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La preocupación de la familia está justificada. A Luis Roberto Martínez se lo ha visto deprimido y cansado.

Desesperada búsqueda en Junín del padre de un condenado

"Salió cerca de las 14.30 de mi casa en Barriales. Después lo vieron a las 16.30 en la parada de colectivos, en Rodríguez Peña. Fue lo último que supimos de él". El relato angustiado lo hace Andrea Martínez, que no sabe nada de su padre desde la siesta del viernes 23. Luis Roberto Martínez, de , con una dura vida de trabajo y pesares, está desaparecido. La policía, la familia y sus amigos lo buscan desde ese día, sin resultados.

"Ha estado trabajando, enristrando ajos en . Se hizo de amigos allá, pero ya hablamos con ellos y nadie sabe nada. Tampoco los parientes que viven en otros lados", contó Andrea. La última vez que lo vieron vestía pantalón de jean azul claro, remera oscura y zapatos tipo borcegos de color negro. Es bajo, mide 1.60, tiene ojos verdes, tez trigueña, cabello corto canoso, con el aspecto de un hombre trabajador de 65 años. La familia pide que se aporten datos al 911, a la comisaría más cercana o al teléfono familiar 2615929317.

La preocupación de la familia está justificada. A don Luis se lo ha visto deprimido y cansado. Estas fechas lo afectan mucho desde hace cinco años.

Bajito, delgado, modesto pero amable, sufrió un golpe tremendo el 28 de diciembre de 2011, el Día de los Santos Inocentes. Esa mañana su hijo Luis fue condenado a prisión perpetua.

Su historia

Los Martínez son gente humilde, sencilla y trabajadora. Jamás ninguno había tenido problemas con la Justicia.

Luis Martínez, el hijo, es tan menudo como su padre. También es amable aunque bastante más tímido.

La condena unánime de los jueces Eduardo Orozco, Salvador Arnal y Jorge del Pópolo no lograron despejar la duda que quedó flotando la mañana de la condena.

Ese Día de los Santos Inocentes solo quedó una abrumadora certeza: En la siesta del 25 de marzo de 2009 Mayra Tarifa, una chica de 15 años, fue brutalmente violada y asesinada. Fue interceptada cuando iba desde su casa de Rodríguez Peña a su escuela en Barriales, subida a un vehículo y después de ultrajarla y matarla con un golpe en la cabeza, la arrojaron al canal Cadetes Chilenos.

Y también es una certeza que ese ataque no pudo haber sido cometido por una sola persona, mucho menos de la contextura física de Martínez. Pero él, el diminuto, jamás delató a sus cómplices. Más aún: siempre sostuvo que es inocente.

"Jehová ya me ha absuelto. Espero que los jueces también lo hagan", dijo cuando el Tribunal le dio la última posibilidad de decir algo, antes de dictar sentencia.

Desde el día de la sentencia a prisión perpetua, el padre visitó a su hijo casi todas las semanas. "Está bien. Tratando de salir adelante. Está estudiando, como para aprovechar el tiempo", contó hace un tiempo, cuando este medio se cruzó con él. Lo cierto es que don Luis nunca se recuperó. Es que las familias de los condenados también son condenadas.

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