Pasó más de 20 años en la cárcel, en San Rafael. Cuando podía acceder al beneficio de prisión domiciliaria por su edad, lo rechazó e hizo lo mismo cuando estaba en condiciones de gozar de salidas transitorias. Al completar su condena no se quería ir de la prisión y cuando finalmente salió, se murió al poco tiempo, deprimido. El caso de Oscar Cubillos parece extraño, pero hay muchos reos que terminan “chupados por la reja”.
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Félix Ayub (67) fue el director de esa cárcel durante 8 años y estaba al frente de ella en septiembre de 2006, cuando Cubillos cumplió completamente su condena. Lo recuerda bien. “Era morocho, canoso, semicalvo, con patillas. Medía como un metro 70 y era delgado”, dice. “Era de nacionalidad chilena. Incluso no está muy claro si su ingreso a la Argentina fue legal. Las malas lenguas comentan que había escapado de Chile, por algún homicidio”, agrega.
Dicen que Cubillos había cometido dos homicidios. Que no era un ladrón, un hombre que había vivido delinquiendo, sino que era agresivo y de mal carácter.
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“Era un hombre violento, incluso en la misma penitenciaría. Los otros internos, al ser él un anciano, jugaban con él, lo hacían rabiar, y él lo corría y les quería pegar, pero era un viejo y los otros eran muchachos jóvenes y no los lograba agredir”, recuerda Ayub.
Incluso el ex director dice que “sé que uno de los homicidios que había cometido fue contra un chico jovencito que se había metido en la casa de Cubillos para buscar una pelota que se le había caído allí. Él lo descubrió, lo corrió, le pegó y lo mató”.
Pero, salvo sus ataques violentos, en la cárcel Cubillos tenía un buen comportamiento. “Era colaborador, había asimilado el sistema carcelario. Atendía el jardín, las flores cortaba el pasto, mantenía la limpieza… A la vuelta de los años, hasta el personal penitenciario tenían cierta relación afectuosa con él y tenía en consideración su edad. Cuando hacía frío le daban una manta más, una ración más abundante de comida para que se alimentara mejor. Tenía atención médica permanente… Algunos privilegios que hacían que su estancia fuera buena”.
Un guardiacárcel recordó hace unos años que Cubillos "era uno más de nosotros, porque tuvo una conducta intachable. Venía a la guardia a tomar mate y muchos de nosotros lo ayudábamos con ropa cuando la necesitaba. A pesar de sus años, era muy guapo para el trabajo y terminó acostumbrándose a esta vida. Nunca pasó un día en el calabozo por mala conducta".
A Cubillos le habían unificado las dos condenas. Cuando cumplió los 70 años hubiera podido pedir que se lo beneficiaria con la prisión domiciliaria por su edad avanzada, pero no lo hizo. Y cuando estaba en condiciones de gozar de salidas transitorias, tampoco quiso acceder a ellas.
“No quería gozar de ningún beneficio de pre libertad, de libertad asistida, ni libertad condicional. Él quería estar en la cárcel porque se sentía muy a gusto”, recuerda Félix Ayub, y acota que “tenía dos hijos. Uno de ellos no quería saber nada con su padre, supongo que era porque Cubillos era un hombre jodido, como se dice habitualmente”. No había nada en el mundo exterior que lo tentara a regresar a él.
Lo cierto es que, después de 30 años preso, en septiembre de 2006 ya había cumplido la totalidad de la pena y no había motivo alguno para que permaneciera en la cárcel… y Cubillos no se quería ir. "Yo quiero quedarme. Acá trabajo y me mantengo con mi plata", justificó el reo en ese momento.
El ex director del presidio recuerda que “el único hijo que aceptaba tener trato con él, vivía en una finca de Villa Atuel y ofreció su domicilio para que fuera a vivir con él”. Así fue que el malhumorado Cubillos fue dejado libre, a la fuerza, y se radicó allí.
“A pesar de que el hijo lo trataba bien, Cubillos nunca se sintió a gusto, no estuvo conforme nunca, se deprimió y al año de quedar libre se murió”, cuenta Ayub.
“Estaba desencontrado con la vida, no quería vivir, y por eso se murió”, dice.
Ya casi nadie recuerda a Oscar Cubillos, el hombre que no quiso ser libre.
