Lo que se juega hoy

Massa y Milei: una final entre dos argentinas muy distintas

Al argentino promedio le gusta el fútbol, el asado, la pornografía y la música horrible. Por eso nadie ha de sorprenderse si la campaña tuvo un poco de todos esos ingredientes

Este domingo los mendocinos irán a las urnas -algunos por séptima vez en el año- para elegir en el balotaje al próximo presidente de la Argentina. Lo mismo harán los ciudadanos del resto del país, en lo que expertos de distintos palos coinciden en definir como las elecciones más relevantes desde 1983.

Hay que remontarse muy lejos para encontrar comicios donde la polarización haya enfrentado a visiones tan opuestas. Un candidato niega que haya habido 30.000 desaparecidos, el otro se muestra con Abuelas de Plaza de Mayo. Uno cree que el Estado debería reducirse a la mínima expresión o eliminarse, el otro todavía lo entiende como una herramienta útil. Uno repite que casi todos los políticos son "casta", el otro hizo política toda su vida.

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Pocas veces estuvo tan clara la diferencia.

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Mapa mutante

Al argentino promedio le gusta el fútbol, el asado, la pornografía y la música horrible. Por eso nadie ha de sorprenderse si la campaña tuvo un poco de todos esos ingredientes. De asado quizá un poco menos, por los precios. Pero nadie puede decir que la carrera hacia el sillón de Rivadavia estuvo por fuera del clima alterado que se vive en las calles.

"Los ciudadanos medios se acostumbraron tanto a no sacar nada bueno de las elecciones, que empezaron a tratar a la política como lo que se había convertido para ellos: una distante y pretensiosa serie de TV" (Matt Taibbi) "Los ciudadanos medios se acostumbraron tanto a no sacar nada bueno de las elecciones, que empezaron a tratar a la política como lo que se había convertido para ellos: una distante y pretensiosa serie de TV" (Matt Taibbi)

Por un lado, Sergio Massa (Unión por la Patria) llega con una amplia coalición que incluye a referentes peronistas de centro y centroizquierda, a liberales pragmáticos y a un abanico relacionado con las organizaciones sociales y de derechos humanos. Tiene el apoyo -condicionado, pero apoyo al fin- de gente como Juan Grabois, pero también de una parte del establishment. De ahí su propuesta de un gobierno de unidad para "terminar con la grieta".

Enfrente, Javier Milei (La Libertad Avanza) aparece con una serie de capas militantes que se fueron superponiendo. A los primeros círculos de varones jóvenes se añadió un cúmulo de la derecha, parte de una clase media semieducada que se enamora con sus citas académicas y una masa de millones que no sabe quién es Milton Friedman pero quiere votar al "león" por un motivo sencillo: lo ven enojado frente a un sistema que funciona mal.

La motosierra sintetiza ese ánimo.

¿Cómo se llegó a este punto? "Los ciudadanos medios se acostumbraron tanto a no sacar nada bueno de las elecciones, que empezaron a tratar a la política como lo que se había convertido para ellos: una distante y pretensiosa serie de TV", diagnosticó el columnista Matt Taibbi cuando Trump intentaba su reelección en los Estados Unidos.

La tendencia se repite aquí en el Sur, donde Milei se coló al centro de la escena política gracias a sus apariciones en el prime time de los canales y en TikTok, donde gustaba de "domar" y "humillar" a sus adversarios.

Por lo demás, el nivel de la discusión pública boya entre lo pésimo y lo infantil. Y eso no es sólo responsabilidad de los candidatos. Una investigación de 10 focus groups que hizo el observatorio Pulsar (Universidad de Buenos Aires) poco después del debate televisado del domingo 12 de noviembre concluyó que, más allá del paseo que le pegó Massa a un Milei desdibujado, una porción importante de los espectadores repetía una frase: "No entendí nada".

Ejemplo: luego de que se nombrara a Margaret Thatcher durante la discusión -Milei la considera una referente para la humanidad y Massa recordó que fue ella quien gobernaba el Reino Unido cuando la Guerra de Malvinas- Google registró un curioso aumento en las búsquedas. Los argentinos querían saber quién era esa tal Thatcher.

Otras búsquedas de gran crecimiento aquella noche fueron: ¿de qué signo es Milei? y ¿de qué signo es Massa?

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El último debate puso frente a frente a dos estilos muy distintos.

El último debate puso frente a frente a dos estilos muy distintos.

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Dos modelos de país

Mientras algunos sectores del trotskismo argentino opinaron que Massa y Milei "son lo mismo" y llamaron a votar en blanco o no votar, un recorrido por las plataformas electorales de uno y otro muestra que proponen cosas bien distintas.

Milei aspira a aplicar -si puede- un experimento ultraliberal que no registra antecedentes en países con una economía del tamaño y las características de la Argentina. En tanto, las propuestas de Massa son más moderadas, tal vez menos idealistas, y hacen énfasis en "lo público" como un factor indispensable.

En la plataforma electoral de LLA se postula explícitamente que el sector privado gane espacio en la salud, la educación, los cauces de agua y las cuencas oceánicas, aparte de la vuelta del sistema jubilatorio a un modelo muy similar a las AFJP, la eliminación del Banco Central, la dolarización y el fin de la coparticipación con las provincias. No son opiniones de este redactor: son citas casi textuales de la mencionada plataforma.

Lo que presentó UxP es más cauto y hace énfasis en la necesidad de recuperar la convivencia democrática "sin que las diferencias se resuelvan eliminando al otro", con alusiones permanentes al rol del Estado y al santo y seña justicialista de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social.

De todos modos, el actual ministro de Economía también cree en las economías de mercado y es uno de los políticos con mejor llegada a los centros de poder estadounidenses. O sea que de socialismo, nada.

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La elección en Mendoza

Mendoza es uno de los puntos de la Argentina donde La Libertad Avanza consiguió mejores resultados, tanto en las PASO como en las generales.

También es una provincia donde los radicales se declararon rápidamente neutrales frente a un Milei que les repitió varias veces que Raúl Alfonsín era "un fracasado hiperinflacionario", cuya imagen él utiliza como puchimbol. En ese sentido, la capacidad para dejarse insultar por el mediático economista es sorprendente.

La tierra mendocina también es una capital del antikirchnerismo. La memoria de administraciones peronistas caóticas, llenas de tongos y acomodos, sigue fresca. Si a eso se le añade la pimpinelización que se vio durante casi todo el gobierno del Frente de Todos -con peleas a cielo abierto, cartitas adolescentes y fracturas expuestas- la distancia de algunos votantes locales respecto a UxP tiene su lógica.

La pregunta es si las emociones antiperonistas y las históricas tensiones con la Nación serán lo suficientemente fuertes como para que las urnas opten por ir hacia lo desconocido y apoyar a Milei, o si una porción creciente de los mendocinos verá en Massa al hombre capaz de desactivar una bomba económica con la delicadeza de un cirujano.

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Javier Milei durante su última visita a Mendoza. A su lado, la demócrata Mechi Llano (derecha) y la libertaria Lourdes Arrieta.

Javier Milei durante su última visita a Mendoza. A su lado, la demócrata Mechi Llano (derecha) y la libertaria Lourdes Arrieta.

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Misión cumplida

Pase lo que pase, los dos candidatos saldrán con la certeza de haber alcanzado algunos logros.

En el caso de Milei, siguiendo el camino demoledor que trazó Trump en relación al tradicional Partido Republicano, consiguió -junto con el expresidente Mauricio Macri- que LLA liquidara a Juntos por el Cambio como la principal opción de derecha y centroderecha en la Argentina.

No es que JxC vaya a romperse de un día para el otro. Pero es como cuando los dragones de Komodo muerden a sus víctimas: son animales que conviven con todo tipo de microorganismos en sus fauces, así que hincan los dientes y luego aguardan tranquilos a un lado, para que la infección avance hasta que la presa cae por su propio peso.

En el mejor de los casos, a la relación entre el PRO y la UCR le espera un complicado proceso interno que nadie sabe cómo terminará.

A su vez, Massa consiguió sus propias victorias. La primera, eclipsar a Cristina Kirchner como nadie lo había hecho desde 2007. La segunda, encolumnar a casi todo el peronismo vernáculo detrás de su candidatura. Gane o pierda el balotaje, no sería ilógico que esas alineaciones se mantengan. Lo contrario equivaldría a un resquebrajamiento del peronismo con desenlace impredecible.

Cacodelphia y Calidelphia

Y todo lo anterior ocurrirá bajo un dosel con aroma de cambio; con tensiones que sacuden a toda la cartografía política del país. No es descabellado preguntarse si, habiendo tal nivel de enfrentamiento, es posible todavía acordar proyectos comunes, avizorar un futuro compartido.

En su novela Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal imaginó dos ciudades antagónicas. Por un lado Cacodelphia, un espacio infernal y oscuro; por otro Calidelphia, metrópolis de magnificencia y gloria.

Sin embargo -aclaraba el autor- no son dos urbes separadas, aunque a primera vista lo parezcan. “Es más -explicaba uno de sus personajes-, las dos ciudades se unen para formar una sola. O, mejor dicho, son dos aspectos de una misma ciudad”.

Los votantes de Massa y los de Milei son eso. Dos aspectos de una misma sociedad. Dos formas de ver al presente, el pasado y el porvenir de la Argentina ¿Cuál prevalecerá este domingo?

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