Habla en un susurro, como para adentro. Debe ser porque nació y vivió hasta los 22 años “cuando me tocó el servicio (militar)” en un puesto, en el interior del interior, y allí no hace falta levantar la voz. Ramón Sotero Ojeda tiene ahora 75 años y entre sus recuerdos está aquella vez que, allá por el '75 y en medio de una truqueada cuando era operario de máquinas viales, se le ocurrió pedir una ruta que uniera los puestos de La Paz. Hoy ese pedido, casi diagramado por Sotero Ojeda, es una ruta provincial.
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"Soy nacido al sur de La Paz, a unos 50 kilómetros, que ahora son menos porque el camino es más recto", dice. "No hay trabajo que no he hecho", agrega.
Tiene tres hijas y 9 nietos. Esa la familia la construyó con Elba Elsa Pérez (61), su compañera de toda la vida.
A pesar que hace años viven en la villa cabecera del departamento más oriental de Mendoza, siguen ligados con los puestos. Incluso Elba, activa e inquieta, está intentando que se realicen gestiones para que se coloque alguna antena de telefonía para que los puestos más alejados puedan mantener comunicación con las áreas más pobladas porque "cuando desapareció Nextel nos quedamos sin nada y a veces que alguno que queda en medio del campo y no tiene cómo avisar".
Después del servicio militar comenzó a trabajar de maquinista vial, para una empresa privada, que estaba en ese momento realizando tareas en La Pampa. "Después estuve en Chilecito (La Rioja), en San Luis… siempre como maquinista", afirma.
Era 1975 y en uno de esos trabajos, mientras se hacía una represa en La Rioja, un día, "fuimos a una finca para pedir éter para hacer arrancar la máquina y conocí a un suboficial principal del Ejército y nos pusimos a conversar. Al tiempo nos volvimos a cruzar en un truquito que jugábamos una tarde y ese día le conté de dónde era y las dificultades que tenían los puesteros para llegar a La Paz, porque solo eran huellas las que había. Le dije que nos vendría bien un camino y me propuso que hiciera una nota, con firmas de los puesteros, y que él se encargaría de entregarla".
Pasó el tiempo, entre Isabel Martínez de Perón y el Golpe, pero el camino comenzó a hacerse, con algunos intervalos en donde la obra quedó parada. Incluso se produjo alguna discusión entre puesteros sobre el trazado pero, cuando un funcionario se apareció en los campos de La Paz, encaró a Sotero Ojeda y le dijo: "El camino se va a continuar por donde usted diga".
Hoy ese camino es la Ruta Provincial 77, que nace en la villa cabecera de La Paz, arranca hacia el Sur atravesando el departamento, y empalma con la 146. Se puede llegar casi a cualquier parte desde allí y, especialmente, se puede sacar sin mucho problema la producción ganadera de los puestos. "Ahora es un enripiado duro. Está buena", dice aquel que la imaginó.
Siguió pasando el tiempo y "se vinieron las sequías y las niñas tenían que estudiar", entonces toda la familia se afincó en el pueblo de La Paz. "Ocho años trabajé en el municipio hasta que, sin siquiera un llamado de atención, me despidieron", cuenta el hombre.Era 1995 y había asumido como intendente Sergio Pinto.
Para esos años, Ramón Sotero Ojeda ya había comenzado a hacer algunas artesanías en cuero, sumándose a la actividad de Elba, que "hacía tortitas, pan casero, queso de pata, ravioles, canelones…", recuerda ella.
A esta altura hay que recordar que La Paz es un pueblo de paso, donde solían parar todos los viajeros y los productos artesanales y los alimentos caseros se vendían bastante bien.
Quiso el destino que, apenas despedido de la municipalidad, "el Banco Nación y el Gobierno de la Provincia me dieron una distinción por mi trabajo de artesano. Entonces desde la municipalidad se quisieron abuenar, pero a mí ya me corría veneno por las venas" y se negó rotundamente a hacer las paces y regresar a la comuna. Nunca más volvió a trabajar allí. Desde ese momento y hasta hoy sigue viviendo de su trabajo en cuero.
Incluso sus trabajos son considerados como de las mejores de Mendoza y se venden en las principales casas de la capital provincial. "Ahora no estoy haciendo nada, porque ando mal de la columna, pero ya voy a volver a hacer algo…", asegura.
Allí, en una casa muy simple, vive don Ramón Sotero Ojeda. Ese hombre casi ignorado y que apenas levanta la voz, un día tuvo la idea de que sus paisanos necesitaban una ruta. Y la hicieron como Sotero Ojeda la pensó.
