Con los cinco departamentos con sus nuevos intendentes ya en funciones, el Este mendocino comenzó a vivir una nueva etapa política. Solo Rivadavia tiene la continuidad del radical Miguel Ronco y, con Junín, con Héctor Ruiz como reemplazante de Mario Abed, son los únicos dos que han mantenido su color político.
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En San Martín Raúl Rufeil ahora ejerce el poder desde Cambia Mendoza, reemplazado a Jorge Giménez después de 16 años de peronismo. En cambio, en Santa Rosa Flor Destéfanis recuperó la comuna para el PJ y en La Paz Fernando Ubieta hizo lo mismo después de derrotar a la “dinastía” de los hermanos Pinto.
Es una obviedad que los tres intendentes radicales tienen la ventaja de un gobierno provincial sintonizado con sus intereses y que los dos peronistas tienen la suya con el gobierno nacional y cada uno tratará de sacar provecho de ello.
San Martín, por ser el departamento más poblado, de mayor desarrollo económico y el que fue más codiciado por el radicalismo de Alfredo Cornejo, es donde están centradas la mayoría de las miradas.
A Rufeil, después de 16 años de grandes obras, el vecino le está pidiendo una intendencia menos preocupada por grandes cosas y más atenta a cumplir prolijamente su rol de administrador y de prestador de los servicios comunales esenciales: limpieza, mantenimiento de calles y paseos públicos y gestión con la Provincia para mejorar los servicios de seguridad y salud.
El elector de Rufeil confió en sus antecedentes como director del Hospital Notti, su naturalidad para seguir ejerciendo su profesión de pediatra y su capacidad para seguir mostrándose como un vecino más. En esencia, llegó a la intendencia con el voto de quienes confiaron en que seguirá siendo el médico, el vecino y administrador prolijo.
Pero Jorge Giménez, indirectamente, ya lo desafió a continuar al menos con dos de sus proyectos que no lograron ser completados totalmente: la construcción del campus universitario y el desarrollo pleno del Parque de Servicios e Industrias Palmira.
Para el primero, Rufeil tiene la ventaja de que tiene un socio de su mismo partido que puede empujar junto a él, el intendente de Junín. Y en el caso del PASIP, del que la comuna es principal accionista, el médico ya convocó a la Cámara de Comercio e Industria local, en donde se creó el proyecto, para que colabore con él en potencial el parque y también para que ayude en el área de Desarrollo Económico del municipio.
En su gabinete, Rufeil ha elegido solo a sus pilares principales: Mauricio Petri en la Secretaría de Gobierno; en la Secretaría de Obras eligió a Oscar Villareal y en la de Hacienda a Elizabeth Crescitelli, ex ministra de Salud de la gestión Cornejo.
Quizás esta primera acción marque un poco la idea que tiene el nuevo intendente: elegir él a su núcleo cercano y dejarle a Cambia Mendoza y a sus supuestos aliados ofrecer al resto.
Claro que entre Rufeil y el resto de la alianza, hay diferencias importantes. Mientras el pediatra siempre se mostró conciliador con el saliente Jorge Giménez, en el Concejo Daniel Llaver y Sergio Dubé lanzaron denuncias sistemáticas contra el peronista.
Incluso esto quedó claro en los días previos al traspaso. Mientras Rufeil mantenía un diálogo fluido con Giménez, Dubé denunciaba que la gestión Giménez dejaría una deuda que rondaba los $480 millones, según sus propias estimaciones.
El dato no es menor porque, una de las preguntas que se hace el ambiente político, es si Rufeil podrá liderar la comuna sin interferencias internas.
En su discurso del sábado al asumir, Rufeil dijo que pretende “una buen administración, un adecuado ordenamiento y priorizar los temas que le cambien la calidad de vida a la gente” y acotó que “nuestra premisa es dar respuestas oportunas a las reales necesidades de los vecinos, un municipio bien federal, en cada barrio y en cada distrito”.
Mientras tanto, el peronismo tendrá que ordenarse. Sin líder y sin heredero natural, ya debe pensar en hacerse fuerte en el Concejo e ir pensando en cómo aumentar esa fortaleza en las legislativas. Dos años pasan muy rápido.
