El femicidio de Florencia Ovejero se suma, en el epílogo de este 2019, a una larga lista de más de 260 mujeres asesinadas en el contexto de violencia de género. Sin embargo, las circunstancias en las cuales fue asesinada esta mujer, lo pone como uno de los hechos más escalofriantes del año que se va. A Florencia la asesinaron a puñaladas delante de su propio hijo, de 4 años, quien quedó varias horas junto al cuerpo hasta que fue encontrado por su abuela materna.
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Dos días después del hecho Lucas Borrachia, el joven de 20 años acusado de haberla asesinado de 35 puñaladas, fue encontrada en un hotel del microcentro porteño. El dueño del hotel lo vio y llamó a la policía: cuando llegaron, constataron que se trataba del hombre buscado. Sin embargo, cuando revisaron su cuerpo se encontraron con una prueba irrefutable: un tatuaje con la leyenda "Flor te amo". Flor, la misma mujer a la que poco antes había apuñalado hasta la muerte.
El brutal crimen ocurrió en la madrugada del sábado en la casa que ambos compartían en Grand Bourg y ante la presencia del hijo de la víctima. Tras cometer el crimen, Borrachia encerró al chico en una habitación, robó objetos y dinero, y escapó.
Tras dos días de intensa búsqueda, fue capturado en el hotel "O'Rei", en Lavalle al 733, entre Esmeralda y Maipú, en pleno microcentro. "Estaba escondido, pero la difusión del caso en los medios y de su fotografía hizo que el encargado del hotel lo reconociera y lo entregara", confirmó un jefe policial. Además de reconocerlo por los tatuajes, tenía un vendaje en su mano derecha producto de un corte que, por lo que creen los investigadores, sufrió cuando cometía el femicidio.
