Análisis y opinión

Shakespeare pasea por los tribunales federales de Mendoza

En Mendoza se acaba de sanear uno de esos focos fétidos instalados en la Justicia. Un juez corrupto y un fiscal probo fueron la contracara de un caso conmocionante

Si en Hamlet, algo olía mal en Dinamarca, en Mendoza se acaba de terminar de sanear uno de esos focos fétidos instalado en el corazón de la Justicia Federal de la provincia. Pareciera que William Shakespeare se hubiese paseado por los Tribunales Federales mientras un ex juez, Walter Bento, era condenado a pasar 18 años en la cárcel por coimear al mismo tiempo que impartía justicia.

Paralelamente, un fiscal general, Dante Vega, el funcionario que lo investigó y lo acusó, sentía finalmente que había dado respuesta a una cuestión central que se les suele plantear a los seres humanos.

Hablamos del Ser o no ser, el famoso To be or not to be que perturbó a Hamlet. En el tercer acto de Hamlet está el soliloquio donde el dramaturgo nos pone a todos contra las cuerdas: ¿vamos a hacer las cosas que son justas o nos vamos a hacer los otarios mirando para otro lado?

Dante Vega fiscal coimas mendoza
Al fiscal Dante Vega la vida lo puso frente a su conciencia de manera descarnada. Había que dejar a la intemperie a un colega corrupto.

Al fiscal Dante Vega la vida lo puso frente a su conciencia de manera descarnada. Había que dejar a la intemperie a un colega corrupto.

Al fiscal Vega la vida lo puso frente a su conciencia de manera descarnada. Había que dejar a la intemperie a un colega corrupto. Y lo hizo. Eligió "ser".

En la obra Ricardo III, basada en la polémica historia de un rey inglés que fue la quintaesencia del corrupto, Shakespeare le hace decir a ese personaje siniestro que"la conciencia no es más que una palabra que utilizan los cobardes".

Codicioso desaforado

Walter Bento, especialista en leyes, hombre de apariencia pulcra y doctoral, dirigió durante años una banda delictiva compuesta por letrados, familiares, taimados y marginales. Una verdadera corte de truhanes conducida por quien era la cabeza de la Justicia Federal en Mendoza.

Pocos artistas han narrado las historias de ambición de poder como lo hizo Shakespeare. Walter Bento, un codicioso desaforado, no hace más que actualizar ese costado sombrío de la condición humana.

Lo suyo quizás se parezca más a alguna de las tragicomedias de Shakespeare del estilo de El mercader de Venecia, aquella en la que el prestamista Shylock quería cortarle "una libra de carne" al cuerpo de un deudor para resarcirse.

El nivel de corrupción de Bento incluyó a casi toda su familia (esposa y 2 de sus 3 hijos) en una tramoya pestilente donde se le cobraban sobornos a presos con causas de narcotráfico y contrabando, a cambio de otorgarle beneficios judiciales.

No era cualquier juez federal, sino el más importante de los que tenía Mendoza, que además controlaba cada una las elecciones en la Provincia.

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Walter Bento, especialista en leyes, hombre de apariencia pulcra y doctoral, dirigió durante años una banda delictiva compuesta por letrados, familiares, taimados y marginales. En la foto junto a uno de sus 3 hijos, Nahuel, quien también fue condenado.

Walter Bento, especialista en leyes, hombre de apariencia pulcra y doctoral, dirigió durante años una banda delictiva compuesta por letrados, familiares, taimados y marginales. En la foto junto a uno de sus 3 hijos, Nahuel, quien también fue condenado.

"Su señoría" Walter Bento

"Su señoría" fue el centro de una asociación delictual que se enriqueció ilícitamente y que lavó activos. "Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón", había vaticinado Enrique Santos Discépolo hace un siglo en Cambalache.

Como en Hamlet o en Macbetch, el historial de la pandilla de Bento incluyó un asesinato, en este caso el de Diego Aliaga, un ex aduanero e informante de la Policía que fungía como "mano derecha" del juez "en el territorio", haciendo de nexo entre los narcos (que pagaban para que les mejoraran sus situación carcelaria) y el supuesto mundo respetable de la Justicia.

En las tragedias shakesperianas el núcleo del conflicto suele aparecer cuando un mal paso del personaje hace explosión dando pie a una posterior caída estrepitosa. En el caso real de Bento, el crimen de Diego Aliaga (el ex magistrado fue ajeno a esa muerte) fue el principio del fin porque el finado era una pieza esencial del entramado de Bento. Las conexiones quedaron expuestas.

En efecto, el factor Aliaga permitió el crecimiento de alguien que, a la postre, iba a ser el protagonista que pusiera las cosas en su lugar: el fiscal Dante Vega. Este magistrado debió enfrentar entonces el tramo más difícil hasta la condena. Por estas horas, Vega dice sentirse validado por las otras instancias de la Justicia: "Siento que esto es un logro del Poder Judicial, ¡no mío!".

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Diego Aliaga, mano derecha de Walter Bento, fue asesinado a mediados de 2020. Su crimen destapó la gran trama de corrupción.

Diego Aliaga, mano derecha de Walter Bento, fue asesinado a mediados de 2020. Su crimen destapó la gran trama de corrupción.

Aquel asco

A fines de los años '90 en la redacción de Diario UNO, la periodista Catherina Gibilaro, acreditada en el Poder Judicial, solía volver a trabajar comentando con asombro ciertas situaciones que veía en esos pasillos y oficinas. "Vengo asqueada de tribunales", repetía.

La colega también solía comentar diversos aspectos acerca de los funcionarios judiciales, según le daban mala o buena espina. Entre los que le generaban confianza había un fiscal de nombre Dante Vega.

Por entonces, Vega todavía no tenía el nivel de conocimiento en la población que luego adquirió como fiscal, y que se ratificó durante los juicios de lesa humanidad, donde fueron encontrados culpables 4 magistrados que se habían desempeñado en la última dictadura. Por supuesto, todo ello se consolidó ahora como fiscal acusador del ex juez Walter Bento.

Si es por el "To be or not to be", Vega se ha ganado el derecho a dormir tranquilo.