Apenas logró su primer suceso literario con Apocalipsis Z, una novela por entregas que se convertiría en una saga cinematográfica, Manel Loureiro (Pontevedra, 1975) abandonó su compromiso con el Derecho para dedicarse con exclusividad a su carrera de autor.
Manel Loureiro y otro adictivo thriller a tono con el mundo: "Hay una guerra larvada, basada en fake news, en manipulación"
Se considera "ex abogado". Escritor y guionista le dio vida a Antes de que todo cambie, una atrapante historia de acciíon y suspenso

Manel Loureiro con su última creación: "Antes de que todo cambie".
Foto: Cadena SER“Fui abogado durante muchos años hasta que la literatura me atropelló”, nos cuenta en la previa de esta entrevista dedicada exponer los secretos narrativos de Antes de que todo cambie, su nuevo thriller de acción y suspenso, género que es su especialidad y su fuente de suceso con un amplio público.
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Admite, con una sonrisa, que considerarse “ex abogado es como decir ex alcohólico”.
Sin embargo, ese bagaje le ayudó a darles más sustento a las principales líneas argumentales de esta historia sobre un ex agente de inteligencia español abocado a cometer un magnicidio de proporciones mundiales para cobrarse una dolorosa deuda personal.
Al mismo tiempo, defiende de manera concluyente la literatura de entretenimiento como un imperativo para atrapar a los lectores de estos días, cuya atención es cada vez más dispersa. Y quiebra una lanza en favor de Isabel Allende, atacada por algunos puristas tras haber obtenido el Premio Planeta.
Desde su Galicia natal, mirando el mar, donde suele ambientar sus aventuras, se explaya, con abrasadora simpatía, en el programa La Conversación de Radio Nihuil.
-Hola, Manel, ¿cómo andas?
-¿Qué tal? ¿Cómo estáis? Encantadísimo de hablar con vosotros. Efectivamente, estoy aquí, en Galicia, ¡frente al mar!, ahora mismo, en el corazón de las Rías Bajas.
-¡Cuánta envida nos das!
-Hombre, si afino mucho la mirada y giro, pues podría ver la costa argentina. Me quedáis un poco lejos en la distancia, pero muy cerquita en el corazón.
-¿Qué es Argentina para vos?
-Bueno, sabéis que allí a los españoles se nos llama gallegos por extensión, pero para los que somos gallegos de verdad, Argentina es casi como una extensión más de Galicia.
-Qué bonito. ¿Por qué?
-Hay tantos, tantos, tantos descendientes de gallegos viviendo ahí, que es muy raro encontrar a un argentino al que, rascándole un poco, no le encuentres una raíz gallega.
-Si lo sabremos nosotros en Mendoza, tierra vitivinícola. Gran parte de nuestra raigambre es española e italiana.
-Sí, sí. ¡Y qué vino, Dios mío!, ese malbec absolutamente maravilloso. Es algo fuera de serie, sí, señor.
-Ya que estás en la costa, precisemos que en tu novela hay muchas escenas, bastante intensas, en el mar. ¿Cuál es tu conocimiento al respecto? ¿Has hecho, más o menos, lo mismo que tus personajes? ¿Has navegado, nadado, te metiste bajo el agua a bucear?
-Dicen que al mar no hay que tenerle nunca miedo, pero sí respeto. Nunca le des la espalda a una ola y nunca te confíes demasiado. Pues, sí, yo he vivido toda mi vida al lado del mar.
-¿Cómo lo describirías?
-El Atlántico Norte, que es como el Atlántico Sur que baña las costas argentinas, es un mar maravilloso, bellísimo y un pelín traicionero. Nunca te puedes confiar, pero puedes encontrar cosas absolutamente fantásticas.
-Preguntaba porque tus descripciones son muy gráficas. Uno se siente adentro de la escena y entiende que la persona que las escribe conoce al dedillo lo que implica estar en esta situación.
-La documentación es fundamental en cualquier historia porque es lo que va a hacer que tú, como lector, tengas exactamente esa sensación; la sensación de estar dentro de la acción; de que, si llueve, te estás mojando; de que, si hace frío, tú estás pasando frío.
-Eso mismo. Y se agradece.
-Verás, siempre hay alguien que sabe más que tú de cualquier cosa. Eso es un principio básico cuando escribes. Lo que tienes que hacer es documentarlo bien, de tal manera que, cuando alguien esté leyendo un libro, tenga la sensación de que todo lo que está sucediendo es real.
-Claro, ayuda al viaje.
-En el fondo, una novela, como una película, es una mentira. Es decir, tú sabes, cuando estás viendo una película, que son actrices, que son actores. Cuando estás leyendo un libro sabes que es algo que ha salido de la cabeza de alguien. Pero las mejores mentiras, las mentiras buenas de verdad, son aquellas que tienen tantos elementos de verdad, que son indistinguibles.
-Claro. Juan Sasturain nos decía hace poco lo valioso que es incorporar elementos de la propia vida de uno porque eso contribuye consolidar lo verosímil de cualquier historia.
-Es fundamental. Los seres humanos tenemos una cosa absolutamente maravillosa, que es la suspensión de la incredulidad.
-Bien. Explicalo.
-Cuando estás leyendo un libro, cuando estás viendo una película, sabes que no es de verdad, como decíamos. Pero somos capaces de hacer algo, de girar una palanca en nuestra cabeza y, durante el rato que estamos viendo esa película o estamos leyendo ese libro, lo que ahí sucede es real; y todo lo que pasa afuera, todo lo que nos rodea desaparece.
-Ahí está el secreto.
-Es muy poderoso. Solo los seres humanos podemos hacerlo. Pero tiene un pequeño problema. Es muy frágil. Es muy frágil, y si pasa algo que lo rompe, te echa de una patada.
-Se derrumba el decorado.
-Es como cuando, en aquellas viejas películas de romanos, aquellos péplums históricos de los años setenta, apareció un legionario con un reloj de pulsera. O en Juego de tronos cuando, hace muchos años, apareció un café de Starbucks encima de la mesa, en el castillo de Invernalia.
-Tremendos descuidos.
-Tienes que evitar esas cosas. Tienes que ser muy cuidadoso construyendo narrativamente hablando para que la historia al final se transforme en algo tan, tan profundamente real, que quien lo esté leyendo o quien lo esté viviendo, no lo distinga de la realidad.
-Hay otra destreza tuya que destacan todas las reseñas y es el ritmo de la narración, cómo lo vas dosificando milimétricamente para mantener enganchado al lector de manera adictiva. Uno, mientras lee el libro, se lo imagina como un guion ya listo para ser llevado a la pantalla. ¿De qué manera lo preparás?
-Por una parte, es oficio. Al final, llevo muchos años dedicándome a esto y vas aprendiendo. Por otra parte, se trata de saber construir las historias de forma que el ritmo narrativo se mantenga siempre en alto.
-Damos fe.
-Es muy curioso. La pregunta me permite compartir con vosotros una cosa que a mí me sorprende mucho. Tú sabes que nuestra capacidad de atención ha caído a plomo en los últimos diez o quince años.
-Lo sabemos también los periodistas.
-Las redes sociales, los celulares tienen muchísimo que ver. Y esto no les pasa solo a las generaciones más jóvenes. Le pasa a todo el mundo. Te pasa a ti, me pasa a mí, es inevitable.
-¿Por qué, según vos?
-Porque nos hemos acostumbrado a narrativas muy cortas, golpes muy rápidos, descargas de dopamina muy potentes. Es ese scroll infinito que hacemos en las pantallas que devora nuestro tiempo. ¡Ojo! Estamos regalándole nuestro tiempo a alguien y el tiempo de ocio es una de las cosas más valiosas que tenemos.
-Y no solemos advertirlo.
-Eso significa que también cambia la manera de contar las cosas. Hoy en día los capítulos de los libros son mucho más cortos, mucho más rápidos, mucho más dinámicos. Tienen que tener un cliffhanger.
-Explicales a nuestros oyentes que es un cliffhanger.
-Es un tecnicismo que significa que tienes que dejar un gancho al final de la historia que haga que la gente tenga necesidad de saber qué es lo que va a pasar en el siguiente capítulo.
-Muy claro. Una herramienta clave, hoy por hoy.
-Entonces, si tú o si yo, en este caso, como escritor, consigo que estés leyendo sentado en el borde de la silla, estoy haciendo bien mi trabajo. Si consigo que digas eso de "un capítulo más y de verdad que ya lo dejo" y así hasta que te dé la una de la mañana, estoy haciendo bien mi trabajo.
-Qué más se puede pedir.
-En definitiva, si consigo esa sensación tan bonita y tan desgarradora a la vez de que llegues a las últimas cincuenta páginas de un libro y empieces a leer más despacito porque no quieres que se acabe, eso significa que he hecho bien mi trabajo. Y todo eso requiere, pues eso, del dominio de muchas herramientas que se aprenden con el tiempo, con el oficio, que son el ritmo narrativo, las pausas, etcétera.
-Los matices de todo buen relato que atrape.
-A veces la acción tiene que ir muy rápido, a veces tiene que ir mucho más despacio, de manera mucho más pausada. Y tienes que saber jugar con ella para que al final quien lo esté leyendo no se dé cuenta del artificio del muñeco. Esto es casi metaliteratura. Va más allá de la historia, va de cómo se cuentan las historias.
-Justo acaba de postear un escritor español, un colega tuyo, Rafael Narbona, que está muy indignado por el Premio Planeta que le han otorgado a Isabel Allende. Dice, textualmente, entre muchas otras cosas, que Allende "no hace literatura, sino entretenimiento". Y Sasturain, justo se queja de opiniones como esta. Señala que el entretenimiento está subvalorado. Y agrega: "El entretenimiento tiene un lado maravilloso, que es la posibilidad de captar tu atención". Manel ¿qué es lo malo de que un libro sea entretenido?
-Yo no puedo estar más en desacuerdo y más en contra de esa afirmación, con todos mis respetos.
-¿Por qué?
-La literatura, leer, para mí, tiene que ser divertido. Tú puedes escribir para muchas cosas. Tú puedes escribir para educar, puedes escribir para hacer reflexionar, puedes escribir, como con la poesía, para emocionar o puedes escribir para entretener.
-Claro. ¿Por qué no?
-La lectura tiene que ser apasionante, tiene que ser divertida. No tiene que ser un ejercicio académico permanente. Hay muchos tipos de literatura, pero no tienes por qué hacer de la literatura una competición de ver quién es más técnico o es capaz de hacer más arabescos y más cosas complicadas.
-¿Qué hay que hacer, entonces?
-Lo realmente difícil es construir una historia que, como se dice vulgarmente, te enganche. ¿Sabes? Es eso de ¡necesito llegar a casa para seguir leyendo ese libro! Puedes escribir técnicamente muy bien y no conseguirlo nunca. Pero, cuando lo consigues, lo que no puedes hacer es desmerecerlo por sistema. Por eso te digo que, con todos mis respetos, yo mantengo una opinión diametralmente opuesta.
-¿Y en el caso puntual de Isabel Allende?
-Creo que Isabel Allende no tiene que demostrar nada a nadie. Es una autora más que reconocida en todo el mundo. Y sí es curioso que ahora, con ochenta y cuatro años, haya ganado el Premio Planeta.
-Nunca es tarde para estos reconocimientos.
-Os voy a contar una anécdota para que os deis cuenta de lo atontado que ando yo a veces. En la gala de entrega del premio, yo estaba sentado muy cerca del escenario. Y en la mesa de al lado había una señora mayor, muy elegante, que a mí me sonaba muchísimo. Yo a esta cara la he visto en alguna parte, me decía. La tenía a dos metros hasta que, de repente, dicen su nombre y se levanta. ¡Era Isabel Allende! En ese momento fue como ¡tierra trágame!
-(Risas) Nada grave, por cierto. Es notable, por otra parte, que los puristas, que buscan en la literatura la verdad, la belleza y esas cosas, acaso legítimamente, después se quejen porque la gente no lee. Resulta contradictorio. ¿Hay algo de envidia hacia los autores llamados superventas, los bestsellers?
-Vamos a ver. Creo que pueden convivir todos los tipos de literatura. Puede haber unos libros que sean de consumo masivo, que los disfrute un montón la gente y otros libros mucho más técnicos, más complicados, más difíciles, que son para un público más elitista. Pero, claro lo que no puedes pretender es ser las dos cosas a la vez. O eres un autor popular o eres un autor de minorías. Por definición, son cosas diferentes.
-¿Por qué cuesta tanto entenderlo o respetarlo?
-Por ejemplo, ahora mismo, hay un género que está rompiéndola en todo el mundo. El famoso romantasy, esta mezcla entre romance y fantasía. Son estos libros que tienen títulos complejos con un montón de subordinadas, sobre una corte de no sé qué y no sé cuánto, un reino de no sé qué y no sé cuánto.
-Sí, como Una corte de rosas y espinas, de Sarah Maas.
-Son fáciles de identificar en las librerías porque tienen los cantos pintados, con dibujos muy bonitos. Ahora mismo es una de las corrientes literarias más populares. Venden millones de ejemplares.
-¿Y qué tal?
-He visto algunos. Aclaremos que yo no soy su público objetivo porque es una literatura sobre todo para adolescentes. Técnicamente, son muy pobres, no son muy complejos, tienen unos tropos que se repiten mucho, los personajes son muy esquemáticos. Yo debería decir: es una porquería de literatura. Y no. No. Todo lo contrario.
-¿Por qué no?
-Porque están haciendo algo absolutamente maravilloso. Esos libros, para lo que están sirviendo es de puerta de entrada a la literatura a miles, a cientos de miles, a millones de nuevas lectoras, sobre todo, y a nuevos lectores, chicas y chicos que en algún momento dirán: esto ya se me queda corto, necesito algo más.
-¡Esa es la clave!
-Y en ese necesito algo más es cuando de repente aparecemos otros. Pero lo que están haciendo, repito, es maravilloso y me saco el sombrero y hago una reverencia enorme frente a las autoras y autores que están escribiendo ese tipo de género porque están haciendo un gran favor, no sólo al mundo literario en general, sino a muchas personas a las que les están haciendo aficionadas a las lecturas.
-¿Qué más se puede pedir, sobre todo en estos días?
-Y no olvidemos una cosa. Alguien que lee es alguien que es más difícil de engañar. Alguien que lee es alguien que va a entender mejor el mundo. Y alguien que lee es alguien a quien va a ser más complicado que le metan un gol y que le hagan creer cosas que no son.
-Has dicho algo brillante porque, aparte, esa literatura que estás describiendo es otro puente que une dos mundos muy caros a los adolescentes, que son los videojuegos y la literatura.
-Claro. ¿Qué es lo más valioso que tenemos? ¿Qué es lo más valioso que tienes tú, que tengo yo o que tiene cualquiera que nos esté escuchando ahora mismo? Pues hay tres cosas fundamentales. Primero, la salud, lógicamente. El dinero también es muy importante porque es lo que te permite hacer cosas. Pero una de las cosas más valiosas es nuestro tiempo libre, porque tenemos muy poquito.
-Ciertamente. Lo dijimos hace un rato.
-Tú tienes un tiempo de ocio limitado, yo también. Y ese tiempo de ocio tenemos que decidir en qué lo invertimos. Hasta no hace mucho, en cuanto al tiempo de ocio, el líder indiscutible era la literatura. Ocupaba un trozo muy enorme.
-¿Y qué pasó?
-Que hoy en día un libro tiene que competir con salir a dar una vuelta con los amigos, ir a hacer deporte, ir a una cancha de fútbol a ver un partido, ir a un teatro, ir al cine, ver la televisión, jugar a videojuegos. Fíjate todos los rivales que le han ido apareciendo a este viejo entretenimiento, que además tiene una dificultad añadida: los otros son pasivos.
-La tienen más fácil.
-Quiero decir, tú te vas a ver un partido de fútbol, a una cancha y tú simplemente te sientas y ves qué es lo que sucede. Ves una película y es lo mismo. Pero un libro exige que tú leas, que transformes esos caracteres en conceptos. Claro, lo que te da a cambio es la mejor experiencia.
-¿Cómo es esa experiencia?
-No hay nada que te impacte tanto como un libro. Hay películas que te pueden emocionar y que te pueden hacer ver la vida de otra manera. Sólo un libro te puede cambiar la vida.
-En tu libro, la trama que apunta a un posible magnicidio por parte de un ex agente de inteligencia involucra a todos los poderes, desde la política a los servicios españoles, la CIA, el Mossad, los yihadistas, los rusos, los narcos, etcétera. Es como si hicieras una descripción del estado actual del mundo. ¿Fue esa tu intención?
-Dicen que los escritores somos personas muy observadoras que, en el fondo, no dejamos de ser como testigos de lo que sucede a nuestro alrededor. Y hoy en día vivimos un momento histórico complicado.
-¿Cuán complicado?
-Todas las mañanas, tanto en Argentina como en España como en cualquier país del mundo, nos levantamos y nos asomamos a las noticias un poquito con el corazón encogido. Abrimos el periódico o escuchamos la radio o encendemos los informativos diciendo a ver qué es lo que ha pasado hoy, a ver qué nueva ocurrencia ha tenido alguien en algún lugar del mundo y cómo me puede afectar esto.
-La incertidumbre nuestra de cada día.
-Esos momentos convulsos históricos suceden de vez en cuando. Y en uno de esos momentos estamos. Curiosamente, además, los magnicidios, es decir, los asesinatos de dirigentes políticos, son muy comunes en esas épocas. Es como el canario en la mina.
-Una alerta.
-Siempre que se produce un magnicidio, cambia el mundo, desde la antigüedad. O sea, asesinan a Filipo de Macedonia, llega Alejandro Magno, cambia el mundo. Asesinan a Julio César, llega Augusto, cambia el mundo. Kennedy, Lincoln, el archiduque Francisco, estalla la Primera Guerra Mundial. Gandhi. Cada vez que hay un magnicidio el mundo cambia y suelen coincidir en estos momentos de tensión.
-¿Qué está sucediendo, de ese calibre?
-Fíjate qué cosa voy a decir, qué obviedad más grande. Ahora mismo hay una guerra. Pero no me refiero a Ucrania ni a nada de esto que aparece en las noticias. Hay una guerra larvada, una guerra oculta y esto lo he descubierto haciendo el trabajo de documentación de mi novela.
-¿Cuáles son sus características?
-Hay una guerra que está por debajo de la mesa. Es una guerra que se basa en fake news, en mentiras, en desinformación, en manipulación. Es una guerra secreta de la que sólo nos damos cuenta cuando, por ahí, aparece una onda en la superficie. No es lo habitual, pero de vez en cuando lo vemos.
-Este es tu telón de fondo.
-En ese mundo es donde aparece esta historia, la de Antes de que todo cambie; la de un hombre, Sam, su protagonista, al que de repente, en uno de los peores momentos de su vida, cuando está pensando en pegarse un tiro de lo desesperado que está, una mujer misteriosa le propone que mate a todos los dirigentes de la Unión Europea.
-¡Nada menos!
-A todos y cada uno de ellos, en un solo golpe magistral, porque, aunque él no lo sepa, es el único que puede hacerlo. Y, además, tiene todos los motivos.
-Unos motivos muy comprensibles, por otra parte.
- Claro, ¿quién está detrás de eso? ¿Por qué quieren matar a todos estos dirigentes? ¿Cómo lo va a hacer Sam? ¿Por qué utiliza una especie de cabeza de turco? Y, sobre todo, ¿a quién va a beneficiar esto? Pues, las respuestas están en la novela.
-Hablando de esa persona misteriosa que lo va a buscar a Sam Hoyos, digamos que tu historia está plagada de mujeres inquietantes. Como en los clásicos de la novela negra, son de cuidado, bastante tramposas, pero también con mucho poder detrás. Hasta la rival de Sam, desde el lado de la ley, es una mujer. Te has empeñado bastante en esto.
-Los personajes femeninos me fascinan. Creo, incluso, que son más interesantes que los personajes masculinos. Y para mí suponen un reto.
-¿Por qué? ¿En qué sentido?
-Suponen un reto porque yo soy un hombre y, si tengo que construir un personaje femenino, tiene que sonarles real a las lectoras; que cuando una lectora, una mujer, coja el libro, las protagonistas femeninas actúen, piensen y sientan como siente una mujer; que no sea una especie de monstruo raro que yo he creado. Eso por la parte de dificultad.
-¿Y además?
-Por otra parte, como te decía, los personajes femeninos son muchísimo más interesantes para mí porque están llenos de matices.
-¿Como cuáles?
-Hombres y mujeres somos exactamente iguales en cuanto a lo que son las respuestas racionales e intelectuales. En las respuestas emocionales es donde empieza a haber diferencias, donde enfocamos las cosas de manera distinta. Eso hace que los personajes femeninos tengan una cantidad de matices que a mí me resultan muy interesantes y que espero que a los lectores y a las lectoras les resulte lo mismo.
-Hay que decirte una cosa, Manel. Has jugado completamente a favor de ellas, porque son casi todas vampiresas. No hay un solo hombre en tu novela que tenga el atractivo personal que tienen tus mujeres.
-(Ríe) Pues fíjate, hasta ahora, y mira que llevo meses de promoción con este libro, nadie me había hecho esa reflexión en voz alta. Y tienes razón. Es, quizás, mi manera de verlas a ellas. En el fondo, no puedo evitar acabar trasladando a lo que escribo mi manera de percibir el mundo.
-Es que, más allá de que sean buenas o malas, tienen todas un aura muy atractiva, un cierto erotismo que no se los has trasladado a tus personajes masculinos. No se encuentra ningún Brad Pitt en la novela.
-(Ríe) También párate a pensar que a lo mejor lo que sucede es que a ti ellas te resultan atractivas y no te gustan ellos, que eso es otra cosa. Está la percepción como lector. Ya que hablas de actrices y de actores, varios de mis libros se han convertido en películas y estoy en proceso de adaptación de otros, incluido este. Y los procesos de casting son terroríficos.
-¿A qué se debe?
-Porque, de repente, cuando le tienes que poner una cara de carne y hueso a un personaje que sólo existía en papel, a mí siempre me resulta fascinante ese momento en el que me siento en la mesa de producción con productores, directores, delegados de plataformas y todo esto. Y te das cuenta de que cada uno ha visto una persona distinta en el papel, aunque tú lo hayas descrito.
-¿No es inevitable eso?
-Es la manera que tiene la literatura de que tú hagas tuyos los personajes y los transformes en la persona que tú quieres. Después, por supuesto, están los problemas de presupuesto, de agenda de algunos actores, de actrices, el conseguir que se metan en el papel. A veces hay bofetadas por conseguir un papel y a veces hay papeles que son difíciles de cubrir. Es muy curioso.
-La novela no es un campo de batalla entre buenos y malos. No hay héroes impolutos ni villanos absolutos. Y dentro de ese juego ambiguo que representa el mundo, la que no queda bien parada es la política que, entre otros asuntos, entorpece la investigación policial.
-Sí. Antes te decía que es también una percepción del tiempo hostil que nos ha tocado vivir. Acabo de estar en Argentina hace muy pocas semanas y he percibido lo mismo que se percibe prácticamente en cualquier país europeo. Ahora mismo hay una polarización extrema. Ya no hay rivales, hay enemigos. Y esto es una evolución de cómo se ha llevado el lenguaje político a un terreno casi casi bélico.
-Ciertamente. El escenario se repite en todos lados.
-Veamos. Los midterms en Estados Unidos han sido un enfrentamiento a cara de perro. Hay un proceso de elecciones abierto en un montón de países y la tensión es absolutamente enorme. Hace apenas unas semanas el presidente argentino estuvo de visita en España y entró de lleno en la precampaña electoral como un elefante en una cacharrería.
-Tal cual.
-¿Qué significa todo esto? Que es un momento en el que la política se ha convertido, no en el arte de la gestión de lo público, que es lo que debería ser, sino en una especie de lucha de egos y lucha de poderes que en ocasiones acaba perjudicando a los ciudadanos, al administrado.
-Ese es tu escenario, precisamente.
-Y es ahí donde los personajes de Antes de que todo cambie notan ese ambiente. Que no digo que sea hostil, pero sí que hay un cierto hastío con la política, una cierta sensación de que ya no se trata tanto de conseguir el beneficio del colectivo, de la ciudadanía, como una lucha de egos y una lucha de poderes.
-Tu novela describe muy bien ese clima. Y la realidad te termina dando la razón porque el panorama electoral en la España de Pedro Sánchez es, como vos decís, una lucha muy enconada. Hasta el reciente accidente de trenes termina siendo parte de la tensión política.
-Es terrible. Ahora mismo vivo en un país absolutamente conmocionado por lo que ha sucedido. Es el segundo accidente de un tren de alta velocidad en un año y resulta inadmisible.
-Se entiende porqué les ha pegado tanto a ustedes.
-Quiero decir, el segundo país del mundo con más kilómetros de vías de alta velocidad después de China es España, por delante de Japón, de Alemania, de Francia. Es una manera de entender el transporte, de cómo te desplazas de una punta a otra, en trenes que van a más de 300 kilómetros por hora y se ha quebrado. Se ha quebrado la confianza. Es admisible que tú te subas en un tren pensando si vas a llegar tarde o temprano. Vale. Eso lo puedo comprar. Lo que no es admisible es que te subas en un tren pensando si vas a llegar vivo o no.
-Eso es tocar fondo.
-Ha habido un momento de conmoción nacional. Es prácticamente imposible que dos accidentes así sucedan en tan poco tiempo, pero ha pasado. Necesitamos saber por qué y, sobre todo, qué hay que hacer para que no vuelva a pasar.
-Volviendo a la novela, destaca tu habilidad para construir un personaje como Sam, que podría haber sido un tipo querible, como el guardaespaldas de Clint Eastwood. Pero se transforma, por decisión propia, en un terrorista que va a cometer un atentado terrible. Y, sin embargo, uno, como lector, no puede abandonar la simpatía por él. Esa ambigüedad es parte de la riqueza de tu historia, ¿no?
-Esa es la base. Había una dificultad enorme al principio. Sam, el protagonista, es un villano, es un terrorista. Es un tipo que va a matar a personas inocentes. Es alguien que te tiene que caer mal. Y, sin embargo, yo tenía que conseguir que desde el primer momento los lectores tuviesen esa sensación de empatía con él, que dijesen “lo que estás haciendo es horrible, pero yo en tu lugar haría exactamente lo mismo”.
-Y es lo que sucede, así de simple.
-Claro, eso es muy complicado, porque este tipo de historia se nos ha contado muchísimas veces desde el punto de vista del policía que trata de impedirlo, de los agentes que quieren abortar estos golpes.
-Esa es la línea clásica.
-Normalmente los terroristas se plantean, se dibujan como tipos fanáticos. Su ideología o su religión se imponen ante todo y no les importa nada más. O casi como seres robóticos a los que todo les da exactamente igual.
-De manual.
-Aquí estamos hablando de una persona, Sam, que sabe que lo que está haciendo está mal. Se siente mal. Él, si pudiese escoger, no lo haría. Es más, aunque no hay nadie poniéndole una pistola en el pecho, sabe que lo que hace tiene unas consecuencias terribles y que posiblemente le cueste la vida. Y, aun así, sabe que no tiene más alternativa y que ese es el único plan posible.
-Eso es lo que te mantiene pegado a los sucesos.
-Es que tú, como lector, vas a llegar a la misma conclusión y vas a entender que, por terrible que te parezca, deseas que su plan salga hacia adelante.
-Sucede que, en este sentido, Sam tiene una ventaja. No es un terrorista hecho y derecho. No tiene carrera terrorista. La realidad, de golpe, lo vuelve así. Hasta el punto de que él, a los primeros que contrata para cometer su acción, sí son terroristas fanáticos de verdad. ¡Y él sufre por eso!
-Totalmente. Me ha hecho muchísima gracia esa expresión que has utilizado: él no es terrorista de carrera (risas). Hombre, no sé cómo es un terrorista de carrera, pero entiendo perfectamente lo que quieres decir. Y ahí es donde está parte del encanto de la historia, ¿no?
-Es lo que veníamos diciendo.
-Cómo, de repente, te vas a ver de la mano de un tipo que solo puede tomar decisiones erróneas. ¿Tú te das cuenta lo fastidiado que es eso? Es decir, cuando tienes delante un montón de decisiones y todas son malas y no hay una sola decisión buena que te pueda sacar de ahí y tienes que tomar la que tú consideras que es menos mala, pero, aun así, es terrible.
-Un bucle infernal.
-Bueno, pues esa es la historia de Sam. Y todo eso metido en una peripecia, en una aventura llena de giros, de sorpresas y de secretos, porque, al final, se trata de que, como decíamos antes, leer tiene que ser divertido y Antes de que todo cambie tiene que ser una historia divertida.
-Esa es, en definitiva, la clave de todo lo que hemos venido charlando.
-Mira, el mundo de la literatura es de una competitividad brutal. Cuando entras en una librería, ¿qué es lo que ves? Ves a tu alrededor miles de títulos y todos te están gritando desde sus portadas lo mismo: “¡Escógeme a mí, escógeme a mí!”. Y el problema es que, aunque la oferta es casi infinita, el dinero habitualmente es finito y tienes que escoger muy bien qué es lo que te llevas a casa porque, al final, no solo estás invirtiendo el dinero. Estás invirtiendo lo que hablábamos antes, tu tiempo libre, que es mucho más importante
En pocas palabras
- Manel Loureiro: el escritor, ex abogado, lanza su nuevo thriller "Antes de que todo cambie", explorando acción y suspenso.
- Ficción y realidad: Loureiro destaca la importancia de la documentación para crear verosimilitud y la suspensión de la incredulidad del lector.
- Crítica a la literatura: Defiende la literatura de entretenimiento frente a purismos, argumentando que su función principal es captar la atención del lector.