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Análisis y opinión

Javier Milei está rodeado de personas que no saben hablar

Los errores discursivos -constantes- del gobierno le suman más problemas a los muchos que ya tiene el Presidente. Perlitas de una estrategia comunicacional mal ejecutada

Editado por Julián Imazio
imazio.julian@grupoamerica.com.ar

Javier Milei está rodeado de personas que no saben hablar. No saben hablar políticamente, estratégicamente. No saben comunicar de la manera en que debería comunicar un gobierno. Hay figuras que incluso reinciden en errores discursivos y, aunque alguien lo crea así, no es un tema menor: están ayudando a dañar la imagen de la gestión. Del Presidente.

En medio del vendaval de desafíos que ya azota a la Casa Rosada, es claro que hay otro problema que persigue al oficialismo. Un fenómeno peligroso y que ya marcó sus primeros meses en el poder. Son los equívocos de la boca para afuera.

El episodio más fresco es de hace horas. El secretario de Medios de la Nación -de Medios, lo cual agrava el desacierto-, Eduardo Serenellini, lanzó una parva de ideas poco claras en televisión. Distintos conceptos, pero uno muy resonante en el medio, sobre uno de los males centrales de la economía: la caída del consumo.

"No es que se frenó el consumo. Es que consumimos menos", intentó explicar el funcionario.

Es exactamente lo mismo.

A ver, hay una parte que es atendible: él habla de una redistribución de la demanda. O sea, como hay menos subsidios, ponemos más plata en donde antes estaba el Estado. Bien. Es discutible y esconde matices –como que el Gobierno se retiró de cosas de las que no debía retirarse-, pero concedámosle eso. Lo importante en sus dichos es que su supuesto argumento no sólo está mal planteado, sino que además no es cierto que explique la baja del consumo. Lo que dice es, cuanto menos, incompleto.

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La recesión tremenda y la falta de confianza en la economía también explican, y seguramente muchísimo más, estos números históricos de depresión que estamos transitando. Y es un tema dramático para el país y es de los más dramáticos desafíos que tiene la gestión libertaria por delante. Es uno de sus problemas más grandes de todos al día de hoy. ¿Puede explicarlo tan mal un secretario, que además tiene rango de ministro, en el prime time de la televisión nacional? ¿Puede explicarlo de esta manera en la que parece que no hay empatía en absoluto?

Es un caso más en una gestión que está minada de gente torpe para la comunicación. O al menos de episodios muy cuestionables de esa torpeza. Y la política es comunicación, así que son torpezas políticas.

Vamos a ejemplos concretos: días atrás Santiago Bausili y Luis Caputo, presidente del Banco Central y ministro de Economía, respectivamente, hicieron una conferencia de prensa incomprensible para muchos, incluidos especialistas, y tuvieron un resultado muy negativo. Cayeron acciones, cayeron bonos y subió el riesgo país. Y los mismos expertos, hasta algunos de la propia tropa, le marcaron al gobierno que hubo un error comunicacional grave. Ni más ni menos que no saber contar las cosas. Algunos, como el economista Fausto Spotorno, salieron eyectados del gobierno luego de decir su verdad.

La semana pasada, la vicepresidenta, Victoria Villarruel -ahora peleada con Milei, según parece-, salió a enfrentarse con todo Francia, metiéndose a bancar los cantos xenófobos de la Selección Argentina de fútbol, diciendo que había que parar “de simular indignación por decir las verdades que no se quieren admitir”.

Es una equivocación en varios niveles lo de Villarruel. Porque, ¿a qué verdades se refiere? ¿A que Francia colonizó África? Sí, obvio. Qué novedad. Pero los dichos que ella respaldó declaran que hay algo malo en que sus jugadores sean de Angola o de Camerún. No importa que no lo diga en palabras la canción; lo marca implícitamente. Lo dice: es malo que sean cameruneses y jueguen para Francia. Y la vicepresidente respalda eso.

Pero queda lo peor: Villarruel banca a un jugador que le canta “puto cometravas”, como algo peyorativo, a otro. Es tremendo.

No sólo es un conflicto institucional y un posible error diplomático (y ni hablar del populismo futbolero que me parece que intentó). Es peor: es de ignorante declarar algo así. Y lo está haciendo la segunda persona más importante del país.

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Más errores en el mismo episodio: Julio Garro, exsecretario de Deportes, ahora echado, dijo que Messi tenía que salir a pedir perdón, como capitán, por esos cantos racistas. Y creo que Garro tenía razón al 100%.

¿Qué hicieron? Lo volaron. Lo echaron esa misma noche.

Entonces, ¿cuál es el criterio para castigar las declaraciones supuestamente equívocas? ¿Por qué Garro erró imperdonablemente, mientras otros pueden pifiar de modos mas grotescos sin que pase nada?

¿Es porque tocó a Messi?

Sería bueno ver cuál es la vara que usan. Si es que hay una vara.

Las dos últimas: Manuel Adorni, portavoz de la Casa Rosada, salió el viernes pasado, en el marco de una denuncia muy grave sobre presunta corrupción en el área de Discapacidad durante el gobierno K, a decir que todo aquello fue tan burdo que alguien presentó la radiografía de un perro y aún así la administración de Alberto Fernández le otorgó la pensión que esa persona estaba pidiendo. O sea, desidia y desastre total. Una más del antecesor.

Sin embargo, el asunto tiene un giro. El extitular de la Agencia de Discapacidad, Fernando Galarraga, salió a desmentirlo. Y mostró un documento en el que afirma, primero, que nunca se otorgó esa pensión, entre otras cosas por la radiografía "irregular". Y segundo, que ellos mismos advirtieron que era la placa de rayos X de un animal. Está escrito.

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El documento que mostró Galarraga, extitular de la ANDIS.

Bien. Adorni afirma que el kirchnerismo sí otorgó el beneficio. O sea que uno de los dos miente. El asunto es que van más de cuatro días desde que el exfuncionario kirchnerista -al que al parecer no consultaron- dijo que el dato es incorrecto. Y, por lo que se ve, nadie del oficialismo ha pronunciado una sola palabra al respecto. Para refutarlo; para fortalecer la versión oficial y para dejar las cosas claras de una vez por todas.

Si es real que esa pensión se otorgó, el Gobierno podría callarle la boca a ese funcionario y demostrarnos que, además de un posible corrupto, Galarraga es un mentiroso.

Ahora, si no era real el dato, si es mentira que la pensión fue otorgada merced a la radiografía de un perro, es un escándalo.

Haya habido o no un tongo multimillonario con las pensiones (lo cual es probable que sea cierto), si el vocero presidencial sacó esa información sin chequearla, y encima era mentira, es un escándalo.

Un escándalo digno de tomar medidas. Y un error comunicacional más.

Cierro con uno de los nombres de la semana: Lourdes Arrieta. Este miércoles habló por primera vez en siete días, luego del asunto de las visitas a los represores de la dictadura. Jugada que hasta el propio Milei condenó.

¿Explicó algo? ¿Dio algún motivo de su silencio o de lo que hizo? ¿Rectificó a los que supuestamente la injurian?

Para nada. Subió una frase bíblica.

Esa ha sido toda la expresión de una diputada nacional que sabe que medio país quiere preguntarle cosas. O al menos escucharle la voz. Se limitó a hablar de los "impíos" y de "la lengua de los justos".

A propósito, desde su entorno dicen en off que ella no sabía quién era Alfredo Astiz. Que no lo conoce ni lo ha sentido nombrar nunca. No queda claro si eso la exculpa de algo, pero sí es elocuente sobre que ignora un nombre importante de la historia reciente.

Historia muy similar la de la diputada cordobesa María Celeste Ponce, también de LLA. Está acusada de pedir "retornos” a sus asesores en el Congreso. Afirman que quería cobrar plata sucia, corrupta. Parte de los salarios de quienes trabajaban para ella.

Y no sólo no ha salido a dar explicaciones -al menos visibles en sus redes- sino que su primera y sola respuesta, también tras más de una semana de silencio, ha sido únicamente esta:

“El testigo falso no quedará sin castigo; y el que habla mentiras no escapará”.

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La diputada María Celeste Ponce.

¿Qué significa? Nada. O muy poco para dos personas que deberían dar la cara en vez de postear imágenes que parecen sacadas de Google.

El gobierno que viene a “dar la batalla cultural” no sabe hablar satisfactoriamente. No sabe hablar sin volverse su propio enemigo.

Yo no creo que esta gestión esté condenada a fracasar. Creo que todavía hay esperanzas de que no lo haga. Pero si a los problemas que ya tiene, les suma el total desacierto de estas declaraciones (y de tantas otras que no puse); si a personas importantes del oficialismo no se les pide un poco más de responsabilidad al hablar, y si la regla de oro parece ser que está permitido improvisar en aspectos trascendentales (y que encima se note), el camino se complica. La esperanza popular se arriesga. Se pone en peligro el banque de la gente.

Y uno empieza a verlo en muchas personas que conoce y que antes respaldaban.

Y van siete meses.

Milei ya tiene enemigos. Ya tiene problemas.

Su propia tropa debe dejar de ser uno de ellos.

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