Análisis y opinión

Empresario de sí mismo, Luis Lobos amarrocó mucha plata, pero ningún título

La ambición desbocada llevó al peronista Luis Lobos a tocar el cielo con las manos, pero también a la ruina y a la cárcel. Ya ha quedado como prototipo del corrupto

El "licenciado" Luis Lobos nunca tuvo ese título profesional a pesar de que cuando fue intendente interino de Guaymallén se hacía llamar como tal, según consta en varias informaciones y documentos oficiales del municipio. El hoy convicto Luis Lobos (60) jamás tuvo un título universitario, pero lo que es peor, nunca terminó la escuela secundaria.

No tiene título de perito mercantil, ni de bachiller ni de técnico mecánico. ¿Y cómo hizo para tener todos los puestos que logró en el municipio de Guaymallén? Misterios y barrabasadas de la política. ¿Qué le costaba haber ido a un CENS cuando se metió en política? Tal vez si hubiese estudiado Instrucción Cívica podría haber generado algún prurito a la hora de corromperse.

Lobos arrancó, sin estudios secundarios, como empleado del Concejo Deliberante. Y así siguió cuando fue edil por el Partido Justicialista y luego cuando saltó a la presidencia del Concejo Deliberante de la mano de Alejandro Abraham. Continuó sin estudiar cuando fue intendente para completar la gestión del citado Abraham, quien renunció para ocupar una banca de diputado en el Congreso nacional

Audaz, desatado

Sin embargo, la universidad de la calle y los hedores de la política berreta lo habían dotado a Lobos de habilidades y audacias poco edificantes que fueron las que lo llevaron a la ilusión de haber tocado el cielo con las manos y, también, a la ruina y al descrédito más profundo. Empresario de sí mismo, la levantó en pala, como le gusta decir a Cristina Kirchner. Pero después esa misma plata malhabida lo sepultó.

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Luis Lobos y Claudia Sgró en los prontuarios.

Luis Lobos y Claudia Sgró en los prontuarios.

"Yo siempre me metí en política, nunca fui peronista", podría decir Lobos sarcásticamente dando vuelta la famosa frase del personaje de Osvaldo Soriano en No habrá más penas ni olvido, aquel que creía que ser peronista era algo natural sin necesidad de tener que meterse en las tramoyas turbias de la politiquería.

El falso licenciado Luis Lobos es el segundo intendente peronista condenado por la Justicia y enviado a prisión por corruptelas. Lo antecedió el ex intendente de Santa Rosa Sergio Salgado.

Ahora que el periodista José Luis Verderico ha dado a conocer en exclusiva en Diario UNO las fotos de los prontuarios de Luis Lobos y de su ex esposa Claudia Sgró(quien también se desempeñaba como funcionaria durante el mandato de su marido) es difícil no demorarse en la imagen de esas personas condenadas por la Justicia, quienes el domingo 22 de mayo cumplirán un mes en la cárcel.

Dos caracteres

Esas fotos muestran dos caracteres muy distintos. El rostro de Lobos, impertérrito, mira hacia adelante con firmeza, sin sentimentalismos, los ojos bien abiertos, como quien dice: me estoy comiendo un garrón, pero no me vencerán. A pesar de sus 60 años, no exhibe ni una arruga. En cambio la imagen de Claudia Sgró, denota desolación y desconcierto. Sus ojeras sugieren que ha llorado y que la procesión va por dentro.

Él está en San Felipe, el penal ubicado en la parte de atrás de la Penitenciaría Provincial y comparte un módulo con otros presos que han tenido que ver con la función pública, o que han estado en puestos con exposición mediática, y también con reos que pertenecieron a las fuerzas de seguridad o penitenciarios y con detenidos por delitos sexuales. Ella ha sido alojada en la Unidad Penal de Mujeres de la prisión Almafuerte, en Campo Cacheuta, con presas comunes.

Entre 2003, cuando entró al municipio, y 2015, cuando fue intendente, la vida de Lobos dio un vuelco total. Fue un torbellino. Pasó de ser un buscavidas que vendía cosas puerta a puerta, a ser un nuevo rico con departamentos, mansión con parque y piscina en un country, tres autos de alta gama, terrenos, cuatriciclos, entre otros bienes. Todo a lo grande y desembozado, obtenido supuestamente con los sueldos estatales de él y de su esposa.

En el mundillo político todos comentaban, todos dudaban, pero fue el periodismo el que con sus investigaciones puso a la Justicia en alerta.

Soñar con el Barrio Cívico

Lobos y Sgró aprendieron las reglas elementales del protocolo. Comenzaron a hacer sociales, iban a actos y fiestas, danzaban como una pareja en la plenitud, cada vez con mejores pilchas y calzados. Soñaban que podían llegar juntos a la Gobernación.

El aprendió con rapidez el acicalamiento (la barba bien recortada pasó a ser una marca) pero con la ropa mostró una sobriedad que nunca tuvo con sus ambiciones dinerarias. Cuando ya sabía que iba a quedar preso, fue a escuchar la sentencia con un equipo de gimnasia de colores discretos -negro y gris- que le hacían juego con el barbijo de similares tonalidades. El mismo equipo con el que le tomaron al otro día las fotos del prontuario que hoy comentamos.

Ahora ha anunciado que va a terminar en prisión la escuela secundaria. Puede servirle para acortar la pena. Lo debe haber aprendido de Amado Boudou que hizo en la cárcel cursos de organización de eventos, de filosofía y de electricidad y que ya lo tenemos en la calle y asistiendo a actos en el Senado nacional.

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