El barrio Santa Ana de Guaymallén está hace años afectado por una serie de obras municipales de magnitud. Y mientras en la comuna piden paciencia, los vecinos tratan de contener el hartazgo de haber visto calles levantadas y grúas por lo menos desde 2019.
El barrio Santa Ana de Guaymallén y sus rutinas tras varios años con las calles "detonadas"
Se trata de una zona tradicional de Mendoza que se ubica, además, entre arterias de mucho tránsito diario. Un polígono delimitado por las calles Higuerita, Godoy Cruz, Tirasso y Bandera de los Andes, con "vecinos de toda la vida" y numerosos comercios locales; como si fuera un trozo de ciudad que estuvo ahí desde siempre, en construcción interminable, con sus jubilados, sus almacenes, sus madrugadas y sus zondas incluidos.
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En calle Pedro del Castillo al 1650 rompieron hace unos 15 días. "Y desde ese momento tengo este caño perdiendo agua", dice una señora que barre la vereda en la mañana invernal y se asusta un poco cuando el cronista frena la moto para charlar con ella.
"También habían colocado unos montículos en las esquinas, para que los autos no circularan. Pero eso nos obligaba a dejar los vehículos a la vuelta, y nos daba miedo que los robaran. Así que una noche un grupo se organizó y sacó los escombros para liberar el tránsito", cuenta la mujer.
Al doblar la esquina está la fiambrería "Los cuatro elementos" y adentro Nicolás Ferrero (24) despacha mercadería mientras conversa. "Nosotros vivimos en el Santa Ana desde siempre, y mi papá me cuenta que desde que él era chico que acá no asfaltaban. Por eso nadie se queja de que hagan obras. El tema es cómo se organizan las tareas. Si vieras las vueltas que tengo que dar en mi vehículo para ir a ver a mi novia...".
Y describe una especie de juego del Pac Man que tiene que hacer para ir esquivando cortes y camiones municipales. Por ahora, la chica le tiene paciencia.
Nicolás relata que un amigo iba en auto y rompió parte del tren delantero con un pozo. A él le pasó otro tanto. "En Italia y Cabildo tuvimos un caño perdiendo agua durante semanas, y es muy común que rompan en un lugar y después se den cuenta de que no había que romper ahí. Entonces tapan y cavan en otro lado".
A esos incordios se suma el aspecto meramente comercial. "Hoy nosotros vivimos de los clientes del barrio: con las calles así hemos perdido al que pasaba y de repente se frenaba para comprarte algo", admite Nicolás.
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Lo transitorio y lo permanente
En Higuerita y Portugal persiste una verdulería a la que viene llegando don Hugo Cortez (82), que trajina las baldosas del Santa Ana desde hace más de medio siglo.
"Tenemos hasta las veredas rotas, y los veteranos también agarramos pozos. No sé por qué se avanzó con las obras en todas partes a la vez", reclama.
La verdulera, María Rosa Lara (50), asiente mientras despacha unas bananas que el periodista aprovecha para comprar. "¿Y la cantidad de comercios que han cerrado porque con las calles así no pasa ni el gato?", apunta ella.
Para dar una mano a los obreros que están a unos metros, María Rosa les pasa cada tanto agua caliente para el termo. La situación recuerda un poco al cuento Autopista del Sur, de Julio Cortázar, donde una circunstancia momentánea -un atasco de tránsito- amenaza con volverse permanente y altera las rutinas y las relaciones humanas.
Igual que en aquella historia, los personajes de esta empiezan a socializar entre sí de una forma nueva. El municipal se vuelve una presencia conocida, la excavadora deviene estampa cotidiana, el vecino se hace amigo del que pica el asfalto, etcétera.
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Las respuestas de la Municipalidad de Guaymallén
"Hemos terminado la remodelación completa de agua y cloacas del 70% del barrio, una obra que demandó 9 meses en los que estuvieron las calles rotas, con problemas para transitar", responde el secretario de Obras y Servicios Públicos de Guaymallén y candidato a intendente Marcos Calvente (UCR) ante la consulta de Diario UNO.
Según el ingeniero, es la primera vez que se hace en un municipio la renovación de redes de todo un barrio.
"Y hay que tener en cuenta que el municipio no es el operador del agua y las cloacas, sino Aysam. Pero teníamos que hacer esa obra porque queríamos reparar las calles y no se podía debido a que toda la infraestructura subterránea tenía 60 años de antigüedad. Si metíamos algún equipo pesado, se nos iba a hundir", precisa.
No son proyectos sencillos. Cuando se realiza este tipo de modificaciones hay que quitar toda la cañería vieja, poner la nueva y rehacer las conexiones domiciliarias.
Calvente matiza: "Pero ahora ya hace 4 meses que estamos reparando las calles de adentro y afuera del barrio, y eso avanza mucho más rápido. Hace un mes terminamos Tirasso y ahora vamos por las calles internas, Echeverría, algunos tramos de Italia y así".
Calvente justifica las demoras explicando que se trató de trabajos financiados en parte con dinero del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENHOSA), es decir con fondos nacionales.
"Se calculó que se precisaban unos 600 millones de pesos y ENHOSA nos aseguró que iban a venir 300; pero es dinero que aún no ha llegado al municipio y, para no paralizar la obra, hemos ido pagando con fondos municipales mientras el municipio gestiona el desembolso de esos fondos", destaca el funcionario.
En la misma dirección, el entrevistado asegura que "la Nación no está enviando fondos, por eso se ven muchas obras paralizadas o a un ritmo muy lento, y no sólo en Guaymallén. En este caso está hecho el reclamo y el dinero llegará, pero estamos insistiendo para que cuando llegue no se haya licuado a raíz de la inflación".
A ello se le suma que con la inestabilidad cambiaria no todos los proveedores entregan material en tiempo y forma. "Por otra parte, en invierno hay materiales que dependen de la temperatura ambiente para ser colocados", aporta el entrevistado.
Por último, Calvente admite que la sensación de que "hace años que está todo en obra" se ve agudizada porque se hicieron modificaciones no sólo en el barrio Santa Ana, sino en sus alrededores. "Se trabajó sobre Bandera de los Andes, sobre Higuerita, se hicieron rotondas, se pusieron luces led; ha sido una atención realmente exhaustiva".
-¿Pero qué porcentaje de las calles falta reparar?
-De las calles que hay que reparar porque fueron afectadas por la renovación de redes de agua y cloacas vamos por el 40 o 45%. Sabemos que puede haber alguna incomodidad. Pero le decimos al vecino que a cambio de las semanas o meses que restan el barrio se ahorrará problemas durante los próximos 30 o 40 años.













