Jorge Burruchaga convirtió tan solo dos goles en la cita máxima en México 86: uno en cuartos frente a Uruguay y el tercero en la final contra Alemania. Ahora, en la previa del Mundial 2026 y a 40 años de la obtención de la segunda Copa del Mundo, recordó los dos meses más felices de su vida.
El ex delantero lo cuenta como si hubiera sucedido ayer: "Cuando Diego se deshizo con aquel giro de los ingleses en el medio del campo y se lanzó a la carrera hacia el arco, me puse a correr muy cerca de él. Lo increíble fue que la cancha era un desastre, pero Diego también pudo con eso y se fue sacando ingleses de encima con la pelota pegada al pie".
"En la final, como se puede apreciar en el vídeo, yo solo fui capaz de ir pegándole a dos o tres metros de mí. Diego era un genio y no tenía ese tipo de problemas. Realmente, pensé que me podía dar la pelota cuando enfrentó al último defensor, porque ahí hizo un amague para engañarlo, ya mí también me engañó", continuó recordando.
"Incluso en el momento de armar el disparo, tuvo la astucia de tirarse al suelo cuando el defensor se lanzó a interceptarlo. Cuando lo marcó, salió corriendo tras él hacia el banderín del córner. No lo olvidaré nunca. Llegué antes que nadie y lo primero que hice fue insultarlo: '¡Qué hijo de remil putas que sos! ¡Tremendo pedazo de gol hiciste!'", manifestó Burruchaga.
Jorge Burruchaga recordó su gol más importante en un Mundial
Alemania empató el partido y fueron en búsqueda del tercero, pero fue la Selección argentina quien logró dar el golpe del final: "La jugada arrancó con un despeje de cabeza de Ruggeri después de un pelotazo cerca de nuestra área. Enrique fue el primero que llegó al recace y le pasó la pelota a Diego, que se encontraba cerca de la línea media".
"Cuando vi que la pelota iba hacia él, me imaginé que la defensa alemana trataría de dejarnos en offside. Así que vine desde el otro lado y le grité a Diego, que estaba casi de espaldas a mí. Más tarde me dijo que no me había oído, lo que es muy posible. A veces daba la sensación de que tenía ojos en la nuca. Así que me pasó la pelota y salí corriendo", continuó contando.
"Hans-Peter Briegel iba persiguiéndome, pero no llegué a verlo en ningún momento ni tuve la sensación de que me seguía de cerca. Es increíble la cantidad de cosas que me dijeron sobre ese gol: que me adelanté demasiado la pelota; que no vi que Valdano la pedía a gritos por la izquierda; que Briegel casi me alcanza. Yo solo veía el arco a lo lejos y claramente a Schumacher, porque iba todo de amarillo, lo cual me ayudó a distinguirlo ya calcular la distancia hasta el arco", explicó.
Un gol que significó un nuevo título Mundial
"Después de correr unos 35 metros, le pegué con la derecha. Mi primera idea era picarla, pero al final me salió tirársela entre las piernas. No vi a Valdano, que venía corriendo al lado mío por el medio, ni tampoco sentí detrás de Briegel. Me pareció la carrera más larga y excitante de mi vida. En la celebración, me dejé caer de rodillas y levanté los brazos. Luego vi a Batista, que estaba muerto y se arrodillo al lado mío. Siempre digo que, por su barba, fue como si Jesucristo se hubiera aparecido para decirnos que estábamos destinados a ser campeones del mundo", recordó Burruchaga sobre el gol que significó el título
"Cuando volvimos a nuestra mitad de cancha para que se reanudara el partido, Valdano me dijo: "Ahora sí, somos campeones del mundo". Se nos escaparon unas lágrimas de alegría, porque solo faltaban tres minutos", concluyó Jorge Burruchaga sobre el gol de la gloria que le dio el título Mundial a la Selección argentina.
