Mientras el Gobierno de Mendoza quiere frenar la ingesta de alcohol con acciones como los desalojos nocturnos en el parque General San Martín, solamente en el Gran Mendoza suspenden entre 6 y 7 fiestas ilegales por fin de semana.
Las fiestas clandestinas se multiplicaron en los últimos meses porque se ajustaron los controles en los boliches. Los menores, que antes entraban con documentos falsos a los locales habilitados y ahora no, son quienes se desplazaron a estos festejos, donde reina un "descontrol absoluto", según Hugo Fiorens, director de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Seguridad.
Los controles de Seguridad tienen el acento en los lugares clandestinos.
Se controlan también los boliches habilitados y el cumplimiento de los horarios de apertura y cierre, tanto del lugar como de la barra. Pero el enemigo público número uno de las autoridades de Mendoza son las fiestas ilegales.
"Para eso hacemos un trabajo de investigación con perfiles falsos en las redes sociales porque por ahí se difunden estas fiestas. Hacemos un seguimiento y antes de que empiece llegamos al lugar para directamente notificar el cese de actividades. Eso es lo que hacemos: clausuramos la fiesta antes de que empiece", explicó Fiorens, quien antes de recalar a la función pública, fue un importante activista por la seguridad vial.
Las fiestas clandestinas, en general, se organizan en casas, en quintas alquiladas -muchas en Vistalba- o en clubes. La mayoría de los que asisten son menores y es "una tendencia más bien nueva, que nació por el control en los boliches", según Fiorens.
Los boliches, a su vez, no hacen fiestas M17 porque como no pueden vender alcohol se privan de una de sus principales vías de ganancia.
Para tomar la demanda de aquellos menores con sed de fiesta, "gente conocida del ambiente organiza los festejos sin las habilitaciones que corresponden", agregaron desde la cartera de Seguridad.
El control en los locales bailables
"Dentro de los boliches no se controla la venta de alcohol a menores porque los que pueden entrar son mayores. Y si algún menor entra en un boliche, es responsabilidad absoluta del dueño del lugar, pero también de los padres, que tienen que saber dónde están sus hijos. No podemos ser una guardería. Se hace imposible controlar todas las fiestas que hay en la provincia", dijo Fiorens.
Lo que controlan desde Diversión Nocturna de Mendoza, junto con los inspectores municipales, es que los boliches filtren el ingreso solamente a mayores y que cumplan el horario del cierre del ingreso, que es a las 2.30; el de la barra, que es a las 4.30, y el del local, que es a las 6.30.
Si se violan estos puntos, las multas que puede recibir el lugar llegan hasta los $20.000 y pueden derivar en el cierre del inmueble en casos de reincidencia.
Si se llega a encontrar a menores dentro de un local bailable a través de algún operativo hecho entre los inspectores y la Policía, las sanciones al dueño del lugar son idénticas a las que le imponen si infringe las normas horarias.
Algo que ocurre cada vez más
El viernes de la semana pasada, durante la noche de la gran tormenta, una chica menor de edad tuvo un coma alcohólico a la salida de un boliche de la avenida San Martín Sur, de Godoy Cruz.
Es sólo en el Gran Mendoza y es una tendencia que crece cada vez más, según el Ministerio de Seguridad.
Suspenden en Gran Mendoza hasta 7 fiestas clandestinas por fin de semana

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