Crece la oferta de interesados en postularse para gobernar Mendoza en 2027. Y uno se pregunta: ¿se prenderán solo del rabo de un proyecto político nacional o se animarán a reconstituir, de manera paralela, la veta provincialista que nos hizo diferentes en el país?
La institucionalidad que nos diferencia del resto del país debe volver al tope del temario electoral
Un dato que oxigena el panorama político mendocino es la aparición de figuras que buscan roles menos aparatosos, donde no prime el ideologismo "épico" ni el manual del encono o la desconfianza a pleno hacia el adversario político

El tunuyanino y PJ Emir Andraos, el radical Ulpiano Suarez, el macrista Esteban Allasino o el peronista Matías Stevanato son algunos de los que vienen aportando para un nuevo perfil político.
Después de ver lo que significó para el peronismo local haberse postrado ante las dos presidencias de Cristina Kirchner, suponemos que alguna enseñanza debe haber quedado. Basta decir que durante más de una década el PJ mendocino "kirchnerizado" no ganó más elecciones en la provincia. "Anabel Fernández Sagasti Conducción" fue de los peores "paquetes" que vendió la política populista.
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¿De qué les sirvió a los gobernadores peronistas Celso Jaque y Paco Pérez la genuflexión ante Cristina? Ambos se esforzaron por rendirle culto desatendiendo las esencias del sentir mendocino. Quedaron en la historia como los gobernadores más desacreditados de la nueva etapa democrática. Pérez, con jactancia, se reía del mendocinismo. "Poco mendo y mucho cinismo", decía desafiante. Nunca entendió el guion de la historia.
Antes de eso, en 2008, había terminado en fiasco la aventura "transversal" del gobernador radical Julio Cobos, secundado por su ministro Alfredo Cornejo, que buscaba sorprendernos acoplándose a una coalición maquinada por Néstor Kirchner. Todo indicaba que Cobos estaba comprando un fracaso. Pocas veces se ha visto a una presidenta como Cristina ningunear a su vicepresidente Cobos de la manera que ella lo hizo.
Nuestra singularidad
La cultura política "tipo" del mendocino marcó claramente que esta provincia prefería tener versiones locales tanto del peronismo como del radicalismo. El Partido Demócrata de Mendoza era distinto a la versión nacional. E incluso la izquierda clásica mendocina incluyó un "toque" distintivo. No nos gusta vivir recibiendo órdenes de Buenos Aires, tampoco vivir confrontando. Respetamos la institucionalidad del gobierno nacional y pedimos trato similar para nuestra singularidad provincial.
Ejemplo: el peronismo renovador que aquí encabezó José Octavio Bordón (1987-1991) lo entendió muy claramente. Por caso, fue muy respetuoso el trato institucional que se dispensaron el presidente Alfonsín y el gobernador Bordón. Con Carlos Menem en la Casa Rosada, la relación fue un poco más tirante, pero siempre dentro de los carriles institucionales. El "Pilo" detectó rápidamente turbiedades en la gestión presidencial del riojano y no aceptó ser parte de aquel gabinete.
Cuando asumió, Bordón colocó en el escritorio de su despacho una foto de quien había sido figura simbólica de los "gansos" mendocinos: el ex gobernador Emilio Civit, sinónimo de hacedor político.
Otro caso para rescatar fue el del gobernador radical Roberto Iglesias (1999--2003) que tuvo una relación compleja con el presidente Fernando De la Rúa, de su mismo partido. Iglesias discrepó en varias ocasiones por el rumbo económico y político que le imprimía al país el mandatario "aburrido". A fines de 2021 De la Rúa renunció y "el Mula", así le llamaban al mendocino, tuvo que afrontar un fuerte ajuste en medio de la arrolladora crisis que vivió el país. Fue de los pocos gobernadores que no quedó tan golpeado. Tan fue así que pudo entregar los atributos de mando a otro radical electo: Julio Cobos.
El quijotesco Llaver
Antes, don Felipe Llaver (1983-1987), el primer gobernador de la democracia reconquistada, había tenido una sonora discrepancia con el presidente Raúl Alfonsín, quien además era su referente partidario. En nombre de Mendoza, Llaver le exigía a la Nación el traspaso a la órbita provincial del complejo hidroeléctrico Los Nihuiles y de las regalías correspondientes.
Harto del fracaso de las negociaciones, Llaver encabezó una mítica caravana hacia San Rafael para tomar posesión de esos diques. Una frase de Llaver retumbó entonces en todo el país. "Soy correligionario y amigo del presidente, pero primero soy gobernador de Mendoza". Más quijotesco (pero entrañable) no se consigue.
En 2007 Celso Jaque, candidato peronista a gobernador, se cansó de decir en la campaña "a Cristina siempre le voy a decir: primero Mendoza". Hizo todo lo contrario. Mendoza pudo comprobar que no se animó. En primerísimo lugar estuvo siempre ella. Previamente, cuando Jaque y Cristina fueron compañeros de bancada en el Senado de la Nación, era vox populi que la dama no le tenía mucha estima personal o política. Se decía por entonces: "No hay sintonía fina entre ellos".
Los que vienen
Todas estas historias nos llevan a preguntarnos si ya podemos tener alguna clase de data sobre los candidatos que correrán la carrera por el Sillón de San Martín. Los peronistas no kirchneristas de Mendoza saben que aún no terminan de perfilarse como una opción para los votantes. Piden rever debilidades como la mezquindad política y reclaman autocrítica no sólo del propio peronismo sino de la política en general.
El radicalismo, fuertemente impregnado por la personalidad política de Alfredo Cornejo, está en un brete por los avatares de su sociedad política con el presidente Milei. La conducción nacional del partido de Alem se mantiene en un limbo y quienes sostienen la llama partidaria son los cinco gobernadores radicales del país, aunque con visiones no compactas.
En Mendoza los precandidatos que se postulan a gobernador desde el ala cornejista no terminan de "farmear aura". Un poco más de carnadura parecen tener los radicales que se han abierto de Cornejo, es decir: Ulpiano Suarez como contrincante dentro de los canales del partido; y el ex radical y ahora libertario Luis Petri desde La Libertad Avanza, algo apichonado por la crisis política que vive el gobierno nacional y que está enturbiando el camino hacia el plan reeleccionista de Milei.
Del resto, el diluido Partido Demócrata suma sinsabores por las excentricidades y guarangadas de Javier Milei, situación que los deja políticamente paralizados. El partido que supo venderse como la esencia de "lo provincial" hoy está raquítico e invisible. Sin voz y sin ideas. Otras opciones que en algún momento llegaron a ser "tercera fuerza", como Protectora, perdieron electores por las peleas internas. En cambio sigue en carrera el Partido Verde, que ha tenido la ductilidad de aplicar políticas frentistas como herramienta política. Su titular, el legislador Emanuel Fugazzotto, se esfuerza en dar buena imagen.
En cuanto al PRO mendocino, parece haber salido de la larga crisis interna que vivió e intenta rearmarse como socio de Cambia Mendoza en calidad de "portador sano de liberalismo". Condicionados por las idas y vueltas de Mauricio Macri, es decir por asuntos de la esfera nacional, al PRO local le va a costar tentar a comprovincianos. Su principal activo es "la Joya mendocina" como Macri le llama al intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino, un político que, en efecto, aporta una cuota de aire fresco y de pasión por la gestión.
Manual del encono
Precisamente uno de los datos que viene oxigenando el panorama político mendocino es la aparición de nuevas figuras que están intentando protagonizar roles menos aparatosos donde no prime el ideologismo "épico" ni el manual del encono o la desconfianza hacia el adversario político, sino la idea de colaborar para que la política vuelva a ser un verdadero servicio público. El macrista Allasino, el peronista Matías Stevanato, el radical Ulpiano Suarez, o el tunuyanino y PJ Emir Andraos son algunos de los que vienen aportando para ese perfil.
Esta provincia donde el gobernador y el vicegobernador no pueden ser reelegidos para el período siguiente al de su ejercicio, nos ha salvado -con su maravillosa Constitución- del caudillismo y de los gobiernos de familias. Pero, sobre todo, nos ha permitido que el espíritu republicano se haya trasladado a esa institucionalidad que nos diferencia en el resto del país.
La fuerza de esa institucionalidad, de ese espíritu republicano, es la que debe traspasarse a la actividad político-partidaria para que haya una versión mendocina de los grandes temas y de las distintas formas de gobernar.
En pocas palabras
- Institucionalidad mendocina: figuras políticas emergentes buscan roles menos aparatosos y priorizan la singularidad provincial sobre el ideologismo.
- Lecciones del pasado: se analizan errores de dirigencias peronistas y radicales al someterse a proyectos nacionales, perjudicando la identidad mendocina.
- Visión a futuro: la Constitución de Mendoza y su espíritu republicano deben ser la base para una política partidaria que valore la institucionalidad y el servicio público.