“Perdí mucha masa muscular, mucha tonificación. Todavía hay una parte de la pierna derecha en la que no tengo sensibilidad y tampoco en tres dedos de mano izquierda. Ni en el hombro derecho”, dice Alejandro Caraballo (32), desde la sala de cuidados comunes de Covid – 19 de la Clínica de Cuyo. Pero esto es todo un avance. Hace pocos días estaba inconsciente y entubado en la sala de terapia intensiva y sus esperanzas de vida eran escasas. Parecía que el coronavirus iba a truncar su vida. Fue el plasma donado fue el que lo hizo “volver a nacer”, como dice él.
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Alejandro es enfermero. Trabaja desde 2018 en la guardia de la Clínica de Cuyo y desde abril pasado en la guardia Covid del Hospital Central. El sábado 1 de agosto tuvo los primeros síntomas y el martes 4 el resultado del hisopado le dio positivo. Cuenta que siempre tomó todas las precauciones personales para evitar el contagio, pero “tengo dos trabajos, vivo lejos, estaba cansado, estresado, débil, la carga viral fue muy alta y de niño tuve una neumonía que me dejó secuelas en el pulmón derecho”.
Todo eso hizo que su cuadro se complicara y terminara muy grave, luchado por su vida. Hoy, todavía internado y esperando resultado negativo del siguiente hisopado, dice que “sí, volveré a trabajar apenas recupere fuerzas y también donaré plasma, porque es la única forma efectiva de superar esto para los pacientes graves”.
Alejandro Caraballo es de Costa de Araujo, Lavalle. Su padre es chapista y su madre trabaja en una empresa de limpieza. Tiene tres hermanos menores, dos hombres y una mujer. Ellos trabajan con el padre y ella también hace tareas de limpieza. Los hermanos le han dado dos sobrinos, que Ale quiere como si fueran sus hijos. Hace apenas 4 meses convive con Belén, su novia, y dice que “queremos hijos, pero todavía no. Ambos tenemos proyectos y metas a cumplir”.
Su primer trabajo fue con su padre, en el taller, pero luego dice que vio la carrera de enfermería “como una salida laboral rápida”, comenzó a estudiar en 2010 y “después se transformó en vocación”.
El trabajo en pandemia ya le había dado un alerta a Alejandro en mayo. “Tuve una febrícula, pero con paracetamol y un baño tibio bajó. Igualmente me interné y me hicieron el hisopado, pero dio negativo”.
Pero el sábado 1 de agosto, por la tarde, "comencé con una pequeña mialgia, febrícula, dolor de cabeza y una tos muy leve. Pensé que esta vez iba a hacer igual que lo que me ocurrió en mayo pero, al contrario, los síntomas no disminuyeron y di aviso a mis supervisoras el domingo a la mañana”.
El domingo 2 “me hice el bolso y me vine a la guardia, donde ya me esperaban y me internaron. El lunes me hicieron el hisopado y el martes dio positivo”. Además ya le habían hecho una tomografía, que detectó una neumonía.
Alejandro habla lento. Tiene poca energía aún. Su voz retumba en la sala de cuidados comunes de pacientes de Covid. Cuenta que “la primera semana estuve bien, mantenía febrícula pero nada más”, pero el viernes 7 “me descompensé. Saturaba al 85% y me pusieron oxigeno, para tratar de estabilizarme, pero el cuadro no revertía y decidieron pasarme directamente a terapia, en donde ya estaban esperando para entubarme. A partir de ese momento ya no recuerdo más nada ya que me indujeron un coma farmacológico para poder hacerlo”.
Fueron 7 días así. Una laguna en la mente de Alejandro. Pero, mientras tanto, su familia y sus compañeros de trabajo lanzaron una campaña para conseguir donantes de plasma de pacientes recuperados.
“Mi familia me ha contado que todos los días, a las 14, les daban el parte médico y las noticias no eran muy favorables. Les decían que no evolucionaba, no me daban chance de nada y ellos pedían a gritos la donación de plasma, que era lo único que me podía salvar”.
Cuenta que “mis padres me dicen que habían conseguido 90 donantes. Los médicos me dicen que me colocaron solo 400 centímetros cúbicos, en dos aplicaciones”.
Lo cierto es que el tratamiento fue efectivo y el cuerpo de Alejandro reaccionó. “El viernes 14 me extubaron y me despertaron. Estaba muy confundido, no estaba orientado en tiempo y espacio, no sabía quién era, qué día era, qué hora era. El primer día fue un día de restauración”.
El sábado fue un día algo mejor. “Me dieron el celular, para que me pudiera comunicar. No tenía fuerza en las manos y al comienzo no lo podía agarrar. Tampoco recordaba la clave de desbloqueo, me costó muchísimo poder utilizarlo. Solo quería agua, agua, agua… tenía necesidad de líquido pero apenas me mojaban los labios con una gasa. Fue un día complicado. Pero empecé a ubicarme lentamente”.
La prevención y la donación de plasma
Cuando pudo utilizar su celular Alejandro vio la repercusión que había tenido su caso. “Me di cuenta la movilización que se había armado, toda la gente que se había preocupado. Mi teléfono estaba repleto de mensajes. Todo fue muy loco para mí, hasta hoy todavía no lo puedo procesar muy bien”.
Dice que todavía hoy “hay parte de mi cuerpo en donde no tengo sensibilidad, va a costar un tiempo recuperarme. Fue mucha medicación fuerte, muchos sedantes. Hay un daño celular. En la pierna derecha, bajo ingle, no tengo sensibilidad. Tampoco en tres dedos de la mano izquierda y en el hombro derecho tampoco siento nada. No tengo fuerzas, me cuesta bastante todo”.
Cuenta que el lunes 17 lo hisoparon nuevamente y aún dio positivo y cuenta que este martes volverán a realizar el proceso. Su alta depende de esos resultados.
Sostiene que “volví a nacer y estoy muy agradecido. Ahora puedo levantarme solo, darme una ducha y cepillarme los dientes”. Dice que “me quiero ir, no lo puedo negar, pero estoy muy conforme con la atención, porque han hecho hasta lo imposible por mí”.
-¿Qué podés decirles a las personas que están viviendo esta pandemia?
-Primero, sobre el #quedateencasa, le digo a la gente que no puede hacerlo porque es sostén de familia, que depende de sí mismo, que sigan todos los protocolos, que se cuiden al extremo. Y al que no tenga necesidad de salir, que no salga. Hay gente que piensa que esto no existe, que es una broma, que esto es un chiste, un negocio, una mentira. A ellos les puedo decir que se cuiden más que nunca. Si no lo hacen por ellos, al menos que lo hagan por sus familias. Les digo: no salgas, porque está muy complicado. Mis amigos y colegas estamos cayendo, de a uno. Espero que no tengan que contagiarse para tomar consciencia.
-¿Y sobre la donación de plasma?
-Me encantaría que se tome conciencia sobre la importancia de la donación de plasma. Una donación de plasma no te quita la vida, no te afecta en nada y hay alguien que lo puede necesitar. Me preocupa que no esté suficientemente difundido esto. Les digo a quienes se han recuperado, que no esperen, que no duden. Hay gente que la está pasando muy mal y el plasma les puede salvar la vida.
Alejandro Caraballo dice que “voy a volver a trabajar, por supuesto”, cuando le den el alta y recupere energías. Y también dice que “voy a donar plasma, sin duda”.
Y luego insiste: “Que la gente tome conciencia. Lo que está pasando es triste. El invierno está por irse pronto, pero el virus va a estar aquí por bastante tiempo más. La llegada de la primavera, del verano, puede hacerles pensar que acá no pasa nada. Pero no es así. Hay que cuidarse mucho”.
