Llegó el día en que la provincia y el gobernador rinden una suerte de examen. Se le toma el pulso a la acción de un gobierno y a su impacto en la comunidad: ¿Cuánto hizo? ¿Cuánto hará? ¿Lo ejecutó realmente? Hay quienes desdeñan a la asamblea legislativa porque repite patrones antiguos y lo hace de forma mecánica: su banda de la Policía, sus saludos protocolares, sus poses, los militantes agitando banderas e imitando -muy mal- a las hinchadas de fútbol. Y sin embargo, no es una tradición vana. Es la cifra de una identidad. Y un momento en el que nuestra política vuelve al centro de la escena.
El día en que a la provincia y al gobernador se les toma examen
Aquí, una reivindicación del 1 de mayo a la mendocina. ¿Se le puede bajar el precio a tal careo con nuestra realidad? Cornejo ante el más grande análisis de su proyecto
Es cierto que hay exceso de parafernalia y de folclore. Hay mucho de cosas que no aportan demasiado al por qué de la jornada, -que es enterarnos de lo que pasa en la provincia y lo que quieren nuestros dirigentes para el futuro-. Pero no parecen elementos tan negativos, ni tampoco algo en lo que haya que detenerse demasiado. Más bien son instrumentos secundarios, que pueden parecer anacrónicos, pero que no dañan a lo central: el discurso del gobernador y la respuesta del microcosmos político a sus palabras.
"¡¿Pero cómo no vamos a izar la bandera y cantar el himno?!”, me dice el histórico de la Casa de las Leyes, imprimiéndole a su frase un poco de “es algo mínimo y no entiendo a quién le puede molestar”. Es cierto: todo se puede modernizar. Pero en estos tiempos en que la vorágine se come las cosas y arrasa con su fuerza “agilizante”, en Mendoza se hace una asamblea como las de toda la vida, parsimoniosa y extendida a sus anchas, a lo largo de toda una mañana. ¿Está mal?
Es cierto que somos tradicionalistas. Y es porque nos gusta nuestra identidad. Como todo, no la mostramos exuberantemente ni todo el tiempo, pero sí la cuidamos cuando sentimos que es necesario. Y cuidar las tradiciones es sólo mantenerlas vivas. Repetirlas, no mucho más que eso. En ese sentido, la cita que tenemos este Primero de Mayo, aun con sus cosas de otra época, no sólo es inofensiva: es genuina y es bastante útil.
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Por supuesto que tiene aspectos a los que hay que cambiar para que nos sirva aún más. Y el primero de esos aspectos es la fecha remolona del año en la que cae. Algo que se critica con fervor cuando está terminando abril, pero se olvida rápido cuando empieza mayo: ¿Por qué nosotros tenemos que arrancar dos meses después que el Congreso de la Nación y que tantas otras provincias?
No tiene sentido. Y romper con eso ha sido una de las propuestas en cada intento de cambiar la Constitución provincial desde 1983 hasta la fecha, sólo que nunca avanzó ninguna. Ese desfase temporal es, entre otras cosas, una injusticia para las bancadas de la oposición: de noviembre a mayo no pueden presentar proyectos propios. Y de los suyos, sólo pueden tratar los que hayan ingresado antes del 31 de octubre. Seis meses antes.
Aunque ojo: también esas mismas bancadas se negaron a proyectos que proponían reformar el problema. Lo negativo también sabe persistir en el tiempo.
Analizado el tema de las formas, que a dirigentes, periodistas y parte de la sociedad parece molestar sobremanera, toca analizar lo político: qué vamos a ir a hacer a la Legislatura y qué implica ese discurso en nuestra coyuntura.
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Un poco de justicia al 1 de mayo
El gobernador Alfredo Cornejo le hablará a toda la provincia. Y estarán el pueblo y la política escuchándolo, con la posibilidad de decir al final si estuvieron de acuerdo o no y qué proponen para mirar hacia adelante.
Es decir: no sólo es valioso lo que nos propone la Constitución provincial en este encuentro, y no sólo permite una jornada en que Mendoza se discuta y se piense a sí misma. Además es una tradición de todas las democracias del mundo; desde el Discurso del Estado de la Unión -todos los 8 de enero u 8 de marzo en el Capitolio estadounidense-, hasta esta convocatoria más pequeña en nuestra Peatonal Sarmiento, pasando por el Congreso, los parlamentos y los concejos departamentales.
Por otra parte, son pocos los momentos en que el ciudadano de a pie toma en cuenta lo que pasa en la Legislatura. Le ocurre al Poder Legislativo en general, en realidad. En todos sus niveles. Y cuando lo hace, cuando ese ciudadano le presta algún momento de su tiempo a esas discusiones, normalmente es sólo para insultar a sus miembros o para acordarse de cuánto cobran.
Es demasiado poco para una tarea tan relevante y demasiado poco para una labor tan abierta a la transparencia, además, como lo es la Legislativa. Casi todo lo que hacen está ahí: disponible pero casi nulamente consumido o solicitado. A veces la falta de interés del otro lado es lo que más opaca a lo que ocurre en los recintos. Y no tanto la forma en que se desempeñan nuestros representantes.
Y es otro punto para los “primeros de mayo” a la mendocina: porque la atención en este día está puesta en la política y, mejor aún, en nuestra política. Máxime en un año en que el Presidente de la Nación se lleva todos los titulares de los diarios y disipa un poco la atención en los dirigentes locales. Esta jornada es su reivindicación y su momento de gloria, con legisladores, intendentes, ministros y la dirigencia en general. Pocas veces tenemos oportunidad de citas así.
Después el efecto de la asamblea dura sólo hasta la noche. O quizá por algunos días, si es que alguna medida reverbera en las redacciones periodísticas. De todos modos, todo es algo. Es un ojo a nuestra administración, que a la vez nos obliga a pensar en los andamiajes clave de Mendoza: su seguridad, sus exportaciones, su generación de empleo, su minería, el estado de sus escuelas, su innovación. ¿Se le puede bajar el precio a tal condensación de nuestra realidad? ¿A tal balance de nuestro pasado inmediato?
No. Y si en el racconto al Gobierno se le olvida algo, ahí estarán el periodismo y el resto de la política para señalarlo.
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El diagnóstico más grande de Cornejo
Por último, para Cornejo será una edición especial. Es la primera de su segundo período como gobernador y la quinta de su cuenta personal, sí. Pero es más que eso: también es la primera del dispositivo Cambia Mendoza mientras estrena sus doce años consecutivos de mandato ganados en las urnas. Y es "su" dispositivo político: el que él creó y el que lidera desde hace casi una década.
Por eso es particular: todo el movimiento del oficialismo, con sus vaivenes y sus cambios, con su primera derrota electoral a cuestas hace muy poco -contra una fuerza nacional y no local- sale a hacer un balance. No sólo será de esta gestión ni del porvenir inmediato: será de los últimos dos gobiernos y del que está comenzando. Será de este oficialismo como fenómeno político. De cómo ha funcionado e impactado en nuestras vidas durante este tiempo.
Nunca, como hoy, Cornejo habrá salido a escena con nueve años de liderazgo a cuestas. Será el más grande, el más amplio en términos objetivos, análisis de su proyecto.
No es un recién llegado ni tampoco un sucesor. Es el referente número uno de esa propuesta. Y saldrá a contar, ante la provincia que lo votó tres veces, qué es lo que ve en el horizonte.
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