La última semana estuvo atravesada por femicidios y por multitudinarias marchas de Ni Una Menos en todo el país, miles de mujeres en la calle, pidiendo justicia, pero también viéndose atravesadas, interpeladas por la consigna de las víctimas de violencia de género.
"¿Alguna vez sufriste violencia de género?", las respuestas llegaron de mujeres de 32 a 90 años
Una pregunta lanzada durante la semana de Ni Una Menos abrió la puerta a relatos de mujeres atravesadas por la violencia el abuso y el acoso
Después de una semana atravesada por violencia de género y marchas de Ni Una Menos en el país, la pregunta de si pasaste por una situación de esta naturaleza, repercutió en muchas historias de mujeres que quisieron compartirlas.
Martín Pravata / Diario UNOEn este contexto, surgió una pregunta simple: "¿Alguna vez fuiste sufriste una situación de violencia o abuso sexual?" y las respuestas no tardaron en llegar, fueron muchas. La selección fue en base a un muestreo de los distintos tipos de violencia machista: sexual, económica, institucional, laboral. Todas con un común denominador: el género.
Las historias que relataron las víctimas, hablan por si mismas y aquí las compartimos.
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Exhibicionismo y acoso
Las experiencias que Virginia recuerda ocurrieron en momentos muy distintos de su vida: una durante la infancia y otra ya en su etapa universitaria. Aunque separadas por varios años, ambas forman parte de situaciones que hoy identifica como expresiones de la violencia machista y que, durante mucho tiempo, quedaron incorporadas a la normalidad de la vida cotidiana.
Mi hermana debe haber tenido 8 y yo 10. Volvíamos de la escuela. En la esquina de la casa había un auto y un señor adentro y nos llamó. Las dos fuimos a ver qué quería y nos mostró sus genitales. Llegamos a la casa con más preguntas que respuestas".
Muchos años más tarde, cuando era una alumna universitaria, Virginia volvió a sentir que la violencia machista se hacía presente en su vida, en un ambiente universitario. "Un profesor de la facultad nos hacía ir sólo a las mujeres a su casa a buscar material para poder rendir. Yo que sabía que sabía de su fama de acosador, le pedí a mi papá que me llevará y me esperara. El docente no tenía ningún interés en ocultar sus intenciones, de hecho escribió un libro que se llamaba "Treceañera". Y lo habían desvinculado de un colegio de la UNCuyo por algún caso de acoso".
Virginia contó que su experiencia es compartida por otras alumnas del mismo profesor, que padecieron el acoso sobre todo cuando tenían que rendir una materia.
Abuso sexual y violencia intrafamiliar: Ana, 47 años
Ana tenía apenas 4 años cuando ocurrieron los primeros hechos que recuerda. Lo que siguió fueron años atravesados por situaciones que marcaron profundamente su infancia y adolescencia. Hoy, a los 47 años, decidió compartir una historia que durante mucho tiempo formó parte de su intimidad y que ayuda a comprender las múltiples formas en que la violencia puede atravesar la vida de una mujer.
"Soy Ana, sobreviviente de violencia y abuso sexual infantil y en la adolescencia. A los cuatro años sufrí violación sexual por parte de un tío de unos amiguitos vecinos del lugar donde vivía, yo tuve una mamá muy negligente y abandónica que me dejaba siempre a cargo de gente que apenas conocía y volvía luego de días así que esta situación de desprotección le facilitó al violador su cometido. Luego de esto, la situación de abandono y desprotección continuó y uno de los novios de mi madre, el último con el que se casó y convive en la actualidad, abusó de mi y nos violentaba física, verbal y psicológicamente a mi y a mis hermanos, esto sucedió desde los 10 a los 16 años cuando huí de mi casa".
Ana contó, además, que debido a que las únicas formas de construir vínculos que conoció fueron a través de las violencias, las relaciones que normalizó por mucho tiempo fueron de agresión, abandono y destrato. "Pude romper con todo y poner límites cuando la tarea era cuidar a otros. Hoy en día aún continúo aprendiendo a cuidar de mi misma, siempre pude cuidar y proteger muy bien a otros, de hecho tengo tres hijas hermosas a las que siempre cuidé y protegí, pero el camino de aprender a cuidarme, validarme, priorizarme, aún está en proceso".
Atravesar los límites del consentimiento sexual: Mariana, 32 años.
Mariana tenía 23 años cuando vivió una situación que recién con el paso del tiempo pudo identificar como violencia sexual. Durante años convivió con la culpa, la vergüenza y las preguntas sobre lo ocurrido. Su historia también muestra cómo algunas experiencias siguen teniendo consecuencias mucho después de haber sucedido y cómo ponerles nombre puede formar parte de un proceso de reparación.
"En octubre de 2017 tuve una situación de violencia sexual. Era un vínculo casual y yo consentí a tener relaciones sexuales siempre y cuando fuera con uso de preservativo. En el medio del acto sexual, él se lo sacó en un solo movimiento, sin mi consentimiento y penetró. Ese día yo estaba ovulando. Se despidió como si nada y yo me volví loca buscando una farmacia abierta para tomar la pastilla del día después. Sólo gracias a que tenía una gran ginecóloga sabía que la manera de evitar un embarazo, o de tener mayor probabilidades de evitarlo con el uso de esa pastilla, era tomándola inmediatamente. Sin embargo estuve dos semanas muy asustada pensando que igual me podría haber quedado embarazada", contó Mariana.
Igualmente, el miedo la siguió acechando durante un tiempo después de lo ocurrido. "Me hice dos tests en el medio, ambos dieron negativo y a las 2 semanas menstrué y ya me quedé tranquila. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año me hice los estudios de control ginecológico y me dijeron que había una mancha. Me hicieron una biopsia y el resultado fue positivo en virus del papiloma humano (VPH). Me había vacunado y todo, sin embargo lo tuve. Con el tiempo y haciendo los controles cada 6 meses, dejó de estar activo el virus. Pero yo sé que lo tuve a partir de esa situación de violencia", relató.
Lo que ese varón cometió con Mariana tiene un nombre, se denomina "Stealthing", tal y como se le dice a la práctica violenta de quitarse el preservativo sin el consentimiento de otra persona en pleno acto sexual y según relató la víctima, en otros países está penalizado.
Muchas mujeres viven este tipo de situaciones dentro de sus parejas estables y naturalizan el hecho de tener que colocarse un anticonceptivo de larga duración, también conocidos como implantes subdérmicos, porque los varones prefieren no usar preservativos. Sin embargo, el incremento de casos de enfermedades de transmisión sexual al mismo tiempo que descienden los embarazos, hablan de que las prácticas machistas no han desaparecido, simplemente, están naturalizadas.
Violencia laboral y manipulación: Nerina, 49 años
Nerina tenía 32 años y estaba dando sus primeros pasos en la profesión para la que se había formado cuando inició una relación con quien era su jefe.
"Yo era solo una empleada, él era mi jefe", resume hoy al recordar aquella etapa de su vida. Según cuenta, la relación estuvo atravesada por situaciones que la llevaron a sentirse cada vez más presionada dentro del ámbito laboral. Finalmente decidió renunciar. Con el tiempo pudo comprender mejor los mecanismos de manipulación que habían operado en aquella relación y comenzó un proceso de recuperación apoyada en la terapia y en la contención de sus amistades. "Mi vida siguió. Pero esa experiencia me cambió para siempre, para bien. Descubrí cómo funcionan los mecanismos de la manipulación y también pude salir de eso gracias a la terapia y a mis amigas y amigos, que estuvieron siempre para escucharme y contenerme", recuerda.
Violencia económica desde la juventud: Esther, 90 años
Antes de casarse, Esther trabajaba en la administración pública. Le gustaba su empleo y lo hacía bien. Sin embargo, cuando formó una familia, su marido le pidió que dejara de trabajar para dedicarse a la casa, a los hijos y al cuidado del hogar. Ella aceptó y nunca volvió a tener ingresos propios.
Durante años dependió económicamente de su esposo. Cada día él le dejaba dinero para hacer las compras y organizar los gastos cotidianos de la casa. Con el tiempo consiguió una extensión de la tarjeta de crédito, aunque su uso también estaba sujeto al control de su marido.
Recién muchos años después, gracias a la jubilación para amas de casa, pudo contar con un ingreso propio.
Después de una vida dedicada al trabajo doméstico y de cuidados, fue la primera vez que tuvo dinero sobre el que podía decidir por sí misma.
Violencia económica e institucional: Estela, 48 años
Estela tiene cuatro hijos y dos de ellos todavía son menores de edad. Desde que su expareja dejó de aportar la cuota alimentaria, sostiene sola a toda la familia.
Para hacerlo trabaja hasta 12 horas por día en distintas ocupaciones. Sin embargo, asegura que la situación más desgastante no es solamente la económica, sino también el largo recorrido judicial que enfrenta desde hace dos años para reclamar lo que corresponde a sus hijos.
Según relata, cuando acudió a la Justicia de Familia le informaron que realizarían una inspección en su vivienda para verificar las condiciones en las que viven los chicos. Mientras tanto, asegura que el padre de sus hijos todavía no recibió ninguna citación vinculada al reclamo.
Dos años después del inicio de la causa, sigue esperando una resolución.
Si necesitás ayuda
Las historias de esta nota son distintas entre sí, pero tienen en común que durante mucho tiempo, muchas de las mujeres que las vivieron no identificaron esas situaciones como violencia de género o pensaron que eran parte de la vida, algo que había que soportar o simplemente dejar atrás.
Si alguna de estas experiencias te hizo ruido, te recordó algo que viviste o te ayudó a ponerle nombre a una situación que todavía te genera dudas, no la naturalices. La violencia no es la regla ni una condición inevitable de los vínculos.
No hace falta tener todas las respuestas ni saber de inmediato qué decisión tomar. A veces el primer paso es tan simple como hablar con alguien de confianza, buscar contención en una amiga, un familiar o una persona cercana, y encontrar un espacio seguro donde poder contar lo que pasó.
Quienes necesiten orientación o acompañamiento pueden comunicarse con la Línea 144, que funciona las 24 horas, los 365 días del año. También pueden acudir a la Dirección de Género y Diversidad de Mendoza (Rivadavia 75, teléfono 0261 608-2415) o a las áreas de género de cada municipio.
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