La gesta de la Selección Argentina en México 86 supone una de las más luminosas de la historia del deporte argentino propiamente dicho, en la medida que reunió una gama de matices virtuosos cuya suprema expresión, Diego Armando Maradona, se corresponde con la impronta que sólo pudo haber sellado el guionista más ingenioso.
A 35 años del Mundial de México 86: 35 fotos de una gesta histórica

Fue el gran Mundial del "10", por supuesto, pero también fue el gran Mundial de Carlos Salvador Bilardo y de unos cuantos jugadores capitales para apuntalar la estrategia y facilitar el sublime despliegue del genio en su salsa.
Y fue, por cierto, el Mundial de Julio Grondona, en la medida que tuvo espaldas de sobra y convicción como para dar un simbólico puñetazo sobre la mesa y sostener variopintas presiones que, además de un sector de la prensa especializada, emanaban de los dominios del mismísimo presidente Raúl Alfonsín y en equis momento convirtieron a Bilardo en un denostado entrenador con los días contados.
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La final tensa
De la final ganada hace 35 años en el Estadio Azteca han corrido ríos de tinta y sin embargo persiste la ventana abierta a una pregunta que no por carecer de respuesta renunciará a su sentido: ¿hubo algo de destino escrito en el hecho de que el tercer gol argentino llegara por un magistral pase de Maradona cuando Karl-Heinz Rummenigge ya había hecho daños significativos y había olor a remontada?.
Jamás lo sabremos, pero admitamos que la creencia en un guiño astral, o del orden que fuere, nos invita a esa poética de la predestinación sin la cual los acontecimientos del deporte perderían sustancia y sabor.
Era el Mundial de la Selección Argentina, era el Mundial del Bilardo Gran DT y era el Mundial del Maradona que le sirvió a Burruchaga la corrida última, definitiva y gloriosa.
Memorar México '86 es justo, debido y reparador: albicelestes y felices días, redondos como una pelota número 5.