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Controladores de tránsito aéreo: un trabajo indispensable, apasionado y desafiante

La tarea de controlar en nuestra región cuyana a 20 o 30 aviones por hora para evitar accidentes aéreos, se hace desde esa torre que podemos observar al visitar un aeropuerto. Aquí, conoceremos las bondades y los desafíos de esta actividad
Editado por Carolina Baroffio

Quien haya visitado un aeropuerto, seguramente ha observado –y quizás le haya llamado la atención- esa torre en altura que posa con su cúpula vidriada en lo alto a un lado de la pista. Tal vez se pregunte para qué sirve esa torre que vemos en cada aeropuerto y qué hacen los que habitan allí adentro.

Son los controladores de tránsito aéreo quienes ocupan ese lugar, así como otra parte se ubica en el centro de control de área de una aeroestación (donde está el radar). En mesones mirando a los ventanales, conectados a pantallas con auriculares y hablando por momentos en “alfabeto aeronáutico” a pilotos y comandantes, los controladores tienen una misión fundamental para la seguridad aeroespacial y son quienes dan el ok para el despegue y el aterrizaje de los aviones, así como para su operatividad en el aire, entre otras funciones.

Un controlador de tránsito aéreo puede llegar a controlar de 20 a 30 aeronaves por hora -cada una con unas 200 personas a bordo- que circulan el aire de la región cuyana (Mendoza, San Juan y San Luis) y cuyas rutas se encuentran cada día más pobladas. La actividad, se advierte, tiene sus bemoles a la hora de evitar cualquier tipo de accidentes.

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Unos 70 controladores de tránsito aéreo tiene la EANA en el aeropuerto internacional de Mendoza.

Más aún si hablamos de Mendoza, cuyo Aeropuerto Internacional El Plumerillo está entre los cuatro más importantes y de mayor movimiento aeronáutico de nuestro país. En horarios pico, desde nuestra provincia despegan unos seis aviones comerciales por hora.

Así entonces, el rol que cumplen los controladores de tránsito aéreo es fundamental para la seguridad de vidas humanas y también de bienes materiales que hacen a la economía de una región. Sin embargo, pocos saben de qué se trata ser controlador aéreo, dónde se estudia y cómo se hace para serlo. Profesión que pasó de desarrollarse en una carrera militar de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) a convertirse hoy en una actividad civil, cuyo título se consigue a través del organismo que los abarca: EANA (Empresa Argentina de Navegación Aérea).

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Cómo se ordena el tránsito aéreo

Para conocer mejor el tema, nos acercamos a un día en la vida de Johana Gómez, controladora aérea que ejerce con pasión este trabajo que se le dio casi por casualidad hace 10 años, allá desde su Chaco natal.

Johana define su profesión como la de ser “los responsables de ordenar el tránsito aéreo, proporcionar un servicio de control, información de vuelo, asesoramiento, instrucción y alerta a los pilotos, dentro de un determinado espacio aéreo”. El objetivo es, nos remarca, “evitar colisiones entre aeronaves y obstáculos en el área de maniobra; es decir, somos los responsables de lo que pasa en el aire y en la tierra”.

Es por ello que la controladora afirma: “Nuestra misión es hacer posible de forma segura, ordenada y profesional la actividad aerocomercial que permite el turismo, facilita el comercio y especialmente fomenta la conexión a lo largo y a lo ancho de nuestro país, contribuyendo al desarrollo económico de la región, al aumento de la productividad en Mendoza”.

Una pata esencial para el desarrollo económico de Mendoza

La tarea de un controlador aéreo se considera “un servicio esencial porque somos parte del engranaje principal del desarrollo de la economía de nuestra provincia y del país”, nos confirma Johana Gómez.

Argentina se divide en cinco regiones de información de vuelo, o sea, lugares donde se necesitan controladores de tránsito aéreo: Mendoza, Córdoba, Resistencia (Chaco), Comodoro Rivadavia (Chubut) y Ezeiza (Buenos Aires). El aeropuerto internacional de nuestra provincia es uno de los 55 que integran el sistema nacional de aeropuertos, y está entre los primeros cuatro en importancia de la Argentina.

En cada aeropuerto existe una torre de control donde se atienden los arribos y despegues de aviones comerciales y de carga, como también se prestan servicios a los aeroclubes para sus actividades recreativas y otras actividades aéreas de suma importancia para la provincia como es la Lucha Antigranizo y el combate de la mosca del Mediterráneo.

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En las rutas aéreas que involucran la región cuyana -integrada por San Juan, San Luis y Mendoza- desde el aeropuerto El Plumerillo se controla por hora unas 30 aeronaves.

Según datos del ORSNA (Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos), en 2022 se registraron más de dos millones de asientos ofrecidos, se realizaron unos 16 mil movimientos aeronáuticos y una carga anual transportada de 400 toneladas. Todo esto generó un impacto socioeconómico más que positivo para Mendoza, ya que le resultó un ingreso cercano a los 58 mil millones de pesos. Y generó a su vez unos 12 mil nuevos puestos de trabajo.

Estos números fueron más que satisfactorios tras la pandemia del 2020 que prácticamente frenó la actividad aerocomercial, según nos informa la controladora Gómez, en su rol también como secretaria técnico-profesional de ACTA (Asociación de Controladores de Tránsito Aéreo).

La vitivinicultura, la oferta hotelera y gastronómica y los atractivos naturales de Mendoza son los principales factores para el crecimiento de la actividad aerocomercial. Asimismo, los viajes de negocios y encuentros científicos relacionados con la salud también han colaborado a potenciar la provincia, destacándose en la región de Cuyo.

Se hizo controladora por necesidad económica, y se enamoró

Nacida y criada en Barranqueras, la ciudad portuaria de Chaco, de chica Johana soñaba con ser doctora. De hecho, rindió dos veces –en 2006 y 2007- para ingresar a la Facultad de Medicina de la UNNE (Universidad Nacional del Nordeste) y lamentablemente no pudo lograrlo. Así que empezó a trabajar, no tenía idea de qué se trataba ser controlador de tránsito aéreo, sólo iba de paseo los domingos con su familia a ver despegar y aterrizar aviones. “Cuando éramos chicos, era una salida hermosa, después del 11 S eso se fue restringiendo”, comenta Johana.

Ella no viene de una familia aeronáutica ni militar; su papá hizo el servicio militar y fue a Malvinas pero no compartió muchas historias de sus vivencias allí, “sólo cumplió el deber, no hablaba mucho de eso”. Su idea de ingresar a la Fuerza Aérea surgió “por una necesidad económica”. En el 2012, mientras estudiaba Administración en la UNNE, “unos primos se iban a anotar, no tenía idea sobre lo que era el tránsito aéreo, me convencieron y en 2013 presenté mi documentación para hacer el curso”.

Fue al Instituto de Formación Ezeiza (IFE), perteneciente a la FAA y allí completó su primer año militar. “En esa época, para ser controlador de tránsito aéreo tenías que pasar primero por la parte militar de la Fuerza Aérea y después el curso que se dictaba en el Aeropuerto de Ezeiza, para que al tercer año te dieran el destino adonde trabajar”, explica la controladora.

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Johana Gómez lleva una década de experiencia como controladora de tránsito aéreo. Es chaqueña y tiene 35 años.

En 2015 la enviaron a su lugar de origen, su promoción es la número 51 del IFE, y ya en esos años estaba equilibrado entre cantidad de hombres y de mujeres que egresaban. Hoy sigue siendo así, incluso algunos años se reciben más mujeres que hombres.

“Trabajamos a la par, no existe diferencia entre hombres y mujeres, de hecho los puestos jerárquicos, medios y altos, están ocupados en su mayoría por mujeres”, refiere Gómez a la estatal EANA que tiene a cargo la misión de planificación, dirección, coordinación y administración del tránsito aéreo, de los servicios de telecomunicaciones e información aeronáutica, de las instalaciones, infraestructuras y redes de comunicaciones del sistema de navegación aérea en nuestro país.

Johana Gómez remarca: “Nuestro trabajo es colaborativo, es en equipo, se trabaja con la gente de la Torre, de plan de vuelo, con los técnicos, pilotos, todos debemos estar conectados y en sintonía para poder llevar adelante nuestro servicio, que todo funcione y realizar nuestro trabajo de la manera más profesional posible”, y de este modo quiere dejar en claro que en la parte operativa tampoco existe diferencia de género.

Hasta el 2016, la carrera militar dentro de la FAA que desarrolló Johana era la única alternativa para ser controlador o controladora de tránsito aéreo. Después esto cambió cuando llegó EANA y el servicio de tránsito aéreo se convirtió en un servicio civil y no ya militar.

No obstante, para Johana “todas las personas deberían tener una instrucción militar, en cualquiera de sus fuerzas, eso te brinda muchas oportunidades, te da un sentido de pertenencia y crea lazos de compañerismo que nosotros llamamos camada, que son de por vida. Esos lazos de hermandad son los que te brinda el instituto militar en el que yo me formé”.

Pasar a la parte civil permitió poder tener un reconocimiento de la labor que hacemos. Durante mucho tiempo nuestra profesión estuvo muy hermética, no era conocida justamente porque se encontraba en el ámbito de la fuerza aérea. A partir del 2017 se individualizó nuestro servicio y la figura del controlador aéreo es un poco más reconocida a nivel país, aunque falta mucho para hacerla conocer, queremos que la gente sepa qué hacemos en cada aeropuerto del país Pasar a la parte civil permitió poder tener un reconocimiento de la labor que hacemos. Durante mucho tiempo nuestra profesión estuvo muy hermética, no era conocida justamente porque se encontraba en el ámbito de la fuerza aérea. A partir del 2017 se individualizó nuestro servicio y la figura del controlador aéreo es un poco más reconocida a nivel país, aunque falta mucho para hacerla conocer, queremos que la gente sepa qué hacemos en cada aeropuerto del país

La chaqueña inició su trabajo de controladora en su provincia natal, hasta que un día decidió solicitar el pase al aeropuerto de Villa Reynolds en San Luis y allí a la primera persona que conoció fue a quien hoy es su pareja. “Él es de Villa Mercedes, también es controlador, en 2019 necesitaban gente acá en Mendoza y nos vinimos”, comenta enamorada de su novio mercedino y de su destino mendocino para formar aquí familia.

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Extrema concentración puede generar altos picos de estrés

Por otro lado, Johana Gómez nos cuenta que existen diferentes tipos de controladores que cumplen diferentes funciones. “El pasajero quizás vea la sala de espera de un aeropuerto, los ventanales que le permiten observar de cerca una aeronave, las mangas y los servicios de check in; pero detrás de ese despegue o de ese aterrizaje hay un grupo de personas controlando las rutas aéreas para la seguridad de ese vuelo que se está por tomar”, expresa y resume: “Nuestra misión principal es que esa persona que se subió a un avión llegue segura a su destino”.

Con 10 años de trayectoria, Gómez considera que la del controlador de tránsito aéreo “es una profesión muy poco conocida y sin embargo muy necesaria”. Y destaca de su trabajo: “Todos los días son diferentes, es muy dinámico y eso es lo que más me atrae; por más que controlemos las mismas aeronaves, las situaciones son totalmente diferentes; todos los días hay algo nuevo para hacer y para aprender”.

Con turnos rotativos de ocho horas, la actividad física es primordial para el buen desarrollo de esta actividad aeroespacial que exige concentración al máximo y puede generar altos picos de estrés y fatiga. De allí que tanto Johana como la mayoría de sus compañeros practiquen algún deporte. “Eso nos ayuda a estar activos, saludables física, mental y emocionalmente”, declara. Ella, por ejemplo, va al gimnasio dos o tres veces por semana y en sus ratos libres disfruta de caminatas con amigos o con su pareja.

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El estrés y la fatiga son habituales en este trabajo que exige concentración al máximo y lucidez para responder eficientemente a demandas operativas de vuelo, en cuestión de segundos.

La capacitación en los controladores de tránsito aéreo es constante, ya que la reglamentación sobre la que trabajan cambia. “Dentro de nuestro turno laboral, muchas veces leemos, compartimos, opinamos, sacamos conclusiones en conjunto y de esa manera trabajamos en equipo para llevar adelante el servicio y estar actualizados con las novedades”, detalla Johana Gómez, quien asegura que la mayor satisfacción “es cuando termina la jornada laboral, volver a casa sabiendo que cumplí con el deber”.

Controlamos entre 20 a 30 aviones por hora, con 250 personas en promedio por cada avión. Imaginate la cantidad de personas que por día están bajo nuestra responsabilidad. Entonces, terminar un turno sin ningún tipo de inconvenientes, que el servicio se haya cumplido, es la mayor satisfacción”, declara ante semejante responsabilidad que los obliga a desarrollar importantes capacidades, como la toma de decisiones rápidas en cuestión de segundos y mantener la concentración al máximo, lo que implica un esfuerzo mental muy grande en limitados períodos de tiempo.

“El estrés y la fatiga son problemáticas para cuidar en nuestro trabajo. Un estudio indica que la fatiga en un operador de radar varía entre el 17 hasta el 42% a lo largo de una jornada laboral. Un 10% de los controladores presenta síntomas de perturbación del sueño. Esto es un ejemplo de cómo repercute nuestro trabajo en la salud”, aporta Johana Gómez.

El factor climático a la hora de controlar el tránsito aéreo

La labor del controlador aéreo puede complicarse por diferentes factores, en Mendoza se da sobre todo debido a las contingencias climáticas.

“También controlamos lo que es la Lucha Antigranizo, todas esas aeronaves; y tenemos que estar preparados para los cambios climáticos, Mendoza es una de las pocas provincias del país donde el clima puede cambiar repentinamente en menos de media hora; eso influye en nuestra labor también, afecta la aviación, hay turbulencias, ondas de montaña, un montón de factores que influyen en nuestro trabajo”, distingue la controladora sobre el resto de los controles en otros aeropuertos del país.

A propósito de esto, Johana remarca que “debemos estar preparados para eso, para cualquier solicitud del piloto, por ejemplo, para poder separarlo de cualquier otra aeronave, para brindarle información, o sea, diferentes tareas que hacen que el día a día nunca se repita”. Y concluye: “Me apasiona y me emociona esto que aporta nuestra profesión, vas con una impronta diferente a trabajar; te informás sobre el clima, leés las noticias, tenés que estar informado de todo para llegar a la torre y cumplir tu objetivo”.

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