Sin embargo, la sangre no se licuó el miércoles último, a pesar de dos turnos de oraciones de los fieles y, según una creencia, es señal de la próxima llegada de una catástrofe.
Varios acontecimientos trágicos, en distintas ocasiones, tuvieron lugar tiempo después de que la licuefacción no se produjera.
En ese sentido, procedió al inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 y a la entrada de Italia en el conflicto en 1940, a la ocupación de Nápoles por las tropas nazis en 1943 y al terremoto de Irpinia en 1980, que provocó una gran cantidad de víctimas fatales que superaron las 3.000 personas.
En cambios, en muchas otras ocasiones, no ha ocurrido ningún hecho catastrófico.
El cardenal de la ciudad, Crescenzio Sepe, trató de convencer a los napolitanos, al afirmar que no hubo "presagio de desastres, ni epidemias, ni guerras", recordando que "somos hombres y mujeres de fe".
"Si algo necesita derretirse, es el corazón de la gente", agregó el sacerdote.