Todo listo para que comience a rodar la pelota y arranque, de una vez por todas, el Mundial de Fútbol 2026, el primero de la historia que se disputará en tres países. Cosas del dios dinero ¿O no?
De fútbol somos y al fútbol vamos: comienza la ilusión mundialista 2026
Comienza el primer Mundial que se juega en 3 países y revivimos instantes épicos. De los goles de Kempes y Luque en el '78 y de Maradona en 1986 a la atajada del Dibu en Qatar

Un Mundial más, una nueva ilusión popular en marcha. Ilustración de Inteligencia Artificial.
La ansiedad nos quema por dentro a los futboleros de alma, esos que alguna vez jugamos, allá lejos y hace mucho tiempo, a ser Passarella o el Pato Fillol. O El Matador Kempes. O Ramón Díaz o el mismísimo Diego, con el perdón del barrilete cósmico. Y Luque...
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Para mí, ese gol de Luque -que definió el partido 2 a 1- fue el más bello de los mundiales que he visto. El que comienza hoy en México será el doceavo. Claro que grité como loco el segundo de Maradona a los ingleses, pero ese de Luque a Francia tuvo estilo. Lo recuerdo y casi que puedo verlo en cámara lenta.
Otros instantes inolvidables que evoco cuando la pelota está por empezar a correr este jueves: el despliegue endiablado e imparable del Diego en 1986 contra Uruguay y Bélgica. Y aquel zurdazo mágico, preciso y único que puso a correr a Burruchaga en la final contra Alemania para que Argentina gane la segunda Copa del Mundo.
Del '90 en Italia, las patadas de los cameruneses a Caniggia, los penales que eliminaron a los italianos y las lágrimas del equipo por esa revancha alemana.
La imagen de Maradona llevado de la mano al control antidoping por aquella enfermera pálida y sonriente -Sue Ellen Carpenter, se llamaba y se casó con un argentino- todavía me atormenta desde junio de 1994.
De Francia '98, mi primer Mundial en la redacción de Diario UNO, recuerdo a todos los colegas mordiéndose las uñas en los penales contra Inglaterra mientras Manuel de Paz iba desde su computadora inquieta a la impresora una y otra vez, revisando notas en desarrollo, totalmente ajeno a lo tenso de aquella definición ganada gracias a las manos del Lechuga Roa. Ah, y la tela verde que impedía ver los entrenamientos de la Selección.
Corea-Japón 2002 fue un fiasco: eliminados en la primera ronda y recalientes a las 4 de la mañana. No me olvido más. Desde entonces, para mí, El Loco Bielsa, persona non grata (lo digo en tono futbolero ¿OK?)
Alemania 2006. Le tenía fe a Pekerman (ya nos había hecho delirar con los juveniles a mediados de los '90) pero los penales nos hundieron antes de lo esperado. Asterisco y buen recuerdo: ese ta-te-ti infernal de 33 toques argentinos para hacerle un golón a Serbia y Montenegro.
Sudáfrica 2010. Maradona y su chance como DT de la Selección: él se llevó todos los flashes; nosotros, toda la decepción. Todavía me pregunto por qué lo puso al pibito Otamendi de 4 contra los tanques alemanes. Cuatro nos comimos aquel sábado a media mañana. ¡Cuatro!
Brasil 2014. Nuestro Enzo Pérez en cancha, Sabella DT, el 7 a 0 de Alemania a Brasil en casa propia y el "Era por abajo", dedicado al delantero argentino Palacio en su errada definición, y el penal del arquero Neuer a Higuaín no cobrado. Otro subcampeonato a manos de los teutones. Verdugos otra vez.
De Rusia 2018 recuerdo los bolonquis en la Selección de Sampaoli y la velocidad de Mbappé para eliminarnos a gusto y piacere. Parecía un atleta. Un tren de alta velocidad, parecía.
Por fin, Qatar 2022. Raro Mundial, ya desde el calendario. Se jugó, por primera vez, en nuestro verano. Sería el último Mundial de Messi. Se jugó muy bien, se sufrió y se ganó y se festejó.
Adopté una cábala que voy a repetir el martes contra Argelia: hacer el mate en el entretiempo. Funcionó contra México en Qatar cuando la mano venía fulera y no la abandoné. ¿Sirvió? Quién sabe.
Hay otras cábalas por repetir que iremos poniendo en marcha porque hasta el otro día, contra Honduras y antes, en la Copa América 2024 y mucho antes, en Qatar 2022, dieron resultado. La picadita, entre otras. ¿Servirán? Quién sabe.
Sé que Montiel nos convirtió en campeones del mundo por tercera vez con ese penal definitivo.
Sé que a los franceses les dimos un baile de novela y una paliza táctica durante 75 minutos.
Yo también festejé por Messi, que merecía ser campeón del mundo por no haberse rendido jamás.
Con todo, el instante que nos hizo campeones allá lejos, en Qatar, tiene nombre y apellido y apodo. El Dibu Emiliano Martínez y esa tapada que se convirtió en miles de tatuajes en piernas, pechos y brazos futboleros. Ahí sentí que seríamos campeones otra vez. Lo juro.
Mundial 2026. El instante está a punto de suceder. En un rato. Cuando ruede la pelota y el planeta fútbol se colme de emociones de todo calibre.
De fútbol somos, dice nuestro Rodolfo Braceli desde la tapa de su libro.
Y al fútbol vamos.
Una vez más.
Con la ilusión intacta.
Típico de argentinos.