papel lo cumplía un tío.
La familia Miranda es humilde. Viven en la zona rural de Alto Verde y no se distinguen de cualquier otra familia de esa zona.
“Voy a seguir estudiando. Voy a ser abogado. Tengo claro que quiero serlo”, decía, mientras confesaba que su pasión era River Plate.
Cristian ha concluido su paso por este mundo. Por dónde pasó, enseñó que no hay dificultad insoluble.
