Un estudio que concretó el Banco Mundial junto a la Dirección General de Escuelas (DGE) reveló el mazazo que significó la pandemia para la educación. Pero también dejó lugar a la esperanza, porque una de las especialistas que analizó el caso mendocino, la colombiana María José Vargas, destacó el "esfuerzo descomunal" que hizo la provincia para recuperar lo perdido.
Analista del Banco Mundial destacó el "esfuerzo descomunal" de escuelas mendocinas tras la pandemia
Los resultados se conocieron el viernes, cuando se difundieron los hallazgos técnicos del Censo de Fluidez Lectora que se concretó en las escuelas locales durante 2021. Y en la conferencia titulada “Gestión de la evidencia en alfabetización post-pandemia: la experiencia de Mendoza” se sopesaron las medidas que tomó la DGE cuando volvieron las clases.
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El desolador diagnóstico tras la pandemia
Vargas, economista del Banco Mundial especializada en Educación y con múltiples posgrados*, se centró en la experiencia mendocina situándola en un contexto latinoamericano donde la pérdida de la presencialidad originada por la crisis del covid dejó claro que el retorno a las aulas iba a ser difícil.
Entre los datos que compartió estaba el siguiente cuadro, que ilustra la cantidad de días de clase que perdieron los chicos de acuerdo a cada país. Como es notorio, Argentina se encuentra a mitad de tabla, aunque tuvo grandes variaciones internas de acuerdo a las diferentes provincias.
"Argentina es uno de los pocos países en la región -junto con Uruguay- que midió cuál fue la pérdida de saberes durante la pandemia. Y si nos centramos en Lengua, vemos que hubo retrocesos importantes. Según el Operativo Aprender, el porcentaje de estudiantes que se encontraban por debajo del nivel básico de aprendizajes casi se triplicó entre 2018 y 2021", señaló la analista.
Eso se enmarca en un proceso de caída más amplio en el caso de Argentina. "De hecho, es el único país de la región que tuvo pérdidas de aprendizaje entre 2003 y 2019 para todos los grados y todas las materias".
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La estrategia mendocina
Es frente a ese panorama que Mendoza implementó, una vez que se pudo volver a clases, el Censo de Fluidez Lectora.
Se escuchó leer a los estudiantes de 4to y 7mo grados de primaria y primer año de secundaria cuando regresaron a las escuelas en 2021.De acuerdo con su fluidez, se los ubicó en tres niveles. Y la medición se realizó dos veces: una a principios de 2021 (74.161 estudiantes) y otra al final del año (19.893 estudiantes).
En la primera muestra, justo después de la pandemia, el 23% de los estudiantes no alcanzaban niveles básicos de fluidez. En primer año de la secundaria, esa cifra alcanzaba al 30%. El fenómeno afectaba más a los varones, a quienes asistían a escuelas públicas y a quienes venían de familias con menor nivel educativo.
Los análisis para Mendoza mostraron que la fractura dentro de una misma aula era inmensa. En cursos de 4to grado, por citar un extremo, había chicos que leían sólo 19 palabras por minuto -al borde del analfabetismo- junto a estudiantes que leían 132 palabras en el mismo periodo. Eso representaba un problema operativo para el docente.
¿Qué hacer? Vargas repasó las acciones que coordinó la DGE. "Yo resumiría lo que se hizo como 'el uso de la información para la mejora de los resultados'. Se reaccionó de diversas maneras, entre ellas con el acompañamiento personalizado a los estudiantes que habían mostrado resultados críticos. Se les daba a las autoridades escolares un listados de los estudiantes que estaban con niveles bajos y se sumaron horas con 200 talleristas que trabajaron en 400 escuelas".
Se trató de un direccionamiento de fondos con fines específicos y con un interés en cuantificar los cambios que se generaban. Y las consecuencias, de acuerdo con las estadísticas que maneja el Banco Mundial, fueron significativas.
"En cuarto grado, por ejemplo, los chicos que estaban en nivel crítico mostraron una mejora en el rendimiento del 133% en su fluidez lectora. Eso hizo que se cerrara la brecha respecto a los que mejor estaban. Y si bien esa brecha no desapareció, disminuyó consistentemente para los estudiantes de todos los niveles evaluados".
Hilando más fino, aparecieron signos de que no todos los estudiantes rezagados avanzaban de la misma forma. Los que estaban peor necesitaron más tiempo y asistencia para remontar. Y la presencialidad promedio en las escuelas reveló ser un factor fundamental: a mayor presencialidad, mejores resultados.
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Los mitos de la educación
Vargas resumió: "Si bien todavía no podemos atribuir los resultados a alguna actividad específica, lo que sí sabemos es lo que pasó en esa ventana de tiempo entre la primera toma y la segunda toma del censo de fluidez. Y las conclusiones son esperanzadoras, porque derribaron algunos mitos sobre la educación en nuestros países".
El mito número 1 -apuntó la economista- es que la alfabetización es un problema del primario. Como se vio con los jóvenes de la secundaria, el problema puede extenderse a otros niveles.
El segundo mito tiene que ver con las evaluaciones vistas como instrumentos punitivos. En esta ocasión -enfatizó la mujer-, se utilizó esa herramienta para obtener un diagnóstico y tomar decisiones.
Y el tercer mito que citó es creer que los aprendizajes solo cambian en el largo plazo. "Aquí verificamos que se puede mejorar y muy rápido. Estamos viendo el esfuerzo descomunal de una provincia que logró que muchos estudiantes aprendieran a leer en corto plazo", cerró.
* María José Vargas es analista es economista de la Universidad de Los Andes (Colombia) y tiene una Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard.
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