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Vecinos aseguran que el jubilado que murió de hambre ya había pedido ayuda a los gritos meses antes

Los vecinos de Francisco Carlos Morán (72) contaron que hubo pedidos de ayuda anteriores y recordaron los estremecedores gritos del hombre solicitando comida

Por Redacción de UNO

El caso de Francisco Carlos Morán, el jubilado de 72 años que murió de hambre después de ser encontrado en grave estado de abandono en una vivienda de Godoy Cruz, sumó en las últimas horas nuevos elementos sobre el contexto dramático en el que habría vivido durante sus últimos meses.

El periodista Matías Pascualetti, de Radio Nihuil, recorrió la zona donde residía el hombre y habló con vecinos que aseguraron que la situación de vulnerabilidad no habría comenzado el día en que intervinieron la Policía y el Servicio de Emergencias Coordinado, sino que venía de antes.

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Según los vecinos, la Policía fue alertada varias veces por incidentes en la casa donde vivía la víctima. Imagen ilustrativa.

"Tengo hambre"

Morán fue hallado el 10 de mayo en una casa de calle Javier Morales, en Godoy Cruz, con signos de desnutrición severa y en condiciones de higiene deficientes.

Según la investigación judicial, al ser asistido repetía una frase estremecedora: “Tengo hambre”. Fue trasladado a la Clínica Santa Clara y murió tras la internación.

Por el caso está imputado su hijo, Sergio Gustavo Morán, de 41 años, acusado de abandono de persona agravado por haber ocasionado un grave daño en la salud de la víctima y por tratarse de su progenitor. Actualmente, permanece alojado en el penal.

Vecinos de Godoy Cruz dijeron que el jubilado ya había pedido ayuda

De acuerdo con los testimonios recogidos por Pascualetti, varios vecinos no quisieron hablar públicamente porque dijeron haber vivido durante años con temor al hijo del jubilado, a quien describieron como una persona conflictiva y amenazante.

Uno de los episodios que más se repite en los relatos habría ocurrido en febrero de 2025, meses antes de la muerte de Morán. Según los vecinos, en aquel momento el hombre gritaba desde el interior de la vivienda, pedía ayuda y también decía que tenía hambre. La casa, según esa versión, estaba cerrada y hacía un calor extremo, con temperaturas cercanas a los 40 grados.

Los vecinos aseguraron que llamaron a la Policía, pero que en esa oportunidad el jubilado no fue trasladado. Esa presunta intervención previa es una de las preguntas que quedó flotando en el barrio: por qué, si el hombre estaba encerrado, vulnerable y sin alimentos, no se activó entonces una asistencia más profunda.

También contaron otro episodio anterior en el que, según dijeron, Morán se había caído dentro de la casa, se había orinado encima y gritaba para que lo ayudaran. En esa ocasión, siempre según los vecinos, algunos de ellos rompieron la puerta para ingresar y asistirlo.

El cuadro que describieron es el de un hombre deteriorado, dependiente y cada vez más aislado. Según esos relatos, Morán había sufrido dos ACV, lo que habría limitado su autonomía y agravado su situación cotidiana.

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Investigan si el hombre vivía encerrado. Estaba bajo el cuidado de su hijo, cuya responsabilidad se está investigando. Imagen ilustrativa.

El hijo imputado y el clima de miedo que rodeaba la casa

Los vecinos consultados por Pascualetti también hablaron del entorno familiar. Dijeron que Francisco Carlos Morán tenía una buena jubilación y vivía en una casa en buenas condiciones, pero señalaron que el problema principal habría sido la convivencia con su hijo.

Según esos testimonios, el imputado tenía problemas de consumo y vínculos conflictivos en el barrio. También afirmaron que una hija del jubilado dejó de frecuentar la vivienda después de un episodio de violencia familiar: los vecinos sostuvieron que el hermano la habría golpeado y que ella tuvo que escapar por los patios. Esa versión, por ahora, forma parte de lo relatado por habitantes de la zona y deberá ser eventualmente analizada por la Justicia si se incorpora a la causa.

Otro vecino recordó: "No me puedo borrar la imagen de un día en que lo vinieron a asistir. Tenía los brazos rígidos hacia arriba, la piel extremadamente fina por la desnutrición y seguía gritando 'tengo hambre'". .

Los vecinos también afirmaron que, el día en que murió su padre, el hijo habría salido a la calle y luego entrado a la casa gritando frases amenazantes. "Ahora me van a acusar de haberlo matado", expresó de acuerdo con estas versiones, como si anticipara que los habitantes de la zona iban a responsabilizarlo por lo ocurrido.

La situación del jubilado antes de morir

En la causa judicial ya consta que Morán fue encontrado en muy mal estado de salud. Los médicos detectaron desnutrición severa, hematomas en el rostro y en distintas partes del cuerpo, neumonía y edema agudo de pulmón por bronconeumonía.

La Fiscalía sostiene que el jubilado convivía con su hijo y estaba bajo su cuidado. A partir de esa hipótesis, Sergio Gustavo Morán fue imputado por abandono de persona agravado.

Pero los testimonios del barrio abren un plano más amplio: el de las señales previas, los pedidos de ayuda, las denuncias o exposiciones que no habrían prosperado y el miedo de los vecinos a involucrarse formalmente.

Según Pascualetti, al menos un vecino hizo una exposición contra el hijo de Morán, pero no se animó a avanzar con una denuncia penal por temor.

Otros dijeron que el imputado nunca estuvo prófugo, sino que siguió circulando por el barrio. Según datos oficiales, fue identificado el 24 de mayo en Godoy Cruz, mediante el Sistema de Reconocimiento Facial del Ministerio de Seguridad y Justicia.

Una pregunta sobrevuela este barrio de Godoy Cruz

Entre los vecinos quedó una inquietud dolorosa: si la situación era conocida, si hubo gritos, llamados y episodios previos, ¿por qué no se logró proteger antes a Francisco Carlos Morán?

Se trata de una dimensión oscura y frecuente en las historias de adultos mayores vulnerables: el abandono dentro de la propia casa, el posible aprovechamiento económico de familiares, el miedo de los vecinos y las dificultades del Estado para detectar a tiempo situaciones que no siempre llegan como denuncia formal.

Mientras la Justicia avanza sobre la responsabilidad penal del hijo imputado, el vecindario de calle Javier Morales conserva la memoria de una escena que parece resumir toda la tragedia: un hombre enfermo, encerrado, debilitado y repitiendo -quizá durante meses- "tengo hambre".

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