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Se trata del primer establecimiento de Cuyo para cría de esta especie sin presencia humana.

Fundación Cullunche abrió un centro para rehabilitar cóndores

El amor por la vida, y en particular por la fauna, no se ejerce solamente dando "like" en las redes sociales a las imágenes que suben nobles instituciones extranjeras, que buscan preservar la vida y el ambiente de los animales y plantas. En hay quienes desde hace un cuarto de siglo se pusieron borceguiés, ropa de trabajo y sombrero, y salieron al campo a dar pelea por esa causa altruista. La Fundación Cullunche se puso al frente del resto y a fines de octubre creó el primer centro de cría de cóndores sin presencia humana en la región.

"Mientras hay personas que envenenan y matan cóndores, en fundación Cullunche les damos vida. Luego de casi un mes de estadía en el centro de recepción de fauna de fundación Cullunche, trasladamos hacia nuestro centro de rehabilitación los dos cóndores hembras rescatados en . Fueron tenidos en cuarentena y sometidos a un tratamiento para combatir el envenenamiento por plomo. Nos llena de orgullo contarles a todos que así dimos por inaugurado el primer centro de cría de cóndores en aislamiento humano en Cuyo. Esto se hizo en conjunto con Fundación Bioandina y Proyecto de Conservación de Cóndor Andino", informaron desde la fundación que encabeza la veterinaria Jennifer Ibarra.

Precisamente, la propia Ibarra comentó sobre estas tareas de la fundación: "Sobre el tema de los cóndores, se trató de un llamado que nos hicieron desde Lavalle, donde una familia había encontrado dos ejemplares moribundos en su campo. Allí fuimos y vimos que los habían resguardado en un gallinero en desuso y desde ahí los trasladamos a mi clínica veterinaria particular, donde pudimos estabilizarlos. Se trataba de dos ejemplares envenenados con plomo. Luego los trasladamos al centro de rehabilitación que tenemos en San Carlos".

"Gracias a Dios hemos podido salvarlos y ya tenemos la estructura para tratar futuros casos como estos en animales tan difíciles como son los cóndores, donde se requiere nula presencia humana. La idea es atenderlos sin que nos vean", remarcó.

El rol que cumplen

Sobre la difícil tarea de resguardar la vida silvestre desde una entidad sin fines de lucro, Jennifer contó: "Es un trabajo duro, como será, que mi marido le dice la 'fundición'".

Cullunche se solventa con donativos y la cuota de los socios. No hay otro tipo de ingresos. También tiene el recurso que generan los cursos que dan en las escuelas y otros lugares, buscando concientizar a la gente sobre el cuidado del ambiente. "Hay varias eminencias que nos han donado su tiempo, para dar cursos y así recaudar fondos.Todos pagamos nuestra cuota y ponemos plata del bolsillo, esa es la realidad", contó la veterinaria.

"Nosotros surgimos como cuerpo de inspectores de Recursos Renovables, eso fue hace 28 años. Un grupo de gente, que sabía del laburo que hacíamos, empezó a mandarnos plata para que pudiéramos cargar nafta; la comida, incluyendo la del policía que nos acompañaba", rememoró la defensora de la fauna mendocina. Y se extendió diciendo: "Para darle un marco legal a esa gente, un día nos reunimos a deliberar qué hacíamos, si íbamos a ser asociación, cooperativa, etcétera. Y decidimos hacernos fundación, a fin de que las empresas benefactoras desgravaran impuestos. ¡Nunca desgravaron un peso en nosotros! Es un hecho que a las empresas que les va bien, hacen sus propias fundaciones", se quejó.

Respecto a las labores de los voluntarios, hay encargados de dar charlas, otros de la folletería y están quienes trabajan con el tema del tráfico de fauna, además de ayudar con otras tareas en la fundación.

El mes pasado cumplieron 25 años. "La verdad es que no tuvimos tiempo de hacer un festejo aún, pero en estos días haremos algo, chiquito pero emotivo", aseguró la profesional recién llegada de Sudáfrica, donde participó de un curso de anestesia de mamíferos mayores.

Sobre el futuro, la veterinaria se atrevió a soñar y expresó que un anhelo suyo es seguir creciendo dentro del centro de rehabilitación de fauna y poder tener una sede propia. Ahora funcionan en una casa muy grande que les dio la Municipalidad de .

"Pero hace 25 años que venimos boyando y cambiándonos cada cuatro o cinco años de ubicación. Cuánta gente hay en el mundo que no tiene a quién dejarle una propiedad y sería maravilloso que por ahí alguien diga 'yo tengo una casa', y que nos sirva para tener el museo, dar las charlas, cursos y conferencias, tener la biblioteca, un patio grande como para hacer cosas lindas. Tampoco tenemos un vehículo. Siempre hemos tenido que usar nuestros autos particulares. Son cosas caras, pero sería ideal conseguirlas", se esperanzó.

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