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El mendocino tiene dos imposibilidades: ser reelecto e "ir por todo". Y el Presidente no debería perder la sensación de asco

Los dos años que vienen para Cornejo y para Macri

Por más que al gobierno de le vaya bien en las elecciones legislativas del próximo domingo, no hay en Mendoza posibilidades de que este mandatario pueda decir, embriagado por el triunfo, "ahora vamos por todo".Primero, porque esas cosas se dicen cuando el político ha sido reelecto en el cargo, como le pasó a Cristina en 2011, ocasión en que Ella vertió ese famoso disparate de quedarse con todo.Disparate, sí, porque si algo define a una democracia es el respeto por las partes. Las mayorías circunstanciales gobiernan, pero las minorías nunca pierden sus derechos. Esa es la esencia de esa forma de distribuir el poder que esbozaron los griegos en la República y que luego fue consolidado por el liberalismo en lo que hoy conocemos como democracia.Este señorCornejo no tiene reelección. Se lo prohíbe la Constitución de Mendoza y por lo tanto tendremos -creo- dos años más del mismo Cornejo que ya conocemos. Es decir seguiremos con la administración de un señor obsesivo, mandón, a veces altivo y arrogante y, como decía mi abuela, agrandado como todo petiso. Aclaración: quien esto escribe no posee la altura física para hacer ese tipo de comentarios, pero se dejó ganar por la efectividad de los dichos populares que heredó de su abuela.Sigo. Ocurre que si hay algo que los periodistas les valoramos secretamente a los políticos es esa buena locura por gestionar, por transformar la realidad.Hablo, claro, de los políticos honestos e incluso de aquellos que equivocándose pueden andar con la frente en alto. No me estoy refiriendo, claro, al ex intendente de Guaymallén Luis Lobos.El regalitoA los periodistas nos está dado observar, contar, investigar o debatir sobre lo que hacen aquellos que se han dado a la tarea de dirigir, de planificar, o de cuidar que las leyes se cumplan.Esto es: los políticos, empresarios, jueces, emprendedores, científicos, artistas. Cornejo no recibió una provincia sino un desquicio. El primer año de gestión lo debió destinar a ordenar los desatinos de Francisco Pérez. Quien suceda en 2019 a Cornejo tendrá facilitadas muchas cosas, si es que este gobernador sigue con su actual derrotero ordenador.Por ejemplo, el próximo podrá arrancar rápido con su programa de gobierno ya que seguramente no tendrá que pensar cómo pagar la deuda que se les debe a los proveedores, o cómo poner otra vez en marcha la obra pública.Haches de peEl próximo gobernador no tendrá que hacer todo ese trabajo "reaccionario" de poner buen criterio en las cosas que estaban alevosamente desfasadas.Por caso, el cogobierno que se habían armado los gremios de empleados estatales, cuyos representantes solían darse el gusto de cachetear o insultar a funcionarios o de romperles documentos en la cabeza.El próximo gobernador no tendrá que empezar de cero con el control de la productividad de los estatales, en particular de aquellos sectores que habían hecho de las licencias por enfermedad una industria. Ni tendrá que denunciar que su antecesor llenó el Estado de nuevos empleados. O de que no hizo concursos para cubrir algún cargo estatal específicoLa rifaEso no quiere decir que el sucesor de Cornejo no vaya a tener que revisar cosas hechas por esta administración. O de que no vayan a encontrar alguno que otro piojo.Está claro que habrá que discutir si Cornejo endeudó tanto a la provincia como dicen sus opositores.Hablo de que, con todos sus puntos en contra, Cornejo no parece que vaya a rifar la provincia como sí lo hizo a su manera Paco Pérez. O como también lo hizo a su manera el ex intendente de Carlos López Puelles, que dejó a su departamento en estado de calamidad. O cómo quedó tras la partida de Luis Lobos, que convirtió a esa Comuna en un muestrario de latrocinios varios.Los correctosOtro aspecto que hay que reconocerle al altivo que nos gobierna es que no ha tenido pruritos de enfrentarse con los adoradores de lo políticamente correcto.No ha temido afirmar que la inseguridad se combate con mano firme, ni le ha temblado la voz al asegurar que nos habíamos olvidado de defender -como Estado- los derechos de las víctimas del delito con el mismo empeño que ciertos jueces garantistas defienden los derechos de los que delinquen.Además Cornejo ha hecho cosas que los gobernantes correctos no hacen, la mayor parte de las veces por cobardía, que es uno de los cánceres de la política.Ha denunciado la comodidad y las agachadas de la Justicia con relación al combate contra el delito.Es más: ha llevado esa disputa política hasta límites que podrían haber herido la independencia de los poderes. Pero no se ha caído al precipicio.Uno y otroEn efecto, Cornejo no está en condiciones de "ir por todo".El que sí tendrá que cuidarse de esas tontas ensoñaciones será Macri, quien si bien no será reelecto el domingo que viene, podría caer en la trampa de creer que el posible triunfo de Cambiemos en las legislativas es un cheque en blanco que le da la ciudadanía.Una cosa es el aval popular para que pueda concluir una tarea de modernización del Estado argentino y otra muy distinta dejar en el camino todo lo que Macri prometió en 2015, cuando fue ungido para una nueva etapa superadora del peronismo. Un peronismo que ya había demostrado que ninguna de sus versiones (la de derecha de Menem o la de izquierda de Néstor y Cristina) había servido para sacar al país de la pobreza, el estancamiento y el clientelismo.Ahora es común que se diga que Macri "se ha peronizado". Lo dicen hasta los propios peronistas, que hace tiempo se dieron cuenta de que no había ninguna posibilidad de helicópteros en el futuro de Macri."Peronizado" en el lenguaje peronista quiere decir que Macri no le hace asco al poder.Macri y sus asesores deberían tener mucho cuidado con esto. Si Macri realmente quiere que la historia lo recuerde como algo distinto debería tener firmeza y valentía para hacer cambios. Pero también la fortaleza para no perder la sensación de asco. El poder seguramente le convidará antídotos contra la sensación del vómito. Debería desecharlos.

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