Sus amigos lo recuerdan como un hombre afable, abierto a compartir, generoso con los colores y las texturas, enamorado del paisaje mendocino, pero con cierta expresión de misticismo cuando lo pintaba.
José Pepe Scacco, el artista que pertenecía a una generación que marcó un antes y un después en las artes plásticas en -junto con José Bermúdez, Antonio Sarelli y Sara Rosales, para nombrar sólo a algunos- murió el domingo. Pero morir, para los artistas, no es desaparecer: es perdurar en su obra para siempre.
Por esto, algunos de sus colegas lo recordaron en presente, con nostalgia y amor.
Los chicos recrearon su obra
Una de las últimas actividades que el pintor realizó fue la de recibir, el mes pasado, la visita de los chicos del taller de arte Piojos. El director del proyecto, Claudio Escobar, quien es además artista plástico, contó que Scacco, quien llevaba la docencia en el alma, fue muy amoroso en la visita que unos 15 niños realizaron a su atelier, ubicado en .
Con 87 años, Pepe los recibió con cariño, les mostró su obra y los incentivó a pintar disfrutando de la maravillosa experiencia de la creación artística, de la mezcla de colores y de la abstracción que proporcionan la luz y las combinaciones pictóricas.
"Yo lo conocía desde hacía mucho, del ambiente, lo contacté para hacer este evento en ocasión de su muestra en la Nave Cultural del año pasado. Cuando le conté el proyecto Piojos, accedió", recordó Escobar.
Y agregó: "Él era un pintor y un docente de alma. Con los Piojos se sintió muy cómodo, porque es lo que hizo toda la vida: pintar y enseñar. No estaba en contacto con chicos tan chiquitos, pero el entusiasmo de los niños contagia a todo el mundo".
A José Scacco lo visitaron unos 15 "piojos" de entre 5 y 10 años, que le mostraron sus trabajos, inspirados en su obra, y el maestro les hizo una devolución.
"Con la obra de Pepe trabajaron sobre la trama y sobre la luz. El último sábado del mes, que es cuando hacemos la visita al atelier del artista, lo visitamos y le llevamos nuestra producción. Estuvo muy contento, se interesó por la obra de los niños", contó el docente. También dijo que para él "fue muy chocante" la noticia, ya que esta actividad fue hace muy poco tiempo.
Y destacó que el maestro Scacco les aconsejó a los niños algo muy lindo: "Les dijo que más que venir a aprender, los chicos tenían que disfrutar, porque el arte es eso, puro goce y disfrute. En pocas palabras, un tipo con tanta seguridad les aclaró todo", recordó Escobar.
Admiración y legado inmortal
Pepe Scacco confió en la escritora mendocina Mercedes Fernández la redacción del catálogo de su última gran muestra, Travesía infinita, que se realizó en setiembre pasado en la Nave Cultural y en 30 obras abarcó buena parte de sus 60 años de carrera.
Ella lo recordó emocionada: "Al Pepe lo considero un innovador. Se caracterizó por el preciosismo, cada pincelada era de una delicadeza extrema. Era un orfebre de la pintura". Y agregó: "Era un apasionado del paisaje mendocino, pero también le agregaba conceptos metafísicos a sus obras. No le tenía miedo a utilizar recursos como símbolos, detalles, mensajes".
Por otra parte, lo describió como un intenso colorista, alguien que no dudaba en utilizar brillantes colores en sus obras. Agregó que Scacco quedará en el imaginario del arte mendocino para siempre.
"Era un demiurgo, un intérprete del alma universal que expresaba en la pintura, era encantador. Tan grande en su simpleza. Afable y tierno. Le gustaba cocinar para los amigos, su casa siempre estaba abierta. Se lo va a extrañar mucho", expresó Fernández.
Quien también dio su punto de vista sobre la obra de Scacco fue Laura Valdivieso, la curadora de su última muestra.
"José era muy importante en el arte local, como lo es la gente que ha trabajado toda la vida en pos de engrandecer la actividad. Era, además, un docente de alma. Una figura clave para pensar cómo se ha ido configurando la escena local", manifestó la también artista plástica.
Perfil del artista que dejaba un aura de luz y color en su pintura
Su carrera
José Scacco nació en 1930, en Maipú. Comenzó en la Escuela Dominical de Dibujo y Pintura al Aire Libre, para después ingresar en 1964 en la Escuela Provincial de Bellas Artes. En 1978 realizó su primera exposición. En 1982 llegó con sus obras a . Expuso en el Fader y en el ECA, entre otros museos. Trabajó como docente en la Escuela de Bellas Artes.
