La situación es crítica y los tiempos se acortan de manera dramática en el espacio: una de las herramientas más emblemáticas de la astronomía moderna entró en una zona de peligro inminente y las alarmas ya se encendieron en los despachos principales de la NASA.
Alerta en la NASA: un telescopio cae sin control y buscan un plan desesperado para salvarlo
La situación es crítica, mientras que la NASA ha diseñado un plan en conjunto para estirar la vida útil del telescopio al menos diez años más

La NASA evalúa opciones para rescatar a este telescopio.
Lo cierto es que el mítico telescopio está perdiendo altura de forma acelerada. De no mediar una maniobra de urgencia, el destino final será la desintegración absoluta al chocar contra la atmósfera de la Tierra.
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Qué aceleró la caída del telescopio
Frente a este panorama, un grupo de científicos y firmas del sector privado empezaron a diseñar un plan desesperado. La meta es clara: ejecutar un rescate a contrarreloj antes de que el daño sea irreversible.
El problema de fondo no es nuevo, pero se agravó drásticamente en las últimas semanas por un factor externo: el Sol. El actual ciclo solar viene siendo inusualmente intenso, lo que terminó expandiendo las capas superiores de la atmósfera terrestre hacia el espacio.
A esa altura, el telescopio topó con una resistencia mucho mayor de la prevista. El freno aerodinámico está haciendo lo suyo y lo empuja hacia una caída que, según los cálculos más optimistas, podría concretarse en la próxima década.
Para la NASA, el hecho de perder este observatorio no solo implicaría el riesgo de una lluvia de escombros, sino un apagón científico sin precedentes. A diferencia de los equipos de última generación, este veterano de la NASA es el único capaz de registrar la luz ultravioleta del cosmos. Si se destruye, la comunidad científica quedará "ciega".
La jugada para el rescate
Fuentes ligadas a la NASA confirmaron que la agencia estadounidense ya no descarta ninguna opción. Ante la falta de transbordadores propios, la estrategia ahora pasa por una alianza comercial clave.
La jugada consiste en enviar una nave robótica no tripulada para que se acople al telescopio en órbita. Una vez allí, el objetivo será darle el empujón definitivo hacia una zona más alta y segura, lo que estiraría su vida útil por otros 15 años.
Por ahora, el tiempo corre. Mientras tanto, todas las miradas apuntan al cielo a la espera de un milagro tecnológico que evite el final menos deseado.