Juan Vigh, ex gendarme nacido el 13 de octubre de 1917, aparenta muchos años menos de los 100 que acaba de cumplir. Hasta la semana pasada salía a caminar con su esposa Beatriz (68), pero por esas cosas de la vida las piernas empezaron a flaquearle justo unos días antes del festejo preparado por sus familiares y ex compañeros de Gendarmería.
Pero eso no le impidió celebrar su cumpleaños rodeado de su gente querida, que este lunes al mediodía lo esperaban en el Círculo de la Fuerza Aérea de la Gendarmería con regalos, abrazos y una enorme torta.
Hasta la única hermana que le queda, Porota, no quiso perderse el agasajo. Se tomó un avión desde para llegar a tiempo a Mendoza y disfrutar con su hermano del festejo por los años vividos.
Juancito, como le dicen, tiene una lucidez llamativa, un humor envidiable y unos ojos celestes profundos que reflejan su espíritu aventurero, ese que lo llevó a recorrer el mundo y varios rincones de nuestro país.
Gran parte de sus viajes los hizo para cumplir con su misión como integrante de Gendarmería, fuerza a la que se incorporó en 1940, es decir, dos años después de haberse creado la institución, y se retiró en abril de 1956. Desde esa fecha se quedó en Mendoza.
A lo largo de su carrera estuvo destinado a Campo de Mayo, Buenos Aires; Aguas Blancas, Salta; Chos Malal, Neuquén; El Bolsón, Río Negro; Agrupación Mendoza y la Quiaca, Jujuy.
"Me gustó mucho Mendoza y me quedé, aunque el motivo verdadero, se lo cuento después, ahora no", comentó con picardía Juan, que suma tres matrimonios, de los cuales nacieron 2 hijas (Olga y Gladys), 6 nietos y 4 bisnietos.
"Nunca, jamás pensé que llegaría a los 100 años, realmente no me lo imaginaba. Cumplir años es terrible, ahora me duelen la cintura, las piernas", dice quejándose de los problemas típicos de la edad. Según sus familiares, tuvo una sola operación: de apendicitis.
Un agradecido
A la hora de hablar de lo bueno de estos años, rescata la amistad ante todo. "Mis amigos los sigo conservando casi todos, algunos no me quieren, pero no me lo dicen. Yo siempre me acuerdo de ellos", dijo alegre de tenerlos, mucho de ellos acompañándolo en el festejo que organizó la Asociación de Suboficiales Retirados y Pensionados del Gran Mendoza.
A pesar de su edad, sigue leyendo todos los días el diario, "para ver las estupideces que dicen", añade en tono jocoso, y destaca la compañía de su mujer, Beatriz Juana Taslakoff. "Ella hace todo, hasta hace poco salíamos juntos a caminar, pero ahora no sé, me duelen los huesos y me cuesta caminar". añade el hombre hijo de españoles.
"Mi madre era de Sevilla y mi padre hijo de catalanes. Pero no quieras conocer a los catalanes, mejor no conocerlos", dice, y se ríe.
Una de las tantas cosas buenas que le pasaron a Juan es que siempre comió de todo, que nunca tuvo que privarse de nada, aunque ahora dice que se cuida "un poco, pero un poco nada más, y como menos".
Además de comer de todo, hizo natación, subió montañas, y disfrutó de estar en tantos lugares de frontera, inmersos en paisajes únicos.
Si se le pide una fórmula para vivir tantos años y sano, recomienda cosas simples: "Lo primero es quererse uno mismo, y así después poder querer a los demás. Y no tener sentimientos malos, como la envidia, por ejemplo". Y si alguien lo conoce, aunque sea por unos minutos, podría agregar que el humor es otra cualidad que ayuda a vivir.
Un abuelo querido
Alejandro González Vigh es uno de los nietos de Juan. Fue él quien lo alzó en brazos cuando el cumpleañero llegó al festejo en auto, acompañado por el resto de su familia.
"Mi abuelo siempre fue muy activo. Cuando se retiró de Gendarmería se fue a trabajar en una fábrica. Además, siempre viajó mucho, siempre estuvo presente", contó Alejandro (42). Y destacó que por suerte fue una persona sana, y que ahora "tiene los achaques propios de la edad, aunque de la cabeza está perfecto", añadió, y recordó con cariño que su abuelo lo llevaba siempre a todos lados y que su infancia la vivió muy cerca de él y su abuela. "Han sido muy buenos con nosotros".
