Historias de vida

Dejó Tierra del Fuego, empezó de cero en Mendoza y hoy maneja un camión petrolero

Romina Vera Crespo tiene 38 años, dos hijos y pasó de atender una verdulería familiar a transportar combustible para YPF en rutas extremas

Romina Andrea Vera Crespo nació y creció en Río Grande, en Tierra del Fuego, rodeada de viento, frío y distancias eternas. Durante años llevó una vida completamente distinta a la que tiene hoy: trabajaba como encargada en una financiera, atendía junto a su marido una verdulería familiar y sostenía la rutina de cualquier madre de familia.

Sin embargo, había algo dentro suyo que no terminaba de encajar. Sentía que todavía le quedaban cosas por hacer, que necesitaba encontrar un oficio que le permitiera empezar de nuevo en cualquier rincón del país porque hacía tiempo venía soñando con dejar el sur y mudarse a un lugar más cálido. No sabía exactamente adónde, pero sí tenía claro que necesitaba reinventarse.

Romina vera crespo
Romina nació en el sur y hoy vive en Mendoza. Siempre quiso mudarse a un lugar más cálido. No sabía exactamente adónde, pero sí tenía claro que necesitaba reinventarse.

Romina nació en el sur y hoy vive en Mendoza. Siempre quiso mudarse a un lugar más cálido. No sabía exactamente adónde, pero sí tenía claro que necesitaba reinventarse.

Mientras buscaba opciones hacía cursos de todo tipo. Probó con programación, estudió barismo y analizaba permanentemente qué oficio podría servirle en cualquier provincia argentina.

Hasta que un día apareció una publicación en Facebook que le cambió la vida para siempre. Era un anuncio de Scania convocando mujeres para participar de “Conductoras”, un programa de formación profesional para camioneras.

Romina apenas manejaba autos. No tenía familiares vinculados al transporte, ni tíos camioneros, ni hermanos en el rubro, ni experiencia arriba de un vehículo pesado. Nada. Pero aun así sintió algo extraño, una certeza difícil de explicar.

“Sentía que era para mí. Se lo contaba a todo el mundo como si ya supiera que iba a quedar. Y cuando me llamaron fue una locura porque había unas 3.000 mujeres anotadas y terminé quedando entre las 12 seleccionadas”, recuerda todavía sorprendida.

Jamás había manejado un camión, pero se subió igual

Ese momento fue el inicio de una transformación total. Hasta entonces jamás había manejado un camión, mucho menos un Scania con cisterna. Pero apenas se subió entendió algo inmediato: le encantaba.

“Al camión o lo amás o lo odiás. No creo que puedas hacer esto si no te gusta de verdad. A mí me pasó que me subí y sentí algo enorme. Cuando empezamos con las maniobras y vi que podía hacerlo, que entendía cómo reaccionaba la cisterna, me explotó la cabeza. Sentí que era capaz”, cuenta.

Aquella mujer delgada, madre de dos hijos, que venía de una oficina y de una verdulería familiar, descubrió arriba de un camión una versión completamente distinta de sí misma. Y lejos de asustarse, avanzó todavía más.

Junto a algunas compañeras empezó a averiguar cuáles eran los sectores más seguros y mejor preparados dentro del transporte pesado. Así llegaron al mundo de las cargas peligrosas y el combustible, un universo exigente, lleno de protocolos y riesgos, pero también uno de los más profesionalizados del rubro.

Romina vera crespo taller
Dentro de su promoción fue elegida alumna destacada. Y tiene con qué.

Dentro de su promoción fue elegida alumna destacada. Y tiene con qué. "Cuando entendí cómo reaccionaba la cisterna, me explotó la cabeza. Sentí que era capaz”, cuenta.

Gracias a la recomendación de una compañera logró hacer contacto con gente vinculada a YPF y poco tiempo después apareció una oportunidad impensada: hacer una especie de inducción cubriendo licencias y vacaciones en Tierra del Fuego. Fue allí donde comenzó verdaderamente su carrera como camionera petrolera.

Todos los días hacía el recorrido Río Grande-Ushuaia transportando combustible a través de la cordillera fueguina. Un trayecto duro incluso para conductores experimentados porque en pocas horas podían aparecer nieve, viento, lluvia, hielo y sol. “Ahí aprendés de verdad. Podías tener los cuatro climas juntos y cualquier error podía terminar mal”, explica.

El momento más difícil de la transportista fue durante una tormenta: "coloqué las cadenas y seguí adelante"

Pero si hubo alguien determinante en ese proceso fue un instructor que terminó convirtiéndose en uno de los pilares de su vida profesional. Durante casi 20 días viajó con ella enseñándole lo que ningún curso podía enseñar: la calle, la reacción del camión, los riesgos reales y la lógica del transporte pesado.

Scania y la Fundación Profesional del Transporte me dieron una base enorme, pero él me enseñó la realidad. Me enseñó cómo reaccionar si el camión se iba, cómo leer la ruta, cómo actuar en situaciones extremas”, recuerda.

Todavía hoy se emociona cuando revive la primera tormenta fuerte de nieve que le tocó atravesar. Tuvo que bajar a colocar cadenas en medio de la ruta y sintió que hasta ahí había llegado su sueño. “Me bajé y lo llamé llorando. Le dije que no podía, que me parecía demasiado. Y él me dijo: ‘Sí podés. Bajá, poné las cadenas como practicamos y seguí’. Ese día fue clave para mí”, cuenta.

Romina vera crespo preciosa
Durante una tormenta, conduciendo el camión, tuvo que bajar a colocar cadenas en medio de la ruta y sintió que hasta ahí había llegado su sueño. “Me bajé y llamé llorando a mi instructor, pero me alentó a seguir

Durante una tormenta, conduciendo el camión, tuvo que bajar a colocar cadenas en medio de la ruta y sintió que hasta ahí había llegado su sueño. “Me bajé y llamé llorando a mi instructor, pero me alentó a seguir", recordó.

Porque transportar combustible no significa simplemente manejar. Implica convivir permanentemente con la responsabilidad, revisar temperaturas, válvulas, neumáticos, comportamientos extraños y entender que cualquier falla puede convertirse en un accidente grave. “Aun cuando el tanque va vacío hay peligro. Tenés que estar atenta a todo el tiempo”, explica.

Deseaba mudarse y apareció Mendoza: “El lugar más lindo de Argentina”

Aunque ya había logrado entrar a un rubro extremadamente complejo y había encontrado una pasión inesperada, Romina todavía sentía que faltaba algo: concretar el sueño de irse de Tierra del Fuego. Quería cambiar de vida, empezar de nuevo y apostar por otro futuro para su familia. Fue entonces cuando alguien le habló maravillas de Mendoza.

Romina vera crespo hermosa foto

"Quería cambiar de vida, empezar de nuevo y apostar por otro futuro para su familia. Fue entonces cuando alguien le habló maravillas de Mendoza", recuerda. Aquí trabaja en una empresa que supo valorarla.

No conocía absolutamente a nadie. No tenía amigos, familiares ni contactos. Viajó apenas unos días para conocer y quedó impactada. Vio rutas, movimiento, empresas de transporte, bodegas y posibilidades. “Sentí que acá había muchísimo trabajo y pensé: alguien me va a tener que dar una oportunidad”, recuerda.

Volvió al sur, vendió junto a su marido los negocios familiares, armaron las valijas y se lanzaron a empezar de cero. Pero no fue fácil. Durante más de 6 meses golpeó puertas sin éxito. Muchas empresas ni siquiera querían darle una prueba de manejo. “Todavía hay muchísimo machismo”, reconoce.

Romina vera crespo grupal
De las 3 mil inscriptas en su promoción, solo quedaron 12 seleccionadas, entre ellas Romina.

De las 3 mil inscriptas en su promoción, solo quedaron 12 seleccionadas, entre ellas Romina. "Fue una alegría enorme".

Aun así, insistió. Llamó gerentes, encargados, dejó currículums y siguió buscando, hasta que apareció Coparoni, la empresa mendocina que decidió confiar en ella. Su primer trabajo en Mendoza fue manejando semirremolques cargados con pallets de botellas para bodegas. Recorrió la provincia entera transportando cargas y conociendo caminos internos, viñedos y paisajes que terminaron enamorándola.

“Cuando conocés Mendoza profunda no hay forma de no enamorarte”, dice.

Ese trabajo también le permitió ganar experiencia en nuevos tipos de camiones y adaptarse a otra dinámica completamente distinta a la del sur argentino. Hasta que este año recibió una noticia muy especial: Coparoni le ofreció volver al combustible y subirse nuevamente a un camión de YPF.

“Fue volver al lugar donde había arrancado todo”, resume.

Romina transporta sustancias peligrosas con estrictos protocolos

Hoy Romina maneja cargas peligrosas bajo protocolos estrictísimos de seguridad, en un ambiente donde la mayoría siguen siendo hombres. Aun así, asegura que encontró mucho compañerismo y también una enorme red de apoyo entre mujeres camioneras de distintas empresas. “Nos pasamos información, nos ayudamos, nos alentamos mucho”, cuenta.

También está convencida de que las mujeres llegaron al rubro para aportar cambios positivos. “No venimos a sacar nada, venimos a sumar. Incluso cosas básicas como pedir baños dignos o mejores condiciones de higiene sirven para todos, no solo para nosotras”, sostiene.

Romina vera crespo sonrisa

"Soy delgada, pero muchas tareas del rubro requieren más maña que fuerza", reconoce.

Mientras habla cuesta imaginar que esa mujer de voz suave y contextura pequeña pueda manejar enormes camiones cisterna cargados de combustible por rutas argentinas. Pero justamente ahí está gran parte de su historia. En romper prejuicios todo el tiempo.

“Muchos piensan que por ser delgada no voy a poder. Pero hay muchísimas cosas que requieren más maña que fuerza”, explica.

A los 38 años, con dos hijos, una mudanza extrema encima y una vida completamente distinta a la que imaginó de joven, Romina siente que finalmente encontró su lugar. Y todavía se emociona cuando piensa en aquella publicación casual de Facebook que la llevó a cambiarlo todo.

“A veces uno cree que ya es grande o que no puede arrancar de nuevo. Pero yo sentía que todavía tenía muchísimo más para dar”, dice.

Y mientras miles de litros de combustible atraviesan Mendoza arriba del camión que conduce todos los días, queda claro que aquella mujer fueguina que un día decidió reinventarse no solamente encontró trabajo. Encontró una nueva vida.