Hay lugares con magia. Espacios que parecen diseñados para que la naturaleza y la cultura se abracen sin estridencias. Uno de esos rincones se encuentra en el piedemonte mendocino, allí donde los caminos de ripio serpentean al pie de la cordillera y el aire cambia de textura. Puesto del Indio con su exclusivo restaurante Isidris se han convertido en uno de esos refugios donde el lujo dialoga con la rusticidad y donde cada detalle parece pensado para que el visitante se sienta en el centro de una postal.
En el piedemonte mendocino, un almuerzo federal y una pastelería de infancia conquistaron a todos en Isidris
Puesto del Indio vivió una experiencia única: sabores de todo el país en un menú maridado con Trivento y, por la tarde, pastelería argentina que hizo viajar a la niñez

Con una vista inigualable, Luciano García, Claudio Lucero y Nacho Molina elaboraron platos típicos argentinos y pastelería de primer nivel.
Foto: Cristian Lozano / Diario UNOEste sábado Isidris celebró una jornada que dejó huella: Almuerzo Federal, un recorrido por Argentina, y Pastelería Argentina, sabores de nuestra infancia. Una experiencia gastronómica de altura que reunió a tres cocineros apasionados —Luciano García, Nacho Molina y Claudio Lucero— y que convocó a mendocinos y turistas en un clima perfecto: sol radiante, aire puro y la montaña como telón de fondo.
Un escenario único en el piedemonte mendocino
Quien llega a Puesto del Indio descubre un predio de 12 hectáreas que combina naturaleza indómita con diseño contemporáneo. El complejo cuenta con hotel, lodges, cava, spa, canchas de pádel, piscina climatizada y hasta helipuerto, pero es el restaurante Isidris el verdadero corazón del lugar. Con su arquitectura en piedra y madera, ventanales abiertos al paisaje y una cocina que rinde homenaje a la tradición argentina, se ha transformado en un destino obligado para quienes buscan más que un simple almuerzo: buscan una experiencia.
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El legado de Don Alfredo Vila, visionario creador de Dalvian, se respira en cada rincón. Allí donde antes había un puesto humilde, hoy late un espacio pensado para el descanso, la aventura y, sobre todo, el disfrute de la buena mesa.
Un almuerzo autóctono y un viaje por la Argentina
La primera parte de la experiencia comenzó al mediodía. Los chefs diseñaron un menú que llevó a los comensales por un viaje sensorial a través de distintas regiones del país, maridado con los vinos de Bodega Trivento.
El arranque fue contundente: tomaticán con huevo de codorniz, pinchos de queso criollo, salame y aceitunas, sopaipilla de conejo con pesto de rúcula, sopa paraguaya y chipá a la parrilla. La mesa se llenó de colores, aromas y texturas que despertaban la memoria.
Las empanadas salteñas, con su masa perfecta y el relleno jugoso, fueron una de las estrellas de la jornada. No menos lo fue la humita norteña acompañada con molleja crocante, un contraste de suavidad y crocantez que arrancó aplausos. Luego llegó el ragout de cordero con crema de papa y romero, plato de montaña que abrazaba con cada bocado, y una fresca ensalada de trucha patagónica a la parrilla, que aportó ligereza al banquete.
El cierre dulce del almuerzo incluyó ponderaciones con arrope de chañar y crema helada, y un clásico infaltable: flan de dulce de leche con crema. Postres simples en su esencia, pero elevados a categoría de autor.
La mirada de los chefs que brillaron en Isidris
El pastelero y docente Luciano García, entrerriano radicado en Buenos Aires, destacó la importancia de cocinar con identidad:
“El mendocino disfruta de su cocina, de la empanada, del producto local. Dijimos: ¿por qué no hacer un menú de autor en base a lo que la gente ama? Trabajamos con productos federales y fue un encuentro hermoso entre amigos”, sostuvo.
Su entusiasmo era palpable. Para él, esta jornada fue también un reencuentro con colegas mendocinos: “Con Nacho y Claudio venimos trabajando hace años. Hoy es una celebración”, recalcó.
El anfitrión, Claudio Lucero, chef de Isidris, subrayó la esencia del proyecto:
“Todos hacemos cocina argentina en distintos formatos. Acá trabajamos con comida casera, de hogar, pero elevada con técnica y materia prima. Este evento fue traer esos sabores a la mesa, lo que nos representa”, remarcó.
Por su parte, Nacho Molina, chef de Bodega Trivento, resaltó la diversidad del menú:
“La idea fue traer un poquito de cada región. Una sopa paraguaya, una humita, un tomaticán, la trucha patagónica. Platos que cuentan la historia del país en una mesa mendocina”.
Pastelería argentina y un magnífico viaje a la infancia
Cuando el reloj marcó las cinco de la tarde, las mesas cambiaron de rostro. Donde antes hubo guisos y carnes, ahora aparecieron bandejas coloridas con pastafrola, pastelitos de batata, alfajores de maicena y marplatenses, tortas galesas y de ricota. La propuesta Pastelería Argentina fue un verdadero viaje a los sabores de la infancia.
Pero no todo fue dulce. También hubo minimedialunas con jamón y queso, chipá relleno con queso y lomito ahumado, ciabatta con jamón crudo y rúcula, figacitas de pollo y la clásica torta Napoleón. Cada bocado tenía el poder de trasladar a los comensales a la cocina de la abuela, a los cumpleaños de barrio, a las meriendas de domingo.
El broche final llegó con un espumante que burbujeaba bajo el sol de la tarde. De un lado, la cordillera; del otro, la ciudad de Mendoza. Un escenario inmejorable para brindar.
Una experiencia para todos los sentidos
Más allá de los sabores, la jornada tuvo algo de ritual. Cada plato era un homenaje a las raíces, cada brindis un reconocimiento al trabajo colectivo, cada sonrisa una prueba de que la gastronomía puede emocionar tanto como un paisaje.
El público lo entendió así. Familias, grupos de amigos y parejas compartieron largas sobremesas, mientras la música en vivo le ponía banda sonora a un día perfecto. Muchos coincidían en que este tipo de experiencias son necesarias: rescatan tradiciones, promueven el turismo y muestran que Mendoza puede ofrecer mucho más que vino.
El legado que sigue creciendo
Hasta hace pocos años, Puesto del Indio era apenas un sitio despoblado en medio de la nada. Hoy es el primer centro hotelero y gastronómico en el corazón de la montaña, un proyecto que busca posicionar a Mendoza en el mapa del turismo de lujo sin perder autenticidad.
Con 12 habitaciones, 15 suites en lodges, cava de vinos, spa, gimnasio y espacios para eventos, el complejo apunta a ser un faro en el piedemonte. Pero son sus propuestas como este Almuerzo Federal y Pastelería Argentina las que lo convierten en un espacio con alma.
Porque, en definitiva, lo que queda en la memoria no son solo los paisajes ni las instalaciones, sino los sabores, las emociones y la magia compartida alrededor de una mesa.
El sabor de lo auténtico
Cuando el sol comenzó a esconderse tras la montaña, los comensales abandonaban Isidris con la certeza de haber vivido algo único. Algunos comentaban la humita, otros el flan, otros la torta galesa. Todos coincidían en que la experiencia había sido inolvidable.
Ese es, quizás, el mayor logro de la jornada: demostrar que la gastronomía no es solo alimento, sino relato, identidad y encuentro. Que un tomaticán bien hecho puede contar tanto sobre un pueblo como un libro de historia. Que un alfajor puede ser la llave a la infancia. Y que Mendoza, con su piedemonte y sus cocineros apasionados, tiene mucho para decirle al mundo.